Crónica Z

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OASIS

Sangre, roja sangre, espesa y caliente sangre brotando escasa y suavemente por su cabeza. Todo estaba borroso a su alrededor, además era difícil poder distinguir algo sin sus lentes y el dolor de cabeza acompañado de un leve mareo no ayudaba en nada. El peso sobre su diafragma no le dejaba respirar con normalidad, por lo que tuvo que retirar con esfuerzo aquel bulto que lo oprimía. La molestia de no poder respirar, fue reemplazada por el ardor en sus vias respiratorias al inhalar un hedor a podredumbre.

Se sentó, con el dolor que conlleva tanto levantarse como respirar bien después de un tiempo y, al tantear ese húmedo y viscoso piso los encontró casi intactos en su habitual e inadecuado ángulo. Los acomodó como siempre, intentando no romperlos, los limpió con un retazo seco de su camiseta y los colocó en su vista. La gloria de poder ver nuevamente el mundo real en HD fue reemplazada rápidamente por el horror a su alrededor: Cuerpos desmembrados, sangre aun mojando todo el piso visible, cadáveres acumulados rodeándolo con expresiones de terror, angustia, pánico y dolor, en ángulos inadecuados, con heridas abiertas y coaguladas, mostrándole tripas, pus, bilis, carne y huesos rotos y/o retorcidos.

Los recuerdos de lo vivido antes de caer inconsciente lo bombardearon de improvisto, sin piedad alguna y la desesperación de estar en aquel dantesco escenario fue convertido en algo inenarrable para él, pues, empezó a distinguir dichos rostros y vestimentas. Ahora podía nombrarlos sin error alguno y cada nombre eran innumerables recuerdos que terminaban ahí con una mueca de miedo a la muerte. Profesor, vecinos, compañeros, compañeras, amigos, amigas, familiares, todos a los que quería y había deseado proteger... muertos.

En la destruida puerta de salida, su mejor amigo yacía atrapado entre otros cuerpos, con un fierro oxidado en medio de la sien, brazos y manos destrozadas por mordeduras sobrenaturales, abrazando hasta el fin un cuerpo femenino que no dejaba de emitir un gruñido y siseo habitual de los caídos por la infección. Apenas y pudo digerir la imagen, pues empezó a dar la vuelta lentamente.

En una esquina de la habitación, sin mandíbula, con la lengua colgando inmóvil y el tronco destruido e manera hórrida y sangrienta, como si hubiesen escarbado hasta llegar a su columna vertebral, su hermano, su querido hermano menor, con quien tuvo tantas vivencias, juegos, bromas, discusiones tontas, planes... Allí, muerto estaba.

Sus amigos de toda la vida, sin piernas o brazos, sus amigas con mordidas en el cráneo, más y más. El mundo daba vueltas, en una marea escarlata de dolor y sufrimiento, era el infierno en la tierra, su mayor pesadilla hecha realidad... Gustavo estaba prácticamente decapitado, Cirilo era una mancha en la pared, María tenía las costillas expuestas, Chela estaba partida por la mitad, la sra. Trelles estaba empalada a una mesa y lo que fue su bebé estaba a sus pies, informe e inerte.

Al ver esa última escena no pudo evitar preguntarse ¿Quién fue aquel bulto que lo protegió de la muerte? No lo sabía. No, mejor dicho, no quería aceptar que lo sabía. ¿Cuantas veces le había rogado a su Dios que la protegiera de cualquier mal existente? ¿No quería evitarle lo peor? ¿No era su plan desde el principio protegerla de las bestias? ¿No le había prometido a todos que saldrían de esta si confiaban en él y su amigo? ¿No le había jurado a su padre que los llevaría a salvo? ¿NO LES HABÍA FALLADO A TODOS? ¿NO HABÍAN SIDO VANOS LOS DÍAS QUE PASÓ REZANDO POR QUE ELLA ESTE BIEN? ¿NO ERA ÉL UN COMPLETO FRACASO? ¿NO ERA SU CULPA? ¿ACASO NO MERECÍA MORIR? ¿ACASO NO...

Se hizo a un lado y Vomitó. No pudo contenerse más: Liquido gástrico, bilis y baba salían expulsado de su interior junto al contenido de su estomago. No fue hasta que terminó que se dio cuenta que había estado llorando. Sin importarle nada la abrazó, pues ella había sido su todo, su razón de ser, el motor y motivo para conseguir metas y logros, su mentora, su entrenadora, su asesora, su ídolo, su conciencia, su orgullo, la única persona en toda su vida a la que realmente amó y por quien fue amado. Ahí sin un brazo y una pierna, con una parte del cerebro expuesto, con sus ropas empapadas de sangre, los ojos hinchados e idos, la piel amoratada, desprendiendo un hedor a muerte... Su madre.

La abrazó con más fuerza de la que tenía, con todo el dolor de su corazón y alma, aferrándose a ella mientras lloraba amargamente y se mecía a un ritmo lento incapaz de mantenerse inmóvil. No había rastro alguno de vida, su calor corporal había sido reemplazado por una helada rigidez.

No supo en que momento su llanto se volvió desgarrador y gritos de ira empezaron a brotar de su garganta, sus uñas enterradas por la fuerza de su pena en la carne de su progenitora. No supo en que momento oyó más fuertes los lamentos de los muertos y su presencia dentro de la habitación, no supo en que momento empezó a ver todo rojo y negro, los sonidos a su alrededor fueron reemplazados por un pitido ensordecedor, su respiración se volvió pesada mientras apretaba fuertemente los dientes y una mueca de odio cubrió su rostro bañado por las lágrimas. 



A.J. Galvez

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En el texto hay: apocalipsis zombie, realidad y ficcion, sangre y romance

Editado: 02.07.2019

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