Corazón Prohibido

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Capítulo 26

Sebastián

Alcohol, baile, luces y vida nocturna se asomaba por las paredes de aquel antro.

            Los cuerpos de tantos jóvenes se revoloteaban al ritmo de la música tan alta que azotaba el lugar debido a un DJ.

            La noche era joven, bebiendo, ligando y disfrutando un buen rato, parecía que solo había diversión en aquel sitio, al cual nunca pensé visitar en alguna ocasión, pero, allí estaba, observando la pista de baile encenderse y estremecer a todos.

            La euforia parecía una cosa totalmente loca y atrayente del lugar. Me había decepcionado un poco cuando Santiago negó la entrada ilegal al establecimiento, no obstante, como si fuese cosa del destino, ahora mismo la vida nos regalaba una noche de pura adrenalina.

­—No te alejas —susurró César.

            Continué siguiéndolos entre la multitud de jóvenes hasta llegar a una mesa vacía. Una mesera apareció en menos de cinco segundos entregándonos la carta de bebidas y se retiró.

—La casa invita ­—dijo Santiago.

            Me apenaba no pagar ningún peso mexicano en la salida. No acostumbraba a consumir gratuitamente como César, un parasito como amigo solía aprovecharse de los beneficios dados.

—Si será así, pues que comience la noche —dijo César­—, y ¿Qué bebida van a pedir?

            Bajé la mirada y leí el menú desconocí el nombre de cada bebida disponible y sus ingredientes. Nunca antes había ingerido alcohol en un sitió como este, solía beber vino tinto en las fiestas navideñas esto no se comparaba con mis costumbres sino era distinto a todo.

—Un mojito —replicó Santiago—. Elimina el pensamiento de pedir una botella de tequila porque no quiero cargarlos a los dos.

            César se quejó.

Sorry not sorry —replique.

—Chin… rayos, ¿entonces que hacemos aquí? —cuestionó César enfadado—, la idea es que Sebastián se divierta un poco casi no sale de casa y lleva una vida del carajo, peor que yo.

            Santiago soltó un suspiro.

—¡No estábamos para buscar problemas! —grita Santiago.

—Me vale —alegó César, y entonces se despide de nosotros y se va mezclando entre la multitud. Dudo que regrese con nosotros por su carácter.

            Me encogí de hombros cuando Santiago posó su mirada hacia mí. Desconocía el comportamiento tan extraño de César, y comenzaba a creer el rumor de su recaía fue mala idea venir a un lugar sabiendo del problema debí hablar con sus padres y evitar otra adicción parecida.

—Hay que darle tiempo —comentó Santiago tranquilamente—, acostumbra a hacer un drama y se va a bailar para sacar su furia.

­—Entiendo —replique.

            Resultaba impactante la actitud de César ante nosotros, y nunca antes había sido testigo de una escena parecida ¿debía de preocuparme? Por supuesto que sí, él conservaba problemas serios en su interior la única diferencia existente constaba en que dejó atrás sus adicciones conservando sus demonios internos.

—Sebas, no le tomes importancia a esto —dijo Santiago con una ligera sonrisa—. Sabía que esto iba a suceder, así que hice unas llamadas e invité a Emma y Ana. No te culpes por esto, no tienes la culpa.

            Santiago hizo una seña hacia la izquierda. Giré mi mirada y observé como las muchachas entraron con elegancia captando todas las miradas de los jóvenes que estaban a su alrededor. 

            Una sonrisa se dibujó en mi rostro.

            El factor sorpresa llegó a mejorar la velada en el antro únicamente deseaba con el corazón que César no fuera arruinar este momento que tenía en la vida porque cuando se lo proponía destrozaba a cualquier que intentará ir en contra de él.



Gabriela Betancourt

Editado: 08.12.2019

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