Crónica de un amor perdido

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CAPITULO 3: Ve con ella.

“Anna

Girl, before you go now,

I want you to know, now,

That I still love you so,

But if he loves you more,

Go with him”


El corazón empezó a latir muy rápido dentro mío mientras trataba de mantener la cordura, pero, ¿Por qué sentía todo esto? ¿Acaso mis amigas tenían razón y realmente me había enamorado de Daniel?, ¿Sería posible?, sea como sea tenía que mantener la calma, pensé que tal vez solo era su amigo y que lo invitó a pasar la navidad en casa, entonces recordé lo que Daniel me había dicho un día antes: “creo que me invitarán a pasar la noche buena en otro lugar”, eso sirvió para calmarme un poco, ya que si de verdad eran novios como lo sospechaba, las palabras de Daniel hubiesen sido algo como “creo que pasaré la noche buena en casa de mi novia”, pero no fue así. Bajamos y nos paramos frente a ellos. Busqué la mirada de Daniel, pero este me evitó en todo momento.


—Hola. —saludó Keisy muy alegremente al ver que yo no emitía sonido alguno, Diana y Lety siguieron su ejemplo.

—Hola chicas, quiero presentarles a…

“Mi amigo, mi amigo” repetía en mi cabeza.

—¡Emma, qué bueno que estés aquí! —Interrumpió mi madre bajando las escaleras, moriría de un infarto.

—Hola mamá, me da gusto verte —dijo Emma con una sonrisa de oreja a oreja, los ojos le brillaban de un forma que jamás había visto.

—Igual hija, ¿Y quién es este muchacho tan apuesto? —preguntó mi madre dirigiendo toda su atención hacía Daniel.

—Mamá, querida hermana y amigas, les presento a Paul, mi novio.

Todo mi mundo se vino abajo en el momento en que escuché aquellas palabras, no quise creer lo que acababa de oír, el estómago se me revolvió y me dieron unas ganas tremendas de vomitar, cubrí mi boca con mis manos y sin decir palabra alguna salí corriendo hacia el baño. Ya estando allí y al haber terminado de calmar mis nauseas me miré al espejo, me veía… ¿triste?, no entendía absolutamente nada de lo que me pasaba, jamás en mi vida había experimentado esas raras sensaciones que en ese momento sentía, ¿Amor? No lo creía, pensé que tal vez solo fue la impresión de enterarme de esa forma tan horrible de la relación de Daniel y mi hermana. Me lavé la cara, respiré hondo y luego de unos segundos de meditación salí del baño.

—¡Lety! —Pegué un pequeño salto al verla parada en la puerta del baño.

—Kate, ¿Estás bien? —Me miró afligida.

—No lo sé. —Largué un suspiro.

—Tampoco me lo puedo creer, —Se llevó una mano a la frente —, ¿él no te dijo que tenía novia?

—No, nunca le pregunté. —Me encogí de hombros, resignada.

—De todas formas creo que tuvo que decírtelo. —Me acarició un hombro —.Será mejor que regresemos a la sala, nos dejaste muy preocupados a todos.

—Sí, esta bien. —Musité.

—Tranquila Kate, todo irá bien. —Me decía mientras entrabamos a la sala.

Para esto todos se encontraban sentados en los muebles conversando amenamente, al momento de entrar todos quedaron en silencio y me miraron preocupados, incluyendo a Daniel.

—¿Estas bien? —susurró Diana cuando me senté a su costado.

—No, hablaremos luego —respondí.

—¿Pasa algo chicas? —preguntó Keisy susurrando.

—Luego les cuento.

—Bueno —musitó ella enderezándose en su lugar.

Mi madre, Emma y Daniel siguieron con la charla de las típicas preguntas “¿De dónde eres? ¿Cuál es tu edad? ¿Vives con tus padres? ¿En qué trabajas?”, al parecer Daniel respondió satisfactoriamente a todas estas preguntas ya que a mi madre se le notaba muy a gusto, mientras que yo luchaba conmigo misma por no prestarle atención, por hacer como si nada pasara, me estaba esforzando mucho en tratar de parecer serena, aunque me haya estado muriendo por dentro. Pensaba en que, en ese pequeño lapso de tiempo había podido saber más acerca de la vida de Daniel que durante las semanas que nos estuvimos viendo, no pude evitar hacer notoria mi incomodidad en la expresión de mi rostro.

Daniel por su parte parecía muy tranquilo, hablaba con tal confianza que ningún presente habría podido sospechar que ocultaba algo, que nuestro secreto habitaba escondido entre aquellas palabras que salían de su boca con total sutileza. ¿Eso era no? ¿Nuestro secreto? Tal vez le estaba dando demasiada importancia a algo que realmente no se la merecía; digo, nos conocimos de casualidad, nos volvimos buenos amigos y ambos ignorábamos el hecho de nuestra relación con Emma. En mi cabeza no parecía tan difícil de explicar, por qué sí, estuve considerando el hecho de contárselo a mi hermana.



Sol Dolorier

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En el texto hay: traicion, obsesion, romance

Editado: 17.07.2019

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