Cosas del destino.

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14: Dolor compartido

Shaina.

Ya casi una hora desde que ese hombre había llamado para decirme que tenía mi hija secuestrada, a mi Abril, y mi alma parece querer salir de mi cuerpo, no sostengo tanto frío y calor dentro de mí, me arde la sangre por la angustia.

El miedo de que me le hagan daño me está consumiendo poco a poco. No he sido la mejor de las madres, siempre he sido Shaina Cavalli, encerrada en mi burbuja de odio, dolor y amarguras hacia el mundo. Culpando a todos de lo que me hizo una sola persona, fría, distante, y nunca he sido la madre que mi hija necesitaba. Ella una vez me lo dijo:

Abril, tienes todo lo que una jovencita de tu edad necesita y más, ¿qué te hacer falta, joder?

—¡Una madre! Pero que te digo yo a ti si tú no sabes lo que significa esa palabra.

Y tenía razón, no sé lo que significa esa palabra porque nunca me empeñe en ser esa madre que ella necesitaba, no me sorprendería que este fuera algún castigo divino para mí. Yo que sé, ya no sé qué pensar la verdad.

Parece que el mundo me odia; tener los millones que tengo no me hace feliz, al contrario con todo eso, soy un saco vacío y roto que apenas si puede sostenerse, que respira por respirar.

Temo me toquen a mi hija y le hagan el mismo daño que a mí. No lo resistiría, soy capaz de dar todo lo que tengo por recuperarla intacta y tan pura como cuándo salió esta mañana de casa para ir al colegio, más de una vez me cuestione sobre si Abril me importaba o no, me alejaba de ella, me impedía mirarla, pero viendo la situación y como estoy casi partiéndome a pedazos por saberla en manos de quien sabe que desalmados me doy cuenta de lo mucho que me importa.

Ella es la cura para mis males, no mi desgracia.

Lo que no entiendo es, ¿cómo sucedió eso? ¿Cómo mi hija fue secuestrada? ¿Se supone que estaba en el colegio y de ahí llegaría a casa? ¿Cómo?... ¿La habrán secuestrado en la puerta del colegio?

El hombre a mi lado detiene el vehículo en una luz roja y mis ojos caen sobre él, y a mi vienen recuerdos bonitos de él y yo que calman un poco mi angustiado corazón.

En la oficina Santiago me había besado, fue un beso hermoso y perfecto, a la vez delicado que apenas duro unos pocos segundos porque en ese momento entró Manuela y nos obligó apartarnos.

Me gustó lo que sentí con ese diminuto beso; mi primer beso, y quizás cuando todo esto pase y tenga Abril de nuevo conmigo, puede que piense con más claridad en lo que siento por ese hombre y si sería capaz de darme una oportunidad con él, ahora no tengo cabeza para nada más que no sea traer a mi hija de vuelta a casa con su familia sana y sin un rasguño.

Había salido de la empresa para ir a casa, necesitaba contarle a mi madre lo que estaba sucediendo y esperar la llamada del secuestrador allí. No sabía cómo se lo diría puesto que mi madre adora a su nieta con locura. Si cálculo bien el tiempo faltan dos horas exactas para recibir esa llamada.

Manuela como gerente financiera de la empresa se encargara de conseguir con el banco los diez millones de dólares que quieren los desgraciados secuestradores. El dinero me importa una mierda, tengo de sobra, solo deseo a mi hija de vuelta y si quieren más pues le doy para que se atraganten con él.

¿Cómo pueden secuestrar así un ser humano, mantenerla en cautiverio por unos miserable pesos, y más si se trata de una niña inocente?.. ¿En qué mundo vivimos que las personas le dan más valor a lo material que al daño que se le puede hacer a los demás?

El mundo cada día está más podrido y contaminado.

—Tranquila, Shaina. Todo va estar bien —me dice Santiago, aparcando el coche frente a mi casa.

Mis ojos duelen por todas las lágrimas que he derramado en una hora y mi pecho arde por el miedo.

Disimuladamente miro la hora en mi reloj de pulsera, las cinco treinta de la tarde. Lo grave es que hoy no he comido absolutamente nada, ni el desayuno ni el almuerzo, me siento algo mareada pero la verdad es que mi estómago está completamente cerrado por la angustia.

Miro a Santiago despojarse del cinturón de seguridad.

—¿Cómo estas tan seguro de que todo estará bien, Santiago? —Sorbí las lágrimas—. Tienen secuestrada a mi hija.

—Sé que es fuerte, pero hay que tener fe —sus manos vuelan a mis mejillas y secan un rastro de lágrimas que bajan por ellas —. Al final esos delincuentes sólo quieren el dinero, una vez se lo entregues te devolverán a tu hija. Sólo calma, hermosa —su mirada es tan profunda e intensa, me da algo de tranquilidad como me mira—. Recuerda que estoy aquí contigo y en este momento ese dolor que tú sientes es el mismo que siento yo.

Arrugo la nariz.

—¿Por qué? ¿Abril es hija mía, no tuya?

Él suspira, recorre con los dedos su cabello y me mira.

—Eso es verdad, ¿pero recuerdas lo que te dije en tu oficina hace rato? tu me importas, Shaina, te quiero y sucede que cuando quieres a una persona su dolor pasa a ser el mismo, lo sientes con la misma fuerza y sin contar que a pesar de que nunca te gustó que hablará con ella, tu hija me cae muy bien. Es una pequeña muy dulce y maravillosa.



Adamessphia

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En el texto hay: amorymusica, amorymiedo, amorypasion

Editado: 01.07.2019

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