Contrato Real [saga griegos #8]

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Capitulo 12

— tenemos que hablar — Artemisa se sienta frente a mi escritorio y cruza una pierna — llevó dias en el palacio y no te veo, ni a la hora de comer. Lo hago sola en el maldito comedor.

— ¿Qué pretendes? ¿Qué te ande mimando? Soy un hombre ocupado, todos los dias tu comida es balanceada por el bien del bebé. Hoy tendrás visita del médico para chequear que el bebé está bien.

— tú tienes que estar conmigo, llevó a tu hijo.

— si te das cuenta estás en el castillo, llevas tus dias descansando asi que no puedes quejarte.

Ella frunce los labios.

— ¿Asi vas a criar a tu hijo? Dandole todo lo material pero nunca un minuto de tu tiempo.

La observé por un momento, ella estaba muy segura que el bebé era mi hijo.

— mi relación será con el niño y si es mi hijo ten la seguridad que lo cuidare y lo protegere.

— ¿Dudas que es tu hijo? — ella se pone de pie y me mira con furia.

— es natural que lo haga — me pongo de pie y abrocho el botón de mi saco — siempre me protegi.

— eso no prueba nada Apollo — se que está furiosa.

— calmate Artemisa, no es bueno para el bebé.

— ahora te importa, aunque supongo le dices a tu mujer todas las noches mientras te la llevas a la cama que miento — se gira y mira sobre su hombro — eres un monstruo Apollo Costas.

Me dejó caer en la silla y sujetó mi cabeza con ambas manos, si me había metido en un buen lío, pero si el bebé era mi hijo, lo iba a cuidar y proteger con mi vida si era posible.

Levantó la cabeza cuando tocan la puerta suavemente.

— pase — murmuró y Alana entra ataviada en un precioso vestido verde, ella era una mujer muy hermosa, se vestia sencilla pero elegante. Sus pendientes de jade brillaban me imaginaba de felicidad de ir prendidos en sus orejas, sacudo la cabeza.

— ¿Estás listo? — parpadeo por que no sé a que se refiere pero ella frunce el ceño — ¿Olvidaste que vamos a Atenas?

Doy un respingo.

— claro que no querida, nuestra cita con los arquitectos para la universidad — sonrió con nerviosismo, la visita de Artemisa me ha dejado pensativo — pediré bajen las malestas.

— ¿Las maletas? — ella enarca una ceja — regresamos mañana.

— lo sé pero se que ustedes las mujeres viajan con exceso de equipaje — ella suelta una carcajada, me he quedado contemplandola, ya que es la primera vez que la escucho reir con ganas.

— no soy cómo todas las mujeres querido, he aprendido a viajar ligero — no lo dudaba, ella era extraordinaria, la contemple de nuevo, llevaba recogido el cabello en una moña, su cuello largo desprovisto de joyas, sólo llevaba los pendientes y en sus manos el anillo de bodas... sus labios pintados discretamente... solté un suspiró por que de todas las mujeres exóticas con las que salí ninguna me atrajo tanto como Alana... la bella y sencilla Alana — ¿Pasa algo?

Camina hacia mi, tan elegante, tan única.

— dime — sus bellos ojos bordeados de largas pestañas están llenos de preocupación — si no puedes viajar, yo me reunire con ellos — llevo uno de mis dedos a sus labios para callarla.

— claro que iré contigo.— mi dedo pasa por sus labios y siento que ella se estremeció — ¿Tienes frio?

Ella niega y da un paso más hacia mi, con una sonrisa la sujetó fuerte de la cintura y la pegó a mi cuerpo.
Bajó mi cabeza y ella rodea mi cuello con sus brazos para fundirnos en un beso profundo, delicado.

Cuándo nos separamos, nuestras respiraciones estaban entrecortadas.

— su Majestad el auto que los llevará a la pista está listo — el hombre de la guardia real espera mis instrucciones, ninguno escucho que tocó la puerta antes de entrar.

— gracias, la princesa y yo, ya bajaremos.

Él se retira y Alana tiene las mejillas sonrojadas.

— vamos — extiendo mi brazo y ella envuelve el suyo en el mio, la miro por última vez y salimos de la habitación.

Alana

La última vez que habia estado en Atenas era la prometida de Apollo, lista para el matrimonio, me casé con la seguridad de que era un arreglo nada más pero cuán equivocada estaba, al llegar al edificio donde nos atenderian, sentia mis piernas temblar por qué él me llevaba de la mano. Recorriamos el pasillo y era consciente de las mujeres hermosas que ahi trabajaban y de las miradas de apreciación que le lanzaban a mi esposo, me sentia celosa y de soslayo lo observaba para ver si él correspondia a las atenciones de las mujeres pero para mi buena suerte, él las ignoraba.

Al llegar a la oficina donde nos recibirian, ambos nos miramos y entramos. Mi primer proyecto para Medrea, la construcción de la universidad y Apollo estaba apoyandome, se estaba metiendo de cabeza junto a mi, mi mirada se posa en los ahi presente y abro la boca por la sorpresa.

— ¡Alana! — la preciosa muchacha se levanta de su silla y rodea el escritorio de vidrio para tirarseme encima.

— Dasha — ella se separa de mi y muerde su labio inferior un poco avergonzada.



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En el texto hay: saga griegos, kgerals, romance

Editado: 02.07.2019

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