Coqueta y Decidida

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Cinco días habían pasado desde que envió aquella carta, se había negado a escribir otra, si estaban ocupados no iba a exasperarlos. Los Bartolich habían querido que Priscila se distraiga, que saliera y se divirtiera, convencieron a Max para que la sacara de paseo. Tomaron unos tés juntos en el jardín, pasearon para visitar el nuevo parque que inaugurarían los mismos vecinos, lo acompañó en su rutina de trabajo y hasta habló durante horas con la Sra. Olsen. Sin embargo, ella necesitaba alguna información acerca de sus progenitores, dudaba que la llegasen a ignorar, ellos mismos querían estar informados de lo que acontecía en Bruna, jamás dejarían de responderle a su hija. Entonces recordó la carta de Elías, temía que ellos se hayan sentido traicionados y que se les cruzara por la cabeza que se concretaría un matrimonio y los abandonaría.

-¿Quién puede enamorarse tan rápido? –Preguntaba en voz alta delante de Max, quien últimamente no la había dejado sola –Él no me ama, sólo soy un capricho, encontrará a alguien mejor y ya dejará de seguirme.

-¿Te gustaría que encontrara a alguien mejor? –Le cuestiona mientras juega con una margarita en el jardín.

-¡Sí! Que se vaya, que se case pronto con ésa Srta. Everlon, Everla… Ever… como sea que se llame. Sólo quiero que me deje en paz –Se cruza de brazos -¿Tú alguna vez te enamoraste a primera vista, Max? ¿Alguna vez sentiste algo por alguien… aunque no fuese correspondido?

-Sí, lo he hecho –Dijo mirándola directo a los ojos -…, sé que no crees en el amor a primera vista… pero es cierto, existe… sólo que son pocos los que lo sienten.

-¿De quién se trata?

-De una amiga, pero no tiene importancia… ¿Qué le dijiste a Elías cuando confesó todo?

-Que es un niño y que nada gira en torno a él… además de que no quería que se siguiera metiendo conmigo…, Clarissa cree que fui muy dura, pero sé que ella sólo lo defiende porque es el hijo del hombre que ama.

-Disculpa ¿Qué? –Pregunta sorprendido -¿Clarissa ama al Sr. Carpentier?

-¿No lo sabías?

-No…, vaya… eso lo explica todo. Ahora comprendo por qué siempre desaparece cuando él está… o esquiva su mirada. Creí que lo hacía porque le temía o porque su familia era racista, pero ahora el rompecabezas se cierra ante mis ojos… ¡Clarissa lo ama! ¿Y él? ¿Qué sabes de él?

-Él también…, Johanna me lo contó, me relató su historia…, muy triste he de decir. En fin, no puedo contar con Clarissa, quiere a su “hijo postizo” así que todo insulto a Elías será molesto para sus oídos.

-Vaya ¿Y los Bartolich lo saben?

-¿Por qué tanto interés por ésa relación? Estamos hablando de Elías y su ineptitud –Se queja luego de tanto rondarle al tema.

-Perdona, es que me cuesta mucho verlos como pareja… y he vivido en casa de los Bartolich por mucho tiempo, jamás pensé que tendrían estos sentimientos.

-Pues los tienen ¿Podemos regresar a nuestro punto de discusión?

-Me temo que debo irme, señorita. Los Hartwell me pidieron que le eche un ojo a su gato, últimamente está inquieto y se rasca en todas partes…, pero nos veremos más tarde –Besa su mano antes de retirarse.

La joven encontró reconfortante éste gesto y en cuanto bajó su mirada encontró aquella margarita sobre sus pies con la que tanto él jugueteaba. ¿Será que se la había dejado a propósito? ¿Será que entre ellos estaba surgiendo algo especial? Mencionó a una amiga, a un amor no correspondido…, sus tíos de seguro le tolerarían un noviazgo con un veterinario, sobre todo si es amigo de la familia, pero los Danber no, y Max, ante la falta de comunicación de éstos luego de la carta de Elías, habrá pensado que mucho menos aprobarían una relación con un don nadie.

<< Es un tonto si piensa así, ellos querrían que me casara con un hombre que posea una profesión importante y que les dé la seguridad de que siempre con él estaría a salvo>> pensó.

Entró a la vivienda con la mente envuelta por pensamientos de bodas, familias y futuro. Nunca se había parado a pensar en éstas cosas porque nunca se había fijado en un chico; todas las ideas relacionadas con un nuevo hogar y una nueva familia emergieron, se imaginó en una casa rodeada de niños, trabajando como lo hacían Clarissa y Johanna en la cocina, entonces hacía su aparición el hombre de la casa y padre de los niños…, Elías. Esto sólo le hizo sacudir la cabeza y llegar a la conclusión de que si tenía intenciones de casarse con Elías terminaría siendo una típica ama de casa sin ningún otro trabajo que cambiar pañales y lucir bella para su marido, para colmo era lo que él buscaba. Por otra parte, se imaginó de la misma manera… sólo que ésta vez era una casa más pequeña, ella tenía niños pero no eran sus hijos, eran sus alumnos, y en medio de la clase entraba Max con un ramo de margaritas, ése si era un futuro prometedor, ésa era la clase de vida que esperaba tener.



Domitila Tronte

Editado: 31.05.2019

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