Corazones solitarios

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23. Embarazo

Dylan parece comprender que su broma en esta ocasión es real. Me mira boquiabierto y derramo un par de lágrimas. No puedo evitarlo. Esto no era lo que tenía planeado. Esto no será bueno para mí, no es algo que quería ahora mismo. Un bebé. ¿Qué se supone que voy a hacer con un hijo? Jamás llegué a plantearme este punto en mi vida, no me imaginaba con niños, al menos no hasta pasados los treinta. Tampoco imaginaba quedar embarazada a los pocos meses de estar de novia, no es nada que se me hubiera pasado por la cabeza.

Ahora mismo me odio por no haber sido más atenta. Tuve un atraso de tres malditas semanas cuando el máximo siempre ha sido una semana. No tuve síntomas de embarazo, pero fui una idiota al no darme cuenta que llevaba tanto tiempo sin el período.

La situación es una mierda; Dylan ni siquiera sé qué va a pensar, un hijo es algo para lo que nunca hablamos y mucho menos esperábamos cuando nuestra relación no lleva ni un año. Hizo bromas junto con Kyle, pero nunca creí que estaría pasando esta situación tan pronto. Voy a matar a Kyle, él fue como el maldito Espirítu Santo.

Dylan no deja de mirarme completamente sorprendido y yo no dejo de llorar. Todo lo que siempre planeé se va a ir a la mierda, toda mi vida. He aquí un maldito cambio drástico que nunca pedí. Estoy segura de que Dylan tampoco lo pidió… ¡Oh Dios! ¡Él va a odiarme! ¡Va a pensar que es mentira!

Mis manos tiemblan mientras él me mira e intento encontrar las palabras correctas para poder hablar. Esta situación es una mierda.

—Muy bien, escucha —pido con voz temblorosa y siento que las lágrimas no se detienen. Dylan me mira con atención, pero no dice nada—. No tenemos que alterarnos. Esto está pasando, pero podemos manejarlo —murmuro jugando con mis manos y miro la habitación intentando distraerme de su penetrante mirada.

—Creo que deberías sentarte un momento —sugiere con voz tranquila.

—¡No! ¡No puedo! —exclamo pasando las manos por mi cabello y pensando en las alternativas—. ¡Estoy embarazada, Dylan! ¡Estoy embarazada! —grito antes de caminar de un lado al otro y llorar.

—Lo sé, deberías calmarte —pide poniéndose en pide y acercándose a mí para tomar mis manos—. Respira hondo —indica y le hago caso mientras observo sus ojos que se ven muy tranquilos—. Estés embarazada o no, estar alterada no es bueno para ti —murmura.

Realmente aprecio que en este momento él sea el tranquilo de los dos e intente calmarme. Supongo que la confianza de Dylan jamás trastabilla, él siempre está de pie. Ojalá yo hubiera estado así de tranquila cuando vi las dos endemoniadas rayitas. En ese momento sentí que me hacía pequeña, las paredes se encogían y me quedaba sin aire. Ahora mismo siento un gran peso en mis hombros con tan solo haber visto un resultado. Dylan respira hondo conmigo para calmarme y limpia mis lágrimas.

«Estés embarazada o no»

Oh no, ¿y si Dylan no me cree? Una vez intentaron engañarlo con un embarazo para permanecer con él, pero yo no haría eso; ni siquiera estamos en un mal momento de nuestra relación, podría decirse que estamos bien… o estábamos.

Respiro hondo una vez más y observo sus ojos oscuros con preocupación; un embarazo lo cambia todo. ¿Dylan querrá continuar? ¿Se hará cargo? ¿Seguiremos siendo novios? ¿Qué voy a hacer yo sola con un hijo? A duras penas puedo conmigo misma.

—Dylan, estoy embarazada —susurro apartando sus manos de mi rostro y tomándolas.

—Lo entiendo, Katerine.

Me sobresalta escucharlo decir mi nombre; estoy acostumbrada a que me llame Maravilla.

—Dylan, no es mentira —digo con prisa—. No intento engañarte, realmente estoy embarazada.

—Una vez te pedí que fuera honesta conmigo —comenta esbozando una pequeña sonrisa—. No me has mentido jamás y sé que no estarías jugando con algo tan grande como esto. Tú no sabes mentir.

—No intento atraparte —aseguro sintiendo que las lágrimas vuelven a acumularse en mis ojos—. No fue a propósito —sollozo negando con mi cabeza—. Yo ni siquiera sé cuándo viene mi periodo.

—Lo sé. Una vez manchaste mis sábanas.

Ese recuerdo es una mierda. Me desperté totalmente adolorida abrazada por él y con la mancha de la regla en las sábanas. Por supuesto que él no se enfadó conmigo, se ofreció a comprarme toallas sanitarias y pastillas, además de prepararme un té. Yo lloré de la vergüenza cuando desperté y él intentó tranquilizarme por unos cuantos minutos.



Poupée

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En el texto hay: desilusiones, amor, corazonesrotos

Editado: 02.09.2019

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