Corazón Prohibido

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Capitulo 5

Sebastián

Cerré bruscamente la puerta del apartamento de papá. No podía creer que fui tan afortunado está noche, tanto tiempo esperando un beso tan así que finalmente lo logré en una fiesta, sin embargo, no estaba en mis planes tener un amor de verano como acostumbran hacerlo varios muchachos de mi edad. Prefería descansar y dedicarme al turismo en el país.

Me recargué en la puerta y solté un gran suspiró.  Si, mamá llegará a enterarse sobre este suceso terminará enviándome a esas terapias de reorientación sexual, la cual he investigado como tema de interés y para prevenirme por si uno de mis papás le llega el pensamiento a la antigüita. Además, ya no se usan por incumplir los derechos de la comunidad LGBT.

¿Por qué me interesaba mucho lo que pensarán mis papás? Obviamente por ser hijo único en esta familia o al menos eso me hacían creer porque cada familia está llena de secretos que cada miembro desconoce.

Mi temor era decepcionarlos por no ser lo que ellos esperan de mí.  Cada cena de Nochebuena mamá alardea con mis abuelos sobre mis posibilidades de encontrar una excelente mujer que se adecue a mi personalidad para formar una familia; a toda mamá le gustaría ver a su hijo o hija casarse y tener hijos, aunque hay casos excepcionales como el mío no podía darme el lujo de hacerme una idea errónea y terminar hiriendo a terceras personas. Probablemente debería de seguir el consejo de Logan para terminar con mi sufrimiento de cada noche.

Cómo quisiera haber sido un chico normal. No podía hacerlo porque el destino y mis preferencias iban hacia un mismo género, nunca debí de haber jugado Hockey a mis doce años, por lo tanto, nada de esto me estaría pasando. Fuera feliz sin ningún problema a lado de una compañía femenina o retiro lo dicho al recordar que la pésima suerte de César al elegir una compañera y con los chicos debo de intentar algo sino nunca lo sabré.

Salgo de mis pensamientos antes de que papá derribe la puerta y me haga un interrogatorio para indagar que me sucedía esta noche. Me dirigió a mi habitación con el fin de despejar mi mente viendo una serie o doramas* eso me ayudará un poco a escaparme de la realidad un momento.

Cuando di el primer paso. Escuche el timbre de la entrada y solté un quejido, seguramente sea Emma, quien se percató que la abandone con un grupo de adolescentes desastrosos. Toqué la bocina que había y pude escuchar a Jonathan.

—Olvidaste tu celular, en mi coche— comentó.

Puse los ojos en blanco.

Debía de ser una estrategia para continuar hablando y después dar el gran paso que tanto ansiaba, pero por dignidad no lo haría. Para ello, revisé los bolsillos de mis pantalones y si justamente dejé el celular en su auto más estúpido no podía ser.

—Va, ahorita salgo— dije.

No pensaba darle la oportunidad de ubicar el apartamento. Nuevamente salí para recoger mi celular, los nervios me carcomían por la posibilidad de que papá regresará y me viera con un muchacho tan apuesto y sensual como Jonathan ¿Qué estaba pensando? Aceptaba que era mi crush y todos mis pensamientos eran ficción porque jamás sucedería nada entre los dos.

Al bajar me encontré a Jonathan hablando con el guardia de seguridad, mientras le hacía pequeñas bromas. Este muchacho era bastante extrovertido por lo que, veo aunado a que solía tener conversaciones sin ningún problema con alguien más.

 Tímidamente salude a Ross y él me dedico una sonrisa.

—Antes de partir me di cuenta que dejaste su celular en mi coche, y te hago entrega de este— me dijo Jonathan, mientras me entregaba mi celular.

—G-gracias— respondí nerviosamente—. Te debo una porque mamá me mataría literalmente por perderlo, ya es el tercero que me compra en este año.

Jonathan volvió a sonreír.

—Pues, tendrás una cita conmigo y no puedo pedir nada más— dijo Jonathan.

Cierto.

—Otra vez, gracias por el celular— le dije.

Jonathan asintió.

—Tienes mi número guardado ahí por si llegas a tener un problema y no puedas ir— insistió Ross.

Antes de irse Jonathan me dio un abrazo de despedida. Me sonroje un poco por una pequeña vergüenza que sentía, no acostumbraba recibir afecto de otro hombre y más viniendo de él.

—Hasta mañana— se despide Jonathan y termina dándome un beso en la frente.

Escuche un clic de una cámara fotográfica. Puede percatarme que la expresión facial de Jonathan termino cambiando a preocupación en automáticamente sé sobre el tipo de vida que llevaba él y sobre su novia francesa.



Gabriela Betancourt

Editado: 16.11.2019

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