Crónicas de los Brujos 3.5

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Capítulo 11. Brujo natural.

CONNOR

—Imposición natural. —Mi magia se levanta y detengo las ramas, Trent desaparece y reaparece al lado de la chica, pretende golpearla, pero una rama proveniente del tronco y lo agarra de un pie arrojándolo hacia el piso.

—No tienen lo necesario para enfrentar a una bruja nivel coronel. —Se burla con demasiada sobrades—. Voy a eliminar tu innecesaria existencia —me espeta.

—¿Qué te he hecho? —pregunto con molestia, uso mi magia para eliminar el agua de las raíces que estoy deteniendo, así se tornan solo cascarones.

—Tu sola existencia supone un problema. —No entiendo que rayos le he hecho a esta mujer—. La labor que me asignaron es eliminarte —crea una esfera de fuego en su mano, de igual modo la dispara hacia mí sin contemplación.

—Tentáculos de arena. —La magia de Trent va a por la mujer, haciéndola apartarse de la furia de mi cuñado. Cuando tengo la flama muy cerca, reacciono con el respaldo de la mano golpeo el fuego y desvío el ataque hacia el suelo, creando una explosión y un hueco en la tierra.

—No pienso dejar que me mates. —Tampoco pienso morir sin casarme, he esperado por eso demasiados años. De pronto hombres van apareciendo cerca de nosotros, me asombro al verlos; todos llevan esas máscaras raras de la otra noche. Retrocedo, Trent se libera de la raíz cortándola con sus garras, aparece a mi lado para ver a todos.

—Son muchos —gruñe mi amigo y se pone en cuatro patas—. Me quedo con los hombres, ¿puedes con la mujer?

—Claro que puedo, voy a enseñarle que nadie intenta asesinarme antes de mi boda.

—Así se habla. —El pelo de Trent crece rápidamente, su cuerpo cambia rompiendo la ropa. Un gato enorme con un cuerpo aerodinámico, garras largas blancas, colmillos puntiagudos, ojos verdes y orejas sensitivas más sus tres colas con cascabeles es lo que queda parado a mi lado.

Gruñe agresivo, acto seguido va hacia por los hombres quienes empuñan sus armas, le disparan algunas flechas pero su grueso pelaje las repele sin problema; usa sus colas que se extienden y alargan para atrapar a varios de ellos, los destripa como si fuesen de gelatina, dándome un poquito de asco. No le presto más atención para fijarme en la mujer que me ha amenazado, introduce su mano en el tronco de un árbol, de modo semejante saca una espada de madera de este a la par pongo mi pierna derecha delante y un poco más atrás mi izquierda.

—Voy a eliminarte, niñato. —Corre hacia mí, también voy hacia ella.

Ase su espada con intención de herirme, me inclino y le doy un puño en todo el vientre, uso mi magia dejándola circular por mi brazo, así mismo el golpe la estampa contra un árbol mientras me repongo del ataque. Repentinamente mi cuerpo es apartado, caigo de cabeza contra un matorral, como puedo acomodo mis manos para levantarme, al levantar la cabeza me encuentro con un hombre que tiene una pequeña gema negra incrustada en su frente, pone su mano en forma de araña, me eleva unos metros en el aire y me arroja contra un tronco.

Caigo de espalda, se me sale un poco de aire asimismo entrecierro un ojo.

—Parece que el príncipe Bastientes no es tan fuerte como lo hacen creer. —Mi entrecejo se junta al tiempo que percibo mi espalda hormigueando de dolor.

—¿De qué habla? —me levanto, mi camiseta está rasgada y de mi cabeza brota sangre.

—Admon, no interfieras. —La chica crea otra espada, junta las dos para darle forma a una esfera de fuego, igualmente la dispara en mi contra.

Levanto la mano, suspendo la esfera en el aire y las desvío hacia la izquierda.

—Venga, siempre he querido luchar contra un Bastientes —repone él, quejándose como si esto fuese una competencia.

—No soy un Bastientes. —Me pongo en pie con un poco de dificultad.

—Claro que lo eres, eres el heredero mayor de Lady Helena de Bastientes. —El sujeto suspende varias rocas de gran tamaño—. Por eso debemos eliminarte.

—Y si tu lindo novio de ojos hazel interfiere, lo eliminaremos también. —Mis puños se forman.

—¿Quiénes se creen para amenazar a mi Zac? —la energía natural brota de mi piel, las rocas enemigas vienen hacia mí, sin pensarlo si quiera mis raíces aparecen y rompen las piedras, volviéndolas añicos—. Nadie va a ponerle una mano a mi chico.

Corro hacia ellos, ellos no tardan en venir hacia mí. Golpeo a la chica con la palma abierta, la madera de sus espadas toma vida y pequeñas raíces rojizas salen de esta para someterla por mi voluntad.

El hombre me propina un golpe en todo el rostro, respondo de la misma manera dándole uno en toda la comisura del labio, comenzamos a impartirnos golpes, sus ojos brillan de color morado, los míos se encienden en un tono verde selva. Me atrapa de los hombros en un segundo y me pasa por sobre su cuerpo para aventarme contra un tronco. Extrae una espada de su pierna y sin que pueda moverme la clava en mi hombro impidiendo que me mueva, haciendo que gima de dolor.



Danparamo

Editado: 18.08.2019

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