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CAPÍTULO 20: “Eres Mi Mejor Amigo”.

Ella levantó el rostro. Sus ojos aún tenían lágrimas. Me miró directamente al alma y yo pude sentir, también, lo que ella llevaba dentro. Su corazón había sido roto. Y yo sabía como se sentía. Sabía que sólo el tiempo remediaba este tipo de cosas, pero que ella tendría que sufrir un poco antes de que todo pasara. Quizá ya llevaba un tiempo sufriendo, pero no permitiría que ella pasara esto sola. Yo era su amigo ante todo. Ella no estaría sola en esto. 

Ella se separó de mí y se limpió las lágrimas. Trataba de voltearse o mirar hacia abajo, mientras se las limpiaba del rostro. Yo noté que ella estaba avergonzada.

Yo no quería que ella se sintiera así conmigo. Yo también estaba llorando y no me importaba. Cuando de verdad se quiere a alguien, esas cosas no importan. Todo se siente natural, cómodo. Y yo quería a Victoria tanto como al resto de mis amigos, creo que incluso más.

- Victoria, lo siento. Te prometo que nunca más nos distanciaremos – le dije, mientras le levantaba el rostro. Ella respiró hondo y pude sentir el descanso de su alma.

Su rostro se notaba más tranquilo, ya ninguna lágrima brotaba de sus ojos. Ella me abrazó fuerte una vez más y esta vez sentí una paz enorme. Como esa que se siente después de una gran tormenta.

- Yo también lo prometo – dijo ella. Luego me miró a los ojos y mostró una gran sonrisa.

Yo sonreí y me limpié el rostro. Los dos reímos al recordar todo lo que había pasado. Luego nos volvimos a abrazar una vez más y esta vez sonreíamos.

- ¿Quieres ir a comer un helado? – pregunté, ella sonrió y salió corriendo.

Yo sabía que eso significaba que el que llegaba último pagaba. Así que corrí detrás de ella. Ella bajó las gradas lo más rápido y educadamente posible, para que mi mamá no la sacara de su “pedestal” de chica perfecta para Nick. Pero a mí no me importó, yo corrí hasta alcanzarla.

Mi madre nos veía con una gran sonrisa desde la sala, donde revisaba su Facebook. Yo le lancé una mirada de “Sólo somos amigos”. Y ella me devolvía una de “Acuérdate de mí, cuando suceda y ustedes dos terminen juntos”.

Ya afuera, me di cuenta de que Victoria se encontraba a media cuadra. Ella corría, tan rápido como podía. Y miraba hacia atrás, burlándose de mí. 

Su roja cabellera giró en una esquina y se perdió entre el cemento de una construcción. Ella sabía que me estaba ganando. Corrí lo más rápido que pude, para poder llegar a esa esquina.

Al llegar allí, noté que no había nadie. No había rastro alguno de Victoria. La cuadra que continuaba era muy larga y ella no hubiera podido cruzarla tan rápido. Se suponía que ya me llevaba algunos metros de distancia, pero no tantos. Me quedé asombrado. ¿Dónde estaba ella? La siguiente esquina se hallaba a unos cien metros más, y no veía rastro de ella por ningún lado. No había ninguna hendidura donde esconderse. Esa esquina era sólo un muro grande, que se extendía por más o menos, la mitad de la cuadra.

De pronto, me recorrió un escalofrío por todo el cuerpo. Un tenebroso y horripilante sentimiento me invadió. Un escalofrío que se generó en la espalda, recorrió todo mi cuerpo, hasta la punta de mis pies. 

La idea inconcebible de que Victoria estuviera detrás de mí, se hizo realidad. Cuando escuché su voz más tenebrosa.

- ¡Booo! — gritó ella, detrás de mí.

Un grito muy fuerte y sonoro, emergió desde lo más profundo de mi garganta. No pude detenerlo, como tampoco puede detener la mirada de las demás personas, al escucharme. Todo mi cuerpo saltó.

Victoria no paraba de reírse. Me molesté por un pequeño momento, pero luego sólo atiné a reírme también. No quería hacer mayor escándalo sobre lo que había sucedido. Eran muchos sobresaltos por hoy.

- ¡Me las vas a pagar, pequeña niña alborotadora! – La cargué mientras seguía con su ataque de risa. La gente se tranquilizó más, al creer que teníamos una relación. Así que dejaron de mirarnos.

La llevaba cargada en mi hombro derecho, mientras ella no dejaba de reírse. Su cabello rojizo y largo, casi llegaba hasta mis pantorrillas

- Hubieras visto tu cara jajaja… – trató de zafarse. Y al ver lo fuerte que yo era, no lo intentó más. 

- Ja ja ja – Dije en sorna. Ella paró de reír. Creo que hasta empezaba a disfrutar que la cargara. Lo noté cuando acarició mi espalda, con sus manos.

- Nick, creo que la sangre se me está acumulando en la cabeza. ¿Me bajas? – me pidió.

La bajé de inmediato. Y entonces comenzó de nuevo. 

Se empezó a burlar y a correr. Ella trataba de dejarme atrás, pero el recuerdo de mi cara asustada, la hacia detenerse cada dos metros para recuperar el aliento después de tanta risa.

Yo no entendía cómo ella había aparecido de la nada detrás de mí. No la había visto esconderse, ni nada. Simplemente dobló la esquina, yo corrí detrás de ella, me detuve en esta Y de la nada ella aparece detrás de mí. No le hallaba sentido. Pero ahora sabía que Victoria era una especie de “super ninja”. Así que debía cuidarme de ella y sus bromas.



Josemaría Yalán

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En el texto hay: amor

Editado: 16.02.2018

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