Conviértenos en piedra.

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Conviértenos en piedra.

Los hermanos corrían por las alcantarillas. Hace años que aprendieron que vivir en la obscuridad era lo mejor si querían sobrevivir. Pero ellos no eran fáciles de engañar, por lo que comenzaron a buscar entre los escombros, y hallaron que algunos habían aprendido a vivir junto con las ratas. Les provocó cierta gracia, verlos maltrechos y a punto de convertirse en salvajes. Pero Virginia y Craig eran de aquellos pocos que todavía no habían sucumbido a la desesperación y desolación, fue por eso por lo que lograron escapar.

Craig escuchaba el estentóreo zumbido de las Máquinas, nervioso veía sobre su hombro, creyendo que en cualquier momento sería atacado y lo separarían de Virginia. La pequeña, que había crecido escondiéndose y huyendo, nunca se había acostumbrado al terrible sentimiento que ser perseguida le provocaba. Trataba de mantenerse cuerda, pero era una niña a fin de cuentas, y cayó al suelo tropezándose siendo víctima del miedo.

En la obscuridad, Craig pudo ver sus lágrimas cristalizadas, caían como si fuera agua divina, agua que no era de ese mundo, y volvió a recordar por qué tenían que huir.

Sintió el suelo vibrar. Colocó un brazo debajo de las piernas de su hermana y la cargó.

—Tengo miedo.

—Lo sé, hermanita.

Corrió, porque ahora el zumbido era mucho más potente, pero no se rindió, aún cuando sus piernas estaban cansadas y sentía un vahído. Él no disminuyó el paso; habían llegado muy lejos, habían evitado tanto a las Máquinas que ser víctima de ellas ahora, le parecía injusto. No pensaba ser derrotado cuando había visto demasiado.

—Puedo correr, ya estoy mejor.

Craig la bajó, le tomó la mano y ambos echaron a correr, ahora sin importarles el ruido que hacían, porque ya estaban dándoles caza.

—¡A la derecha! —vociferó Craig.

—¡Craig!

Sacó su escopeta, y en un movimiento veloz, apretó el gatillo a la Máquina que sostenía a Virginia.

—¡Corre!

Virginia corrió, segura de que su hermano lo seguiría detrás.

Las Máquinas estaban en el túnel aglomeradas para ser las primeras que atraparan a la niña y mataran al muchacho. Craig disparó otras dos veces y corrió junto a su hermana.

—¡Estamos rodeados! —chilló Virginia.

Craig miró el paisaje que tenía enfrente: la ciudad donde había crecido estaba en ruinas. En el cielo había Máquinas voladoras y se percató, por primera vez en años, que era el fin. Observó a su hermana que se movía inquieta, esperando que le dijera qué hacer.

—Virginia, necesitas usarlo.

—¿¡Qué dices!?

—No tenemos escapatoria, lo sabes.

—Pero…

Virginia lo vio a los ojos, asustada y comenzó a llorar. Él se hincó a su altura, le limpió sus mágicas lágrimas y asintió, confortándola. Ella alzó una mano, la colocó en el pecho de su hermano y él cerró los ojos. Ante la niña, la piel de su hermano comenzó a convertirse dura y áspera. Entonces lo abrazó con fuerzas mientras todavía mantenía su calor. Alzó la vista a la ciudad y cerró los ojos, poniendo toda su atención en ella, luego no supo más porque Virginia y Craig se convirtieron en piedra.

FIN



YashCastle

Editado: 19.01.2019

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