CrÓnicas De Un Sufridor ContemporÁneo

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PARA QUÉ HACER MALETAS

Quiero ser feliz pero me cuesta,

y si la vida es una montaña rusa sigo en la cuesta.

Desde que nací esperando la emoción de una caída

que me saque de esta rutina anodina.

 

Vivo en una ilusión indefinida:

el consuelo de este infierno es una tierra prometida,

no hay espacio en mi cordura para más mentiras

ni lugar en mi locura para nuevas perspectivas

 

¿Y ahora quien me cura? no hay sutura para heridas

de corazones de símil y bilis ennegrecida

¿quién va a tejer costuras que unan un alma partida?

si a determinada altura no sirve el paracaídas.

 

El impacto es inminente, huelo la muerte

y no creo que haya un más allá que me permita verte,

nunca saboree el amor ni se lo que se siente;

con tal de hallar calor abrazaría a un carbón candente.

 

A veces es mejor morder hasta perder los dientes

que atormentar la memoria con un pudo permanente.

El cobarde vive más y menos que el valiente

por que el tiempo no mide una vida sino los instantes.

 

Y todo lo que quise ser se esfumo

y ahora solo queda el humo de una infante combustión,

he demolido cada pieza de mi construcción,

todo lo que fui en su día es una guía hacia el error.

Me descompongo tras otra composición,

así funciona la relatividad del dolor

me obliga a relatar el malestar hasta sacarlo

por eso escribo de noche y de día hasta el hartazgo.

 

Le dije a mi anterior yo… largo

y aún sigo siendo un prisionero del letargo,

de la desidia y la aceptación del amargo,

por más que trate de cambiar persistirá ese "algo".

 

Porqué este ahorcado ya dejo el halo colgado

en la muerta rama de su árbol de sueños disecados,

quemaré cada partícula que me hubo conformado.

Tu bondad suena ridícula en la risa del malvado.

 

Ya no quiero ser la presa pero me siento cansado

para cometer empresas de cambios desesperados,

estas vistas me muestran un futuro más que claro,

nunca he sido un derrotista sólo he sido derrotado.

 

Y tal vez mi libertad se encuentra en forma de disparo

y la única forma de escaparse sea dejar de lado

todo lo que he percibido y construido con mis manos,

las cosas que he imaginado y las pocas que he tocado.

 

¿Qué importa ya un legado? si estoy cayendo en picado

¿Qué importa el mundo para quienes no lo veamos?

Que más darán los recuerdos si un día serán olvidados;

para que hacer las maletas si sabemos que nos vamos.

 

El cielo es negro visto desde el otro lado,

jugamos con la arena que a otros tantos ha enterrado,

sólo sabe de la vida quien perece

ya que si apagas las velas el color desaparece.



Ripxon

Editado: 22.11.2018

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