Confetti Of Poison

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Capítulo 12 ~ Make Me (Cry)

—Aquí está su plato —interrumpió la mesera.

El trío la observó con los ojos abiertos. El recuerdo se había mostrado tanto en los tres como un momento más que una historia. Se sentían tan vivos, emergidos de ella.

La chica dejó las platos en sus respectivos dueños contando con el plato en forma de cara feliz de Lissa. Ella sonrió y tomó un tenedor comiendo cada trozo de huevo y tocino. Colocó los ojos en blanco.

—¡Esto está delicioso! —Exclamó ella y apuntaba a la mesera con el tenedor—, debería de agradecerle al chef ¡Esto está demasiado sabroso!

—Lo haré —sonrió la mujer con dulzura y se alejó mientras Cooper la seguía con la mirada.

—Creo que se te está saliendo la baba por aquí —señaló Lissa con su índice la comisura de su labio en manera de burla.

—Ja ja —fingió reir Cooper mientras tomaba su café con leche—, ¿Continuarás la historia?

—Pero si estás concentrado en la historia —habló Lissa cruzándose de brazos con interés—. De igual forma no pienso continuarla hasta no ver que Jeff coma algo.

Lo señaló con su tenedor mientras que Jeff no apartaba su mirada de los ojos negros de Lissa. Cooper colocó los ojos en blanco y observó a su amigo circunspecto.

—Sólo como un poco —insistió Cooper fingiendo que no le daba importancia.

Jeff tomó s tenedor y comió un poco de su tostada. El rostro de Lissa cambió en un parpadeo. Una enorme sonrisa apareció en sus rostro. Volvió a mirar a Cooper sin dejar que sonrisa desapareciera.

—¡Continuo! —dijo ella mientras apuñalaba los ojos del desayuno, es decir, los huevos, y los comía—. Entonces, después de eso estuve incubada en un tubo de agua por mucho tiempo. Joder, era demasiado tiempo, ni siquiera sé cómo no me hice pipí allí.

—Continua —dijo Cooper con un rostro de repulsión hacia su café con leche.

—Estaba inconsciente…

—Si estabas inconscientes ¿cómo recuerdas el resto? —interrumpió Jeff.

—Luego te explico esa parte —Lissa suspiró—, ¿Me dejan terminar?

***

El lugar en donde se encontraba Lissa era tan peculiar. Creía que solo existía en películas de ciencia ficción.

Se encontraba en un tubo de agua adherida a cables, en su cráneo y todo su cuerpo. Sus ojos estaban cerrados y su boca entreabierta. Estaba dormida. No poseía prenda alguna, estaba completamente desnuda. Su cabello negro había cambiado ligeramente, las raíces se habían vuelto azules, un celeste, como el azul del cielo.

Alrededor, el ambiente era caótico. Las paredes desnudas, mostrando el cemento y cientos de cables que emergían de su tubo hasta otra habitación. Tubos de ensayo de diferentes colores alrededor de las mesas de cristal empañadas de mugre, cientos de objetos metálicos llenos de oxido. Todo era un desastre.

—Está cambiando —habló Theodore observando a Lissa.

Theodore no tenía un cabello tan canoso como lo tenía actualmente. Su cabello era castaño claro y su rostro siempre era igual de duro como un piedra. Estaba impregnado de nicotina y perfume Hugo. Usaba un traje de etiqueta con un pañuelo rojo en su bolsillo izquierdo del pecho.

—No es la Lizza que queríamos pero… —habló el científico que cargaba puesta una bata.

—Es perfecta —Theodore avanzó en dirección al enorme cilindro con una mano extendida—, es más que perfecta.

Posó una mano encima del cristal.

La única iluminación que resplandecía en el lugar era el azul celeste que emanaba del cristal. Toda la habitación era iluminada por el celeste del agua de Lissa. Debajo de ella se encontraba una placa con su nuevo nombre «Blue Velvet». El rostro del doctor y de Theodore resplandecían de índigo.

—Es casi perfecta, señor —intervino el científico sosteniendo una libreta en sus manos, dio un paso para acercarse a Theodore y él lo observó sobre su hombro sin apartar la mano del cristal—. Sólo faltan unos arreglos.

— ¿Qué arreglos? —Preguntó Theodore.

—Por aquí señor —el hombre señaló la única puerta que los guiaba a la salida.

Quizás tenía miedo de que Lissa escuchara demasiado a pesar de estar en estado vegetal. Los cables que estaban adheridos a su cuerpo le brindaban las vitaminas necesarias.



Rossiel M.L.

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Editado: 24.09.2018

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