Confetti Of Poison

Tamaño de fuente: - +

Epilogo

Jeff tomó asiento frente a la computadora. Resultaba ser que las escaleras eran un atajo desde su cuarto hasta el cuartel de operaciones. Mientras Jeff lograba teclear en su computadora, Lissa comenzó a registrar el interior del lugar tomando algunos artefactos incompletos y los escudriñaba como una niña pequeña quién recibió un nuevo teléfono.

— ¿Te acuerdas cuando te dije que "aquí estaré siempre para todo lo que necesites"? —dijo Lissa mientras dejaba el artefacto encima de la mesa. Era un prototipo—. No me refería a que te ayudara a salvar el mundo o asesinar a unas pocas personas.

—Necesito un pequeño favor tuyo —dijo Jeff.

En el monitor se reflejaron diversas fotos de un chico.

—Si necesitas un favor ya me debes uno. Saldé mi deuda ayudándote con Darrin y tú conmigo por Theodore.

El chico era más adulto que Lissa pero más joven que Jeff. Cada foto había sido tomada desde un ángulo donde él no se percataba que estaba siendo fotografiado.

—Él es Alan Learn —habló Jeff y se cruzó de brazos—, es un hombre que vive en Acrisea. Tiene 25 años, su padre murió en la destrucción del edificio QueenCorp.

—Espera…

—Sí, el hombre que ocasionó la explosión era su padre —interrumpió Jeff—. Lo he estado siguiendo desde que murió pensando que él iba a destruir todo lo que el bien ha construido pero no fue así. Él intenta limpiar su apellido tratando de hacer lo que nosotros hacemos, salvar lo que queda de la humanidad en Aberrantes y los normales. Es un buen chico, trabaja siendo un detective o algo así, es muy servicial y cree que el mundo está lleno de bondad, solo hay que abrirles los ojos.

Mientras Jeff le hablaba Lissa veía las fotos del chico. Tenía un cierto físico llamativo, no parecía ser un chico malo como Cooper, si no todo lo contrario. Un chico que al ver Game of Thrones mientras toma un chocolate caliente con malvaviscos flotando lo llamaría diversión. En casi todas sus fotos estaba viendo su teléfono celular, algunas con unas sonrisas en su rostro.

—Parece que tiene una chica que le gusta —comentó Lissa y señaló la foto donde estaba sonriendo—. Eso o estaba viendo unos memes muy buenos.

—Eres buena —admitió Jeff.

—Sin decir que yo te enseñé a ser detective —respondió Lissa viéndolo sobre su hombro con una sonrisa de superioridad.

—Es por eso que necesito que lo espíes de cerca —continuó Jeff—. Necesito que lo veas y no dejes que él lo haga. Infórmame de todo. Yo no puedo hacerlo, tengo que vigilar esta ciudad por mi cuenta.

— ¿Y por qué no envías a Cooper? —Preguntó Lissa y se reclino encima de la mesa del teclado.

—Porque tú eres perfecta para este plan —Jeff entrelazó sus dos manos—, Cooper y yo jamás tendremos la misma simpatía y confianza para ser amigos de alguien así tan rápido. En caso de que te descubra claro. Pero no sucederá, confío en ti.

—Gracias, quizás si soy diferente a ustedes, cascarrabias. Pero aún no me has dicho por qué necesitas que lo vigile. Es decir, ya de por sí es un buen chico.

—Quizás —Jeff se encogió de hombros—. Pero uno nunca sabe que tan mal día puede tener una persona como para volver a la oscuridad. Te lo digo por experiencia.

Lissa bajó la mirada. No estaba presente cuando sus padres murieron pero si estaba presente cuando el lloraba o se sentía pésimo cuando recordaba. Siempre que estaba mal, él buscaba algo que hiciera que su alma se iluminara, por eso compró empresas, creó la suya y continuó hasta sentir que estaba casi lleno pero no del todo. Jay intentó enseñarle que al estar un poco vacío no es malo, significa que aún tenía la oportunidad de seguir buscando, si no ¿Cuál sería la diversión de la vida si todos tus sentimientos estuvieran llenos?

—Pero eso no es todo —continuó Jeff—, también quiero que lo vigiles por su poder tan… insondable. Él aún no lo sabe, casi nadie y espero que tú tampoco llegues a saberlo.

— ¿Por qué? —Lissa frunció el ceño—, ¿Qué es lo que hace?

—Él tiene un gran poder que puede desatar si lo quisiera. Le tomaría unos años hacerlo, unos meses si sigue corriendo y lo hace demasiado.

—Entiendo —asintió Lissa y lo vio a los ojos—, ¿Algo más?

—Tú también debes cuidarte. Desde que Theodore no está puede que pierdas los estribos, no sepas la diferencia entre lo correcto y lo incorrecto, puedes crear tu propia realidad en tu cabeza ya que no tienes un hombre que te dé órdenes.



Rossiel M.L.

#8662 en Otros
#1031 en Acción
#1752 en Ciencia ficción

Editado: 24.09.2018

Añadir a la biblioteca


Reportar