Cosas del destino.

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8: Podrida

Abril

Termino de hacer mis deberes de la escuela después de tres horas, y luego de guardar todos mis libros y cuadernos en sus lugares correspondientes cerré el ordenador.

Suspiro cansada.

Me levanto de mi mesa de estudio y al acercarme a la ventana vi a Santiago lavando el coche. Ya lleva más de dos semanas trabajando con mi madre y eso sí que es de sorprender porque como dije antes los antiguos choferes de ella solo duraban unos pocos días y se iban al no poder aguantar su genio y su mal humor pero este sí. Yo dije que tenía más paciencia que los anteriores.

Salí de mi cuarto y aprovechando que mi madre que hoy; cosa que no es muy habitual en ella, había venido almorzar y ahora estaba recostada porque según escuché le dolía la cabeza, fui con Santiago. Me cae bien.

—Hola Santiago —pero lo que recibí no fue un hola, no señora resulta que él se sobresaltó cuando llegue de espaldas y término mojándome con la manguera. Vaya manera de saludar alguien.

—Disculpa Abril, no te vi, me espante —lució preocupado con la manguera en mano, una cara de pena que daba risa.

Sonrió viendo mi ropa medio mojada, y entonces yo vi otra manguera y tomándola:

—Así me vas a saludar, pues hagamos lo de esa manera entonces.

Entonces comenzó un juego de mangueras entre los dos, yo a él y él a mi entre risas, ya los dos estábamos mojados al tope.

—¿Pero qué significa esto? —me sobresalto a escuchar la agria voz de mi madre a mi espalda, y al girar la vi furiosa y verde. No que estaba recostada—. Abril, vete a tu cuarto ya mismo.

Me negué.

—Pero Mamá yo...

—¡Obedéceme maldita sea!. ¡A tu cuarto pero ya! —suspirando en derrota y sin comprender a mi madre en lo absoluto, solté la manguera y me alejo con toda la ropa mojada.

Shaina.

Miro al hombre frente a mí con toda la sangre de mi cuerpo bombeándome tras las orejas y el pulso acelerado.

Ya anteriormente habíamos tenido un problema, todo porque el día anterior cuando me desperté en mi cama sin recordar cómo había llegado allí, me enteré; por boca de mi madre, que había sido él quien me había depositado en mi cama porque según dijo no pudo despertarme, es posible eso pero igual yo no le doy permiso para que se tome esas confianzas conmigo. Ni a él ni a ningún otro hombre. Le había gritado a mi mejor estilo. La verdad es que imaginarme en los brazos de ese hombre me puso la piel de gallina.

Le di mi mejor mirada asesina.

—Le tengo que volver a repetir que no quiero esas confianzas con mi hija o puedo optar por despedirlo de una vez por todas? —repliqué.

Lo veo encogerse de hombros soltando la manguera y ese gesto aumentó más mi cólera, más cuando cruzó los brazos debajo de sus pechos en actitud desafiante hacia mí.

—No veo el problema en que sea amable con la niña, en dado caso solo estábamos jugando y riendo como dos personas normales, no le veo nada de malo.

—Me importa una mierda su opinión –increpé, alterada—. No lo quiero volver a ver en confianza con Abril, una más y esta despedido, queda advertido y sepa que la paciencia y ser condescendiente no es precisamente unas de mis virtudes. Por lo tanto le aconsejo que sí desea conservar su empleo se comporte a la altura.

Y me giré sin esperar su respuesta para marcharme. En contra de todo lo que yo quiero ese hombre y su manera de mirarme me afectan de una manera inexplicable. Eso me asusta y mucho.

—A ver si alguien puede aguantarte —me giré de vuelta al escuchar lo que dijo el hombre.

—¿Qué acaba de decir?

Me sonríe, aún con esa pose de: te estoy desafiando y me importa una mierda que seas mi jefa. Maldito hombre.

—Lo que oíste Shaina Cavalli. Tienes un genio que ni tu misma te aguantas —me dijo con toda la tranquilidad del mundo, ¿pero que se creía ese hombre para hablarme de ese modo?

—Usted es un atrevido. ¿Se da cuenta que lo puedo despedir por lo que acaba de decir?

Lo veo curvar una sonrisa, y me fijo en el brillo que adquieren sus ojos cuando lo hace.

—Hazlo si tantas ganas tienes de hacerlo. Solo digo la verdad —adelantó unos pasos hacia mi todo mojado y yo retrocedí al ver sus pectorales bien formados sobresalir por debajo de la camisa blanca que llevaba puesta y mojada para darme una mejor visión. Se me reseco la garganta con la intensidad de su mirada—. Ahora yo me pregunto, ¿tu enojo es conmigo solo o con todos los hombres? ¿Alguien te hizo daño no es cierto?

Levante la mano; como si fuera una barrera, y sintiéndome como si ese hombre me estuviera pidiendo que le entregará mi alma para descuartizarla salí corriendo hacia la casa.

Ese hombre no hace otra cosa que desafiarme ¿por qué no lo despido y ya me libro de él?

Entre al cuarto de mi hija que se estaba cambiando la ropa mojada ¿pero cómo rayos se le ocurre a esa niña ponerse a jugar con el chofer de esa manera? Es un hombre por el amor de Dios; un perro más.

— ¿Abril, que te dije yo acerca de esas confianzas con el chofer? ¿Qué te dije? —se sobresaltó ante mi último grito.



Adamessphia

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En el texto hay: amorymusica, amorymiedo, amorypasion

Editado: 01.07.2019

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