Crónica de un amor perdido

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CAPITULO 2: Pregúntame por qué.

“I can't believe it's happened to me,

I can't conceive of any more misery,

Ask me why, I'll say I love you,

And I'm always thinking of you”

 

23 de Diciembre del 2015.

Sonaba “Ask me why” en mis audífonos, y yo tarareaba aquellas letras mientras volvía de la academia.

Esas dos últimas semanas habían sido bastante extrañas en cierto modo, no solo por el hecho de que, desde el día en que conocí a Daniel se volvió rutina encontrarnos diario en aquel parque y platicar por horas, sino también por el hecho de que comencé a sospechar algunas cosas (casi sin sentido, o al menos eso quería creer) debido a pequeños sucesos en el transcurso de estas dos semanas, he aquí el más importante:

La noche que Lety vino a mi casa y le conté todo lo sucedido con Daniel; Emma, mi hermana, estuvo escuchando todo desde la cocina, lo cual no me extrañó para nada. Salió eufórica a hacerme un montón de preguntas sobre él, a lo que no pude contarle mucho puesto que yo tampoco sabía más que su nombre. Lo que me dejó pensando toda esa noche fue este trozo de conversación:

—¿También se llama Daniel? —Me preguntó ella, bastante intrigada.

—¿También? ¿Quién más se llama así?

—Paul, su segundo nombre es Daniel, que casualidad que nuestros chicos se llamen casi igual. —dijo con una gran sonrisa, y los ojos le brillaron —. Pero bueno, —Manoteo en el aire —, ¿Te verás otra vez con él, Kate? —inquirió, cambiando totalmente la expresión pensativa de su rostro, y mirándome con ojos acusadores.

—No estoy segura. —Le respondí.

Esa noche no pude pegar los ojos, por más que lo intenté la teoría de que Daniel podría ser Paul no me dejó dormir. Pero al cabo de muchas horas pensando y ya con la luz del sol entrando directo por mi ventana llegué a la conclusión de que mi teoría sería imposible y que no valía la pena gastar mis energías pensando en algo tan tonto. Porque eso era, una tontería.

Iba pensando en todo esto mientras las canciones de The Beatles aun sonaban en mis audífonos, llegué a mi casa y tiré todas mis cosas sobre la cama, ese había sido el último día de clases y me sentía bastante relajada. Después de almorzar y tomar un baño llamé a Keisy para platicarle sobre la cena del día siguiente, cada año celebrábamos navidad en una casa distinta, y este año tocaba en la mía.

—No creo que el ponche sea una buena idea esta vez, recuerda lo que pasó con Diana el año pasado, no le vendrá bien. —Me decía, haciendo alusión a la intoxicación que tuvo Diana por exceso de ponche el año anterior.

—Cierto, no me recuerdes eso, me niego a pasar otro 25 cuidando de ella todo el día —Le dije riendo.

—Sí bueno, ponche descartado.

—Me parece bien. —Taché eso en la lista de lo que prepararíamos para la cena navideña.

—Oye Kate, ¿Daniel ya te invitó a salir? —preguntó de repente, haciendo que se me caiga el pequeño cuaderno de las manos tan solo de los nervios que me entraron al escuchar ese nombre.

—¿Qué? Claro que no, y tampoco espero que lo haga, además lo veo diario, no necesito que me invite a salir. —Le dije un tanto incómoda, y recogiendo mi cuaderno del piso.

—¡Oh vamos! me refiero a una cita real Kate, una cena romántica, caminar por la playa una noche de luna llena o qué sé yo.

—Ay Keisy ¡Por favor! —Le dije en una risotada —. Definitivamente estás leyendo muchas novelas, esas cosas no pasan en la vida real, —Me tumbé en mi cama —, además, —Continué —, Daniel y yo nos llevamos muy bien como amigos, y no quiero que eso cambie, así estamos perfectos. —Terminé de decirle, aunque muy en el fondo sí esperaba que algo así me pasara, lo soñaba todas las noches. Sí, guardaba muchas esperanzas.

—Eso dices, pero la verdad es que no te creo nada.

—Bueno, como sea, tengo que ir a seguir haciendo mis cosas, ¿hablamos luego?

—Claro, y piensa en lo que te he dicho.

—Sí, sí, lo que digas, adiós.

Colgué la llamada y me quedé en mi cama, pensando.

En realidad yo sabía muy bien que Keisy tenía razón, pero por algún motivo me costaba mucho aceptarlo. Claro que quería que Daniel me invite a salir en una cita real, eso de caminar en la playa bajo la luna llena no había sonado nada mal, pero había algo dentro mío que me gritaba que algo no andaba bien, tenía muchas dudas acerca de él porque casi no sabía nada de su vida, solo que vivía cerca al parque, que iba a la universidad por las mañanas (no me dijo ni a cual ni qué carrera, tampoco pregunté) y que le gustaban mucho los días soleados y los perros. Digamos que una no puede saber mucho de una persona solo con esos detalles. Pensaba que tal vez era por eso la sensación de desconfianza o recelo que sentía hacía él desde el día que lo conocí.



Sol Dolorier

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En el texto hay: traicion, obsesion, romance

Editado: 17.07.2019

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