Cool Kids

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CAPITULO 16: Ella es Mi Todo.

Sabía que hoy, se iba a convertir en un gran reto para mí. Me sentía un poco nervioso. Ojalá que todo salga bien. Hoy por fin conocería a los amigos de Tayly. A todos ellos. Incluyendo a Rasec.

 

Salí de mi casa con mis audífonos y tomé el primer bus que me llevara a la universidad. Quería llegar media hora antes, por si acaso tenía que alistarme bien. 

Había preparado todo apenas había llegado a casa, la noche anterior. Cuando Luciana y Steph vieron mi casa, cuando me dejaron, se miraron como si no creyeran que yo vivía allí. Tayly no lo hizo, yo sentí que ella tenía curiosidad, aún con la casa que ella tenía, sentí que quería pasar a ella y conocer mi hogar. Pero luego miré a Luciana y le agradecí el haberme traído, y ella me dijo:

“No, gracias a ti Nick. Nadie había hecho algo así por mí y no lo olvidaré”.

Así que Steph sonrió también y se acercó y me dio un beso en la mejilla, lo cual hizo que Luciana también lo hiciera y finalmente, de la que yo esperaba, Tayly. 

La miré a los ojos y ella también lo hizo, nos quedamos así un pequeño eterno, momento. Pude sentir que me decía tantas cosas, sin siquiera abrir los ojos. Y eso fue lo que coronó mi noche. Realmente, Tayly y yo conectamos.

Y ahora que había llegado temprano a la U, más de lo habitual; me sentía emocionado y nervioso. Emocionado porque vería a Tayly, y con nervios porque conocería al resto del grupo. Y pues no sabía cómo reaccionaría Rasec al verme. 

O sea Tayly y yo no estábamos aún, pero ¿Él podría sentir que yo era una amenaza? Quizá no le caiga bien. Así que me puse una gran frase grabada en la mente. “Sé tú mismo”. Sabía que si no les agradaba no era el fin del mundo, tenía la aprobación de Tayly y era eso lo único que me importaba. El resto me importaba un rábano.

Y estaba allí, en el único lugar que me sentía seguro de todos, la biblioteca. Claro que la mayoría de chicos normales me miraba y se preguntaban que hacía allí, pero era un lugar en el que podía perderme y no sentir que tenía que pensar mi siguiente movimiento.

Sonó mi alarma, la que me ponía para llegar a tiempo hacia el salón de clases y allí yo, nuevamente entre todas esas chicas que me desnudaban con la mirada, en medio del pasadizo. Y yo estaba todavía, con los lentes de sol caminando entre todas ellas. Hasta el salón que me tocaba a esa hora.

Entré justo un minuto antes que el profesor lo hiciera.

Donovan dijo: “Hey Nick, hola” y de la nada todos empezaron a saludarme, personas que nunca lo habían hecho lo hicieron, y Donovan y el resto estaban sorprendidos, porque ellos sabían que hasta el semestre pasado, yo había sido uno de los “invisibles”.

Levanté la mano en señal de saludo a los que no conocía, con mucho asombro y desconcierto. No sabía sus nombres así que mostré una pequeña sonrisa en mi rostro como correspondiendo al saludo. Esto era muy loco. 

De pronto mi popularidad había subido a pique. Y eso que, el día anterior, todos pensaban que yo era “el nuevo”.

Y así transcurrieron las horas hasta la primera hora libre que tuve. Así que decidido a encontrar a Tayly nuevamente, fui a las bancas que estaban en el patio de atrás, donde todos los Chicos Cool siempre tomaban sol. Mientras iba en el ascensor me puse a reflexionar sobre algunas cosas.

¿Quién regala un auto a una persona sin siquiera conocerla? ¿Por qué Luciana lo hizo? ¿Será alguna especie de trampa? o ¿Le gusté tanto que lo hizo? Me miré en el espejo del ascensor y me dije: “Si fuera una chica, ¿Qué pensaría del chico que está el espejo?” Y solo vino una respuesta a mi mente.

“¡Oh que churro!”.

Me reí en mi fuero interno y una sonrisa escapó de mí. De pronto, la puerta del ascensor se abrió dos niveles antes de llegar al nivel –2. Era un grupo de chicas bonitas, que cuando entraron y vieron mi rostro con una sonrisa, que no era hacia ellas, la correspondieron. Así que yo me puse a mirar solo el indicador de niveles en el ascensor, pero las chicas se miraban entre sí y entre risitas ahogadas, se sonrojaban. 

Me sentí muy incómodo, con roche y muy avergonzado, mis mejillas debieron estar muy rojas cuando una de ellas volteó a verme y se rió descaradamente frente a su amiga.

“¡Vamos! ¿Que me pasa?” me dije, “Haz como si no te importaran. ¡Vamos, piensa en Tayly!” Esas chicas eran lindas, lo admito. Pero estar allí, con un grupo de cuatro chicas en un ascensor, eso era mucho, no había lidiado antes, con tal situación. Me sentía como acorralado, como en medio de lobos, y todos querían devorarme!

Cuando se abrieron las puertas del ascensor me sentí tan aliviado. Pero mi alegría duró poco. Las puertas estaban abiertas, pero ninguna de ellas salió. Hicieron un pequeño espacio, dos a la derecha, dos a la izquierda, y me miraron. 

¡Estos lobos de verdad querían devorarme!



Josemaría Yalán

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En el texto hay: amor

Editado: 16.02.2018

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