Corazones solitarios

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25. Inseguridades

Paso una mano por mi rostro antes de tomar la calculadora y volver a hacer las cuentas. Esto no puede ser. El número vuelve a ser el mismo y me siento morir. ¿Desde cuándo tener hijos es tan costoso? La ropa, el alimento, los remedios, los juguetes, la educación… ¡Dios! ¿Cómo se supone que voy a pagar todo eso? Está bien, mi sueldo es muy bueno y por lo que sé, el de Dylan también, pero estoy dudando de que sea suficiente. Según mis cuentas, todos los gastos que debamos cubrir durante los próximos veinticinco años son los equivalentes a comprar una casa. ¿Tendremos suficiente dinero?

¡Oh no! ¿Y si el niño nace enfermo? ¿Y si hay que comprar costosos medicamentos o hacer cirugías en otros países? Siento unas cuantas lágrimas asomarse por mis ojos y vuelvo a pasar una mano por mi rostro. ¿Y si mi bebé no nace sano?

Esta etapa del embarazo recién comienza, pero no puedo evitar estar con muchos sentimientos encontrados y pensando en varios detalles. Dylan se comió tres mil enciclopedias para saber qué hacer en cualquier caso y yo estoy preparando planes en caso de que las cosas no salgan del todo bien. Voy a ser mamá, eso es un hecho, por más que la palabra aún la sienta rara y grande. Tendré un bebé con Dylan y… y dejaré de ser joven, los años se me vendrán encima y solo podré dedicarme al bebé. Se acabarán las citas con Dylan y la intimidad casi por completo. Mi vida va a acabar por completo. Adiós a las noches de beber con mis amigas y a las pijamadas de los miércoles. 
Cubro mi rostro cuando siento las lágrimas comenzar a caer y sollozo. No sé si podré llevar todos estos cambios de una buena forma. Dios… ¡Soy solo Kate! ¡No sé nada de bebés! ¡No sé nada de maternidad! ¡No sé nada de nada! El llanto se apodera de mí y olvido las cuentas para poder llorar.

¿Qué haré con Dylan? ¿Y si en algún momento se cansa de mí y el bebé y nos abandona? ¿Y si en algún momento a mí se me ocurre abandonarlos? ¿Y si el amor nos consume y nos reduce a cenizas? ¿Qué voy a hacer con mi vida? Sollozo más alto y me sobresalto al sentir unas manos en mis hombros. Alejo las manos de mis ojos para ver a Dylan que me observa con el ceño fruncido antes de hacer que me ponga de pie y abrazarme.

—¿Qué sucede, Maravilla? —susurra acariciando mi cabello.

—¡No puedo! ¡No podemos!

—¿Qué cosa no podemos?

—¡No podemos ser padres! —exclamo abrazándome a su torso—. ¡No puedo ser madre, Dylan! ¡No puedo!

Escucho que suspira y me abraza con más fuerza. Besa mi cabello y mi frente varias veces. Entonces comienza a cantar y no digo nada mientras lo escucho y sigo llorando. Me gusta que me cante porque me relaja un poco y él lo sabe.

—A ver, mi dulce Katerine que le gusta probar cosas nuevas —dice alejándose un poco para observar mi rostro con una pequeña sonrisa y limpiar mis lágrimas—. ¿Qué te parece si horneamos un par de galletas mientras hablamos de esto?

Asiento lentamente y nos lleva a mi cocina. Busca todos los ingredientes y lavo mis manos intentando mantener la calma. Mis manos tiemblan un poco cuando comienzo a hacer las proporciones, pero Dylan no dice nada. Esto se ha convertido como en nuestro ritual desde hace unos cuantos meses y realmente lo agradezco porque cocinar sube mi estado de ánimo y Dylan lo sabe.

—Muy bien, ahora que estamos preparando galletas podemos hablar de nuestro tema pendiente —asegura con voz suave y asiento lentamente—. Primero hay que aclarar que estás embarazada y, aunque sigas pensando que no es posible, tengo que ser sincero y decirte que sí estás al inicio del embarazo. —Trago saliva y asiento—. Entonces el embarazo es algo que ya ocurrió y no podemos evitar… —murmura y agrego un poco de esencia de vainilla a las mezclas— a menos que quieras abortar —dice mirándome de reojo y abro la boca sorprendida de que lo diga.

—No quiero hacerlo —susurro con el ceño fruncido.

—Bien. Entonces sabes que estás embarazada y continuaremos con esto juntos, seremos padres. —Asiento lentamente—. ¿Y qué es lo que te hace pensar que no podemos ser padres?

Respiro hondo volviendo a pensar en todo lo que me hizo llorar hace un momento y un sollozo se me escapa junto con el azúcar. Dejo todo a un lado y me volteo para verlo mientras mezcla la masa de galletas.

—Es que… ¿eres consciente de todo lo que un bebé conlleva? —inquiero apoyándome en la encimera—. ¿Tienes idea de lo que se necesita?

—Sigue cocinando —murmura asintiendo para que continúe hablando también.

—Acabo de sacar las cuentas de todo el dinero que necesitaremos durante los próximos veinticinco años y realmente me estoy cuestionando que podamos cubrirlo —comento agregando el azúcar a la mezcla—. ¿Tendremos el dinero suficiente para los años que se vienen? ¿Qué pasa si no nos alcanza? —inquiero agregando chips de chocolate a la mezcla—. Y no solo eso, imagina si el bebé nace enfermo. ¿Cómo cubriremos operaciones y remedios costosos? ¿Qué haremos si nuestro bebé no nace sano? —cuestiono sintiendo las lágrimas en mí de nuevo, pero no dejo de mezclar—. Y luego pienso en que ya no soy joven, ya no somos jóvenes. Todo se acabará. No tendremos más citas románticas, el sexo va reducirse a menos de la mitad, no saldré con las chicas y no tendré pijamadas y solo voy a dedicarme al bebé… Y yo… ¡Yo no sé absolutamente nada como para ser madre! ¡Y luego estás tú! —exclamo con enojo.



Poupée

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En el texto hay: desilusiones, amor, corazonesrotos

Editado: 02.09.2019

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