Crónica de un amor perdido

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CAPÍTULO 1: Una vez tuve un chico, o debería decir, él me tuvo a mí.

 

“She asked me to stay,

And she told me to sit anywhere,

So I looked around…

… And when I awoke I was alone

This bird had flown

So I lit a fire

Isn't it good, Norwegian wood?”

10 de Diciembre del 2015. 

Eran las 6 de la tarde, y yo, como todos los días, había salido rumbo a la panadería, en casa se acostumbraba a cenar siempre a las 6:30 en punto, e ir a comprar pan baguette y café recién molido se volvió casi una tradición y parte de mi rutina diaria.

Ese día me había retrasado un poco, por quedarme a ver algunas chucherías en una tienda de antigüedades de mi ciudad, aquel negocio era nuevo por esos lares y su aspecto lúgubre y oscuro llamó demasiado mi atención.

Ya eran más de las 6 y yo aún me encontraba a mitad del camino, cruzando un pequeño parque que se encontraba a unas 5 cuadras de mi casa.

"Mamá me va a matar" era lo único que pensaba en ese momento mientras corría apresurada por el caminito formado con pequeñas piedrecitas de río,  tanta era mi desesperación por llegar a casa que sin darme cuenta tropecé con alguna rama sobresalida de los árboles y caí de rodillas sobre aquellas piedras, que sin dudarlo un segundo se clavaron rápidas en mi piel.

Tanto fue el dolor que sentí que me quedé allí, inmóvil, tratando de mantener el pan lo más lejos posible del suelo. La gente que pasaba por allí me miraba incómoda, como si no supiesen si acercarse a ayudarme sería correcto. Pero la vergüenza pudo más que el dolor, me levanté evitando mirar mis rodillas, me sacudí el vestido y fui a sentarme en la banca más cercana, me incliné un poco para ver el daño y traté de limpiar un poco las heridas, ya que todavía había tierra y pequeñas piedras adheridas a mi piel.

—¿Estas bien?

Una sombra me cubrió.

—¿Eh? —Alcé la mirada y tuve que entrecerrar los ojos a causa del sol.

—Vi lo que pasó ¿Te encuentras bien? —repitió.

Tuve que hacer mucho esfuerzo para lograr distinguir bien a la persona que se encontraba parada frente a mí, ya que los rayos del sol (que estaba a punto de ocultarse) me daban directamente a la cara.

Era un chico, de cabellos ligeramente ondeados y piel blanca, sus ojos color avellana clavados en mí me dejaron sin habla.

—Sí, es-estoy bien. —Pude decir apenas, sentí que mi voz salió ligeramente más aguda de lo normal.

Aquel muchacho se agachó frente a mí y revisó con suma concentración mis heridas.

—No es nada grave; —Sonrió con alivio y se sentó a mi lado. Yo seguía muda —; perdona si te sorprendí.

—¿Ah? No, es solo que… me agarraste desprevenida. —Sonreí nerviosa.

—¿Te asusté?

—No, no, lo que quiero decir es que… bueno… eres un extraño. —Le dije, bastante apenada, sentía que poco a poco la sangre comenzaba a subir hasta mis mejillas.

—Daniel, —dijo, extendiendo su mano hacia mi —, un gusto…

—Kate. —completé respondiendo su gesto. En el momento en que nuestras manos se unieron un extraño escalofrío recorrió todo mi cuerpo, lo que hizo que lo suelte enseguida. De nuevo sentí como mi rostro fue adquiriendo color.

—Muy bien, ahora ya no somos extraños. 

Lo miré con recelo y pude contemplar su rostro con más detalle, tenía ojos grandes y las pestañas largas y rectas, nariz pequeña y labios bien formados. Era por mucho el muchacho más atractivo que había visto hasta ahora.

—Así parece. —Le sonreí torpemente.

—Y bien, Kate ¿Eres nueva por aquí? no te había visto antes —preguntó, sacando un par de caramelos del bolsillo de su chaqueta.

—No, he vivido aquí toda mi vida, —Le respondí, tomando el caramelo que me ofrecía —, gracias.

—¿En serio? Que raro que no te haya visto nunca, aunque ahora que lo pienso, tu rostro se me hace extrañamente familiar. —Se acercó más y me miró entrecerrando los ojos, como inspeccionándome. Por acto reflejo me deslicé en la madera creando un poco más de distancia entre nuestros cuerpos, no sabía porqué pero su sola presencia me ponía nerviosa en extremo.

—¿Si? Tal vez nos hemos cruzado antes en algún lugar, digo, esta ciudad no es tan grande. —Me encogí de hombros tratando de restarle importancia al asunto, pero la verdad era que, si me hubiese topado antes con tal angelical rostro no lo habría podido olvidar.

—Puede ser. —dijo, dubitativo —. A todo esto, ¿A donde ibas con tanta prisa? Si no es indiscreción.

—Oh, iba a mi casa, es que allá acostumbramos a cenar… —Entonces recordé que era lo que hacía antes de mi encuentro con el hermoso ángel —. No... —susurré llevándome una mano a la cabeza.

—¿Acostumbran a cenar…? —preguntó confundido, por la segura expresión de aflicción que yo tenía en el rostro.

—Perdona; —Me puse de pie tomando mis cosas —; tengo que irme, ya me tardé bastante y de seguro deben estar preocupadas en casa.



Sol Dolorier

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En el texto hay: traicion, obsesion, romance

Editado: 17.07.2019

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