Conviértenos en piedra.

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Los Buscadores.

Los Buscadores.

 

Cada ser vivo se adapta, se transforma y se modifica, busca la manera en la que pueda sobrevivir con los cambios a su alrededor. Así pues, eso ocurrió con aquellas personas que lograron vivir luego del ataque de las Máquinas; algunas huyeron, otras se escondieron y, los más valientes, lucharon. No obstante, había unos pocos que se resistieron a la batalla y al impulso natural de huir del miedo, sino, observaron cómo sucedían los cambios drásticos, cómo se asesinaban entre sí y cómo intentaban defender lo que era suyo. Y, aun así, los que se quedaron en la superficie con la esperanza de que pudieran coexistir en armonía: murieron, pero no esas personas que observaban en la obscuridad, ellas se habían alejado a tiempo para vivir de otra forma.

Se les llamó los Buscadores, y eran aquellos sobrevivientes que supieron cómo manejar lo que estaba ocurriendo en la Tierra. Vivían en cuevas, hechas por ellos mismos. Algunos también los conocían como los Topos, pero ellos se decían que eran buscadores, y es que su propósito era sobrevivir en ese nuevo mundo, pero también era encontrar un nuevo lugar en el que no necesitarían huir, simplemente vivir como cualquier otra especie.

Wilson era uno de ellos, era joven e imprudente, por eso su equipo lo vigilaba muy de cerca. Fue un niño cuando se llevó a cabo el primer ataque de las Máquinas, él dice que no lo recuerda, aunque miente para que no lo miren con lástima. En todo caso, Wilson tuvo suerte al haberse encontrado con los Buscadores, ellos lo aceptaron y lo trataron como si fuera de su familia. Ahora era un joven que no recordaba cómo era la luz del sol, o cómo se sentía la brisa contra su piel. Su vida consistía en la luz del fuego, en picos y palas, en arrastrarse por lugares estrechos, en buscar su propia comida y en cuidarse de las Máquinas.

Era una buena vida, se decía constantemente, porque los compañeros que se atrevían a salir a la superficie para buscar provisiones, o sólo para hacer reconocimiento de la situación, regresaban con noticias desgarradoras y con un camarada menos. Es por eso por lo que Wilson creía que tenía suerte de estar en las profundidades de la Tierra.

—Vamos, chico, no tengo todo el día —gruñó su compañero, Adam.

Wilson se arrastraba en un angosto túnel que habían hecho, trataba de excavar más y aumentar el tamaño de éste para que alguien más pudiera pasar por ahí, y así cumplir con la misión que se les encomendó.

—Llegaremos para comer —dijo Wilson.

—Más te vale.

Wilson bufó frustrado, no podía avanzar más, al menos no con sus extremidades cansadas por tanto arduo trabajo.

—De acuerdo, creo que mejor salgo.

Adam sonrió.

—Gracias a dios, te juro que mis tripas se están comenzando a juntar del hambre que tengo, te comería, pero creo que sólo sería desperdicio, porque ni carne tienes —se burló Adam.

Wilson salió del túnel y logró pararse derecho, porque estaban en los caminos principales que los Buscadores habían hecho a lo largo de los años, y que también habían perfeccionado y creado la perfecta altura para que un hombre lograra pararse sin tener que agacharse al caminar.

—Ves la hora —se quejó Adam, enseñándole su reloj viejo—, si no alcanzo mi porción, te mataré.

Wilson lo ignoró y se concentró en caminar por los túneles, con la antorcha en su mano. Tenían lámparas, pero sólo las usaban cuando tenían que arrastrarse en un lugar angosto.

Adam comenzó a correr cuando se escuchó a personas hablando.

—Hijo de tu put… —maldijo al oler la comida que tanto él deseaba.

Luego de un par de minutos, visualizaron a un grupo de Buscadores comiendo alrededor de una fogata.

—Llegan tarde —comentó uno de ellos.

—Échale la culpa a este niño que me tocó como compañero.

Wilson se encogió de hombros como respuesta al jefe de su grupo, Dimitri, un hombre ya mayor, pero con ojos sabios y con voz gutural, que provocaban que le tuvieras respeto aún si no lo conocieras.

—Como sea, coman, mañana retomaremos el trabajo —ordenó Dimitri.

Adam atacó su comida con desespero. Comían un gazpacho frío, no tan rico, pero para hombres como ellos, que han trabajado tanto, era un manjar para sus paladares y un descanso para sus estómagos.

Luego de charlar un poco, todos se prepararon para dormir. Wilson se quitó sus anteojos que le protegían los ojos al momento de picar la tierra o de excavar; luego se despojó de sus guantes gruesos y de sus botas. Todo su armamento se hallaba a un metro de donde él estaba, sus herramientas de minero y una pistola para momentos cruciales.



YashCastle

Editado: 19.01.2019

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