Cosas del destino.

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3: En el clavo

Abril

—¡Shaina!! —Escuché gritar a mi abuela que descendía por las escaleras a gran velocidad—. ¡Dios mío!, ¿qué has hecho, cariño?!

Mi abuela se acercó y se colocó junto a mí, abrazándome.

—Escúchame bien niña malcriada —me señaló con el dedo mientras yo hacía todo el esfuerzo por no llorar, aunque me ardiera la mejilla—. ¡Soy tu madre y me respetas, maldita sea!

Su grito sonó enfurecido, con sus pupilas dilatadas y la piel de su rostro más enrojecida que las llamas del fuego.

—Como si tú supieras lo que significa el ser madre, Shaina cubo de hielo, Cavalli, eres peor que una hiena —grite sin poder contener las lágrimas—. Te odio... Te odio como no tienes una idea.

Volví a gritarle, antes de salir corriendo hacia mi cuarto, con las lágrimas en mi mejilla dolorida, y evitando llorar a gritos, porque ella no lo merece.

No me quiere, nunca lo ha hecho. Entonces no entiendo por qué me ha armado este show porque me he salido a la calle, si yo no le importo ni un poquito.

Me acerco al espejo mirándome el rostro como si fuera un impulso de liberación, viendo mi mejilla enrojecida y decorada con la marca de su mano allí.

Apreté los ojos con fuerza. La odio.

Soy tan patéticamente parecida a ella, creo que ninguna hija se puede parecer tanto en lo físico como yo a mi madre. Me he preguntado en tantas ocasiones cuál es la verdadera razón de porque ella no me quiere nada...

—Mi niña —musitó mi abuela entrando en mi cuarto—, te he traído un poco de hielo para que no se te vaya a hinchar tu carita.

—Abu ¿por qué mi madre no me quiere? ¿Por qué me odia? —pregunté sollozando y acercándome a ella, me acarició tiernamente las mejillas antes de secar mis lágrimas con sus dedos.

—No digas eso, es solo que tu madre tiene un carácter un poco difícil, no está bien que andes en la calle a esta hora y sin avisar. Entiéndela, se preocupó y por ello reaccionó así.

Mi abu siempre la defiende cuando refiero el tema de la falta de amor de mi madre hacia mí, convenciéndome de que no es cierto, que a su manera ella me quiere y se preocupa por mí. Bla bla bla, eso es tan falso como una moneda de dos pesos.

Dejo que mi abuela me coloque hielo en la mejilla agredida para que según ella no se me hinchara. Luego de eso le conté donde estaba y le dije que me había divertido mucho, pero que no había hecho nada malo, solo me pidió que no volviera a salir sin antes pedir permiso a mi madre.

Mi abu se había dado cuenta de mi ausencia y se había preocupado por mí, pero no había dicho nada para no alertar a mi madre, por otro lado se ofreció a acompañarme a la convivencia, y le dije que no era necesario porque ya no asistirá. Supongo que es por el hecho de que estoy algo obstinada de que ella sea la que siempre hace el papel de mi madre si es mi abuela; aclaro que ella es un sol y yo adoro estar a su lado, pero detesto sentirme siempre como huérfana cuando se supone que no lo soy. Mi abuela se quedó conmigo hasta que me tranquilizara y cuando se percató de que me había quedado dormida salió de mi cuarto, dejándome sola.

[•••]

A la mañana siguiente y ya lista con mi uniforme para un nuevo día de colegio, baje las escaleras, encontrándome en el comedor con mi abu y mi madre. Estaban platicando sobre algo, lo cual zanjaron cuando me vieron aparecer.

—Buenos días abu —dije inclinándome para recibir su beso. Los únicos que recibo en esa casa.

—Buenos días mi niña adorada, ¿has dormido bien? —a sentí y ella me da una sonrisa—. Vamos, siéntate a desayunar aquí a mi lado.

Me pidió dando pequeños toquecitos en la silla que estaba a su lado.

—No abu, la verdad yo...

—Siéntate en esa silla y desayunas —me corto mi madre en tono brusco, y escuche a mi abuela suspirar.

—No tengo hambre, prefiero irme al colegio.

No quería desayunar con ella. Ver su cara esta mañana me enferma, es feo que alguien diga eso tratándose de su madre, pero esa mujer de madre no le queda ni el nombre ¿Por qué debería de obtenerme de pensar que es la peor madre del mundo? Sin duda ella se lleva ese premio.

—Yo dije que te sientes, es una orden —la miré desafiante antes de tomar asiento de mala gana al lado de mi abuela, cruzando los brazos bajo mis pechos ya que podía obligarme a sentar pero no a desayunar y no haré por el simple gusto de joderla. Ella mira mi gesto y veo como su nariz se arruga con cierto disgusto antes de agregar—: Anoche no quisiste decirme donde andabas, pero solamente espero sea la última vez que te sales de esta casa sin permiso, y por demás, quien sabe a dónde. No me obligues hacer algo que no te va a gustar.

Suelto una carcajada sin humor.

—¿Cómo que querida y amorosa mamita? —dije irónicamente retándola aún con mis brazos en jarras.

Al menos mi escapada de anoche sirvió para que me prestara un poco de atención, aunque sea para regañarme.



Adamessphia

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En el texto hay: amorymusica, amorymiedo, amorypasion

Editado: 01.07.2019

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