Crónicas de los Brujos 3.5

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Capítulo 4. Revelado.

ZAC

—Venga, te quedas atrás. —Incito a Connor a que siga corriendo mientras corro de espalda para verle, todo enmarañado al tiempo que intenta seguirme el ritmo.

—Zac, espera. —Jadea agotado, detiene su avance y se sostiene de sus rodillas mientras intenta recuperar el aliento.

—Pensé que estabas en el gimnasio —digo, sin parar de sonreírle.

—Estoy, pero llevamos dos horas corriendo, ten piedad, por favor —me pide agotado, limpiando el sudor de su frente. Me fijo en su cuello, está húmedo y su cabello revuelto, se ve preciosamente sensual, demasiada para la salud de un hombre joven con interés en él como yo.

—Suelo correr tres —le digo con toda honestidad, a su vez pongo mi mano en su hombro, para darle consuelo—: no obstante por lo indispensable de tu compañía sí deseo que nuestro compromiso se lleve a cabo, será mejor que regresemos.

—Que gracioso —ironiza sus palabras, me acerco lo suficiente y lo atrapo de los hombros haciendo que me vea.

—Inhala por la nariz y espira por la boca, des tensiona tu estómago y relaja tu cuerpo —le indico que hacer, como lo hacía mi entrenador en los partidos—. Expulsa todo el aire que puedas y recupéralo de una bocanada, te sentirás mejor en breve.

Sigue mis indicaciones, en cinco minutos después ya respira con normalidad. Me detengo a mirar sus mejillas sonrojadas, sus labios levemente pálidos por lo agitado que se encuentra y su rostro sudado. Acuno sus mejillas entre mis manos y le doy un cariñoso beso en esos preciosos labios. Tiene ese sabor a él que es parecido a su olor, pero su textura es mucho más deliciosa, cierra los ojos ante mi tacto e intenta seguir el ritmo del beso. Sus movimientos son torpes, igual que los míos, pese a eso hacemos lo mejor que podemos. Me causa gracia, puesto que Connor mantiene sus manos a ambos lados de su cuerpo, no hace ningún movimiento.

—Aire. —Se aparta unos segundos después e inspira profundo mientras se sostiene de mis bíceps, cerrando sus manos en ellos. Me rio por lo alto y le miro con ternura.

—Se te han puesto más lindos los labios con el tiempo. —Le guiño un ojo tras mi comentario.

Ladea la mirada. —Tú estás más lindo también.

Elevo mis cejas, por fin me dice cosas así en voz alta.

—Parece que tener ese anillo en tu dedo ha cambiado esa actitud fría. —Le acaricio el rostro, me mira con esos bonitos ojos brillantes.

—Estaba molesto —pone sus manos en mi cuello y se acerca—: además, hicimos una promesa hace tiempo, es obvio que no me iba a quedar enfadado por siempre.

—Una que me costó esperar a nuestro primer beso hasta ahora —espeto haciendo un puchero.

—Pero, ¿no crees que ha valido la pena?

—Es verdad, cada segundo de esfuerzo lo ha valido.

—¿Crees que nuestros padres se molesten por lo nuestro? —baja su mirada un segundo y se muerde el labio inferior, inseguro.

—Son nuestros padres, no pueden regir nuestra vida, aunque no creo que se molesten si soy honesto.

—Es solo, que no quiero que digan nada malo. —Lo hago verme a la cara.

—Nadie va a decir nada malo, nuestros padres son nuestros padres y nosotros somos nosotros, no tiene nada que ver, así que no te preocupes. —Sus labios se vuelven una línea recta y asiente.

Le sonrío y vuelvo a besarlo, verdaderamente la textura de sus besos es mejor de lo que pude haber si quiera imaginado.

—Venga, vamos a desayunar. —Le invito cuando nos separamos, entrelazamos nuestras manos y vamos hacia mi casa.

No dice nada pues está bebiéndose el agua que saqué de la nevera antes de salir, me lo quedo viendo. No recuerdo con precisión en que momento inicio a gustarme, de un instante a otro en mi cabeza aparecía el nombre Connor casi todo el día, creo que cuando tenía catorce me di cuenta de eso con mayor veracidad; lo miraba a él y veía a Ethan, comparaba mis sentimientos y solo podía ver a Connor de una manera diferente, de una manera romántica. Cuando cumplí los dieciséis me di cuenta que estaba perdidamente enamorado de él, solo quería estar a su lado, olerle, acariciarle y fue entonces cuando una vez mientras jugábamos video juegos nos quedamos viendo, sus mejillas se sonrojaron y le hice la confesión que cambió todo.

Con exactitud le dije: «estoy enamorado de ti».

Se le tomó varios minutos procesarlo, no decía solo bajó su mirada y esperé por el rechazo, mas no pasó, solamente asintió.

Me respondió: «también lo estoy de ti».



Danparamo

Editado: 23.08.2019

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