Corazones de Ceniza

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Capítulo 11: La Furia de la Luz (Parte 2)

La sustancia no tarda mucho en hacer efecto. Mi cuerpo se tensa, mis pulmones se expanden para aspirar más oxígeno. Todo a mí alrededor luce claro y confuso a la vez. Es como si hubiera recuperado la condición física que tenía cuando era un atleta de velocidad.

—Vamos Ezra —.Insiste Tordo.

—Claro. Te sigo.

Ambos salimos del túnel prefabricado y llegamos al vestíbulo central. El lugar donde se conectan todas las áreas de la UICR. A diferencia de otras ocasiones, ahora está totalmente vacío.

—La salida es la misma que tenía el local antes de que nosotros lo ocupáramos. —Indica Tordo—. Si vamos en una diagonal hacia la izquierda llegaremos a la rampa por la que bajaban los carros a este estacionamiento.

—Entiendo.

Cruzamos la zona tal y como indica el soldado. Atravesar corriendo el estacionamiento de un centro comercial hubiera sido una tarea imposible en mi estado físico actual, pero ahora que me siento tan bien como hace unos años, resulta hasta refrescante recorrer cientos de metros a toda velocidad.

—Dominic Tomasevic mencionó a mi madre antes de morir —revelo cuando estamos a pocos metro de la salida—. ¿Cómo la conocía?

—¿No es obvio? La UICR investiga muy bien a todos sus sujetos de experimentos. —Tordo alza las manos en señal de disculpa—. Lo siento, no quise decir eso.

—¿Todos sus sujetos? —repito—. ¿A qué te refieres?

El soldado baja la velocidad, mira a su espalda y tras comprobar que nadie nos sigue, se detiene.

—A todos los que son como tú, por supuesto.

Sus palabras me dejan patidifuso. Diara Najjari me dijo que yo era el llamado a salvar a la humanidad, ese fue su principal argumento para convencerme y sin embargo, era una soberana mentira. Lo de cuidarme y ayudar a mi recuperación no era más que un acto para ganarse mi confianza. Ellos sabían de lo que era capaz alguien como yo si no estaba de acuerdo. Sabían que no podían detenerme porque ya lo habían intentado con otros. Por eso trabajaron tanto para hacerme bajar la guardia.

—Hay algo más que quiero saber —digo con voz temblorosa—. Alessia, la doctora que me cuidaba. ¿También lo sabía?

Tordo me mira y guarda silencio.

—¡Maldita sea! —bramo. El piso bajo mis pies se hunde.

—Cuidado —berrea el militar, que retrocede asustado.

—Lo siento. —Pongo una mano sobre mi propio rostro y me froto los ojos con las yemas de los dedos—. No pensé que ella también...

—Todos aquí lo sabemos Ezra. —Se lamenta Tordo—. Todos aquí te estuvimos engañando y te pido perdón por eso.

Mi compañero de fuga levanta la vista al techo y deja escapar un largo y profundo suspiro.

—Está bien. Tú me estás ayudando ahora. —Le hago notar.

Tordo me mira a través de su máscara y asiente repetidas veces.

—Es verdad. — Reflexiona—. Después de ver lo que hicieron con la chica de hielo, yo...

En ese momento la sirena comienza a sonar otra vez y la mujer por el intercomunicador da otro aviso.

—Atención. El sujeto de experimentos Ezra Galliano ha superado al escuadrón de supresión y se dirige hacia la salida de las instalaciones. Todo el personal no militar debe evacuar a zonas seguras. Repito...

—Tenemos que irnos ya. —Advierte Tordo.

Sin decir ni una palabra más, ambos subimos por la rampa que lleva fuera del estacionamiento. Salimos por la zona del boulevard del Mall Plaza, frente a la entrada del antiguo cine. Es la primera vez que estoy fuera desde hace meses, pero apenas tengo tiempo para disfrutarlo.

—Es peligroso ir por campo abierto —argumenta Tordo, que me toma del brazo y me jala por un angosto pasillo entre pequeños puestos de venta.

—Pero nos estamos alejando de la salida.

—Si seguimos de frente no tardarán en encontrarnos y en un lugar sin coberturas no tendremos como protegernos.

En cuestión de minutos llegamos al edificio principal. Apenas unos momentos después de cruzar la puerta se oyen pasos detrás de nosotros.

—Estamos a salvo, al menos por ahora —–confirma el soldado.

Los pasillos del primer piso del Mall plaza lucen irreconocibles. Las puertas de las tiendas derribadas, vitrinas rotas y vidrios esparcidos por todo el piso. Pantallas gigantes reventadas contra el piso, escaleras eléctricas destartaladas. El lugar está lleno de todo tipo de cosas que pudieran estar a la venta. Desde autos volcados hasta utensilios de cocina clavados en los cadáveres que ocupan el lugar



Noctis Lucis Caelum

Editado: 30.01.2020

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