Crónicas de Alta Magia: Aprendiz de Bruja

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Capítulo 1: Paranoia.

Abrió los ojos de golpe. Las voces habían desaparecido y lo único que escuchó era el sonido insoportable de su despertador. Eso le recordó que estaba en el mundo real, y no los trágicos sueños que ocasiona su mente.

Se sentó en la cama, tomó su celular para ver que eran las 06:45 de la mañana. Se levantó para darse una rápida ducha, luego se vistió lo más rápido que pudo para ir a la Universidad.

La vida de Sabina Miller era bastante simple, se dedicaba a pasar tiempo con su familia e ir a estudiar. Pues era la clase de persona que prefería quedarse sola, sumida en sus vagos pensamientos, más que en ir a divertirse en las mismas actividades que el de sus pares. Algo que nunca le había molestado, salvo por el hecho de sentirse extraña una que otra ocasión. Pese a ello, no le daba la importancia que merecía.

Apoyada sobre el vidrio empañado de una de las ventanas del metro, Sabina sintió como su frente comenzaba a sudar mientras que su estómago reclamó por comida. Con una mueca se recordó que jamás saldría de casa sin desayunar. Estaba pensando en los sándwiches que su padre le preparaba junto con el chocolate caliente que se llevaba en un termo para beberlo en el camino, su cuerpo emitió un rugido.

Había olvidado parte de su rutina diaria por culpa de su reciente pesadilla. La voz del hombre de su sueño siguió en su cabeza desde que despertó, aun queriendo olvidarla. Jamás había pasado por algo así, y los sudores fríos aún se mantenían en su debilitado cuerpo.

Cuando salió del metro, a pasos de su casa de estudios decidió comprar un pequeño pastelito y un vaso de café bien negro. Luego entró al Baliol College —uno de los campus que posee la Universidad de Oxford en el Reino Unido— y se encontró con sus compañeras de estudios, chicas que conoció durante su primer año.

—¿Cómo estuvo tu fin de semana? —preguntó la primera de ellas, llamada Belinda, que usaba un vestido de lana acompañado por unas medias y botas oscuras junto con bello abrigo. La chica era alta y delgada, con el cabello ondulado de color castaño, era tan hermosa que a Sabina siempre les recordaba a aquellas pinturas antiguas de la época del renacimiento.

Belinda, le dió un cálido abrazo a su llegada.

Belinda Dawson había sido una de las primeras personas con las que ella habló al llegar a la universidad. Se hicieron amigas de inmediato y compartían la mayor parte del tiempo juntas. Belinda –Linda- era una muchacha amable y empática. Admirada por su capacidad de ser una chica siempre disponible para ayudar a otros, con buenos consejos todos terminan agradecidos de su existencia. Linda era experta en decir lo que realmente se quería escuchar, como si ella fuese capaz de leer los pensamientos.

—Estuvo bien. Gracias, Linda —contestó ella separándose, para después dar un gran sorbo a su vaso de café cargado.

—¡Oh, vamos! —manifestó Madeleine LeBlanc, quien botó levemente con sus dedos las cenizas que caían por su cigarrillo—. ¿A poco no tienes nada para contar?

—No, no realmente —dijo Sabina—. Sólo no he dormido bien.

—Bienvenida a la universidad, querida —dijo Madeleine botando el cigarro y lo apagó de una pisoteada en medio de la acera—. No puedes tener una vida normal cuando estás metida en esto.

—Siempre se puede hacer algo divertido, loca amargada —reprochó Alex Clark, mientras le quitó el bolso y lo tiró al suelo para después correr despavorida por los pasillos antes de entrar a clases. Madeleine pegó un grito enfurecida, pues cayó en su juego de ir en su búsqueda para vengarse.

Alex y Madeleine se conocieron por accidente, o al menos eso quería pensar Sabina cada vez que las miraba juntas. En su primer día, ambas iban tan aceleradas llegando a clases que chocaron la una con la otra. Discutieron a medida de insultos hasta que uno de los profesores les dio una charla de cómo mantener la cordura en Oxford.

—Será mejor que vayamos por ellas. Antes que se metan en problemas —dijo Linda y sonrió.

Sabina sabía que las actitudes de Madeleine LeBlanc y Alex Clark daban bastante que desear de las costumbres británicas. De todos modos, ninguna de las dos lo era: Madeleine era descendiente de un antigua familia francesa y Alex era una norteamericana transferida por el trabajo de su madre.

Linda y Sabina, en aquel día, salieron de la biblioteca —después de una fructífera charla de literatura latinoamericana—, cuando se encontraron con el profesor regañando a Madeleine y Alex, con medio pasillo de estudiantes que observaron el escándalo pensando que era la nueva pelea del siglo después de Batman contra Superman.



xwondervan

Editado: 01.01.2019

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