Corazones de Ceniza

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Capítulo 9: El principio del fin (Parte 1)

Despierto a las cinco con cincuenta y siete de la mañana, ocho minutos antes de que mi reloj despertador comience a tronar. Hace medio año que abro los ojos antes que suene la alarma, pero sigo programándola por costumbre. Salgo de la cama y me dirijo al baño para tomar una ducha rápida. Alrededor de las seis y veinte, ya vestido con mi ropa de entrenamiento, bajo a desayunar.

—Buen día mamá —digo al entrar en la cocina.

—Buenos días hijo —responde ella. Apenas levanta la mirada de las tortillas de huevo que está friendo para darme un fugaz vistazo—. ¿Dormiste bien?

—Por supuesto —dejo mi mochila sobre una silla y me siento en otra.

—Antes de sentarte a comer sube y despierta a tu hermana.

—¿Otra vez se quedó dormida? –Me quejo mientras unto un pan con mermelada—. Esa niña no tiene remedio.

—Cuándo tú tenías su edad no te levantabas ni aunque te cayera el techo encima —bromea mamá—. Así que no te asombres y anda despiértala.

—Está bien —acepto resignado. Me levanto de la mesa con el pan en la mano y vuelvo a subir las escaleras.

Mamá todavía no le permite a Hana cerrar su puerta por las noches, por lo que puedo entrar en su habitación sin hacer ruido.

Las paredes rosadas y el edredón de My Little Pony no tienen nada que ver con la bestia que descansa sobre la cama.

—Ya es hora de levantarse monstruo —grito arrancando las sábanas que cubren a mi hermana.

—Solo cinco minutos más. —balbucea ella.

—Nada de cinco minutos, levántate de una vez si no quieres que te eche agua.

Hana no responde, así que empiezo a empujar su cabeza con mi mano libre mientras con la otra me llevo el pan a la boca.

—Despierta, despierta, despierta de una vez monstruo.

Entonces Hana, que había estado de espaldas a mí, se gira sin previo aviso y con un movimiento fugaz me muerde la mano. La sorpresa y el dolor provocan que deje caer el pan.

—¿Qué te pasa mocosa? ¿Acaso te crees perro? —exclamo.

—¿Chicos? —La voz de mamá suena desde abajo—. ¿Está todo bien?

—Todo perfecto, mami —canturrea Hana—. Ya me desperté.

La niña se para sobre su cama con un salto y me mira con una sonrisa triunfante.

—Buenos días hermanito —dice amenazante.

—Buenos días bestia infernal.

—La próxima vez que trates de despertarme te ira peor. —Hana me fulmina con una mirada peligrosamente afilada.

—Como sea, cámbiate y baja a desayunar que ya es tarde. Y recoge ese pan del suelo, que por tu culpa se me cayó.

Salgo de la habitación y bajo por las escaleras. Cuando estoy por llegar al último escalón, escucho la voz de mi hermana a mi espalda.

—Espera Ezra.

—¿Qué quieres ahora? —pregunto—. ¿Me vas a arrancar el brazo?

—No, nada de eso. —Hana niega con la cabeza—. Hoy es miércoles, prometiste que hoy en la noche veríamos una película.

Mi hermanita habla con una voz tan dulce y me mira con tal ternura que no puedo evitar sonreírle.

—Pero que no sea otra de Bob Esponja ¿De acuerdo?

—Nada de eso. —Hana hace una mueca de dolor y emite varios gruñidos—. Ahora será una sangrienta.

—Mejor —afirmo entre risas—. Nos vemos más tarde.

***

Tras desayunar en tiempo record salgo de casa y llego al paradero de autobuses justo cuando uno de estos se detiene para recoger pasajeros. Lo abordo y me ubico en un asiento vacío en la penúltima fila. Me acerco a la ventana y miro a la calle mientras el bus atraviesa toda la avenida Cutervo.

Tras un largo rodeo por toda la ciudad, entramos en la avenida M. Manzanilla, ubicada a solo unas cuadras del recién remodelado estadio José Picasso. Tras su inauguración hace más de ochenta años, la sede del fútbol iqueño se vio sometida a una lenta y dolorosa muerte hasta que, hace siete años decidieran remodelarlo por completo. Agrandaron el terreno, crearon más canchas y ampliaron las tribunas, en otras palabras, lo reconstruyeron casi por completo, dejándolo con un diseño moderno y atractivo que despertó la pasión por el deporte en los ciudadanos, quienes no tardaron en volver a las tribunas con deseos de alentar a los deportistas locales. Fue una suerte que esos cambios se hicieran justo cuando yo iniciaba mi camino como atleta. Estoy casi seguro que si no fuera por el nuevo estadio y el renovado interés de la población, no hubiera tenido las mismas oportunidades.



Noctis Lucis Caelum

Editado: 30.01.2020

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