Crónicas del G.A.M.E.R.

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Prefacio

Prefacio

 

El click de un interruptor siendo accionado dio paso al zumbido de los fluorescentes encendiéndose e interrumpiendo el silencio en las viejas instalaciones. Las paredes estaban ocultas de arriba a abajo tras grandes estantes, todos repletos de routers, módems y demás aparatos electrónicos conectados entre sí, que en su día daban sustento a la gran red cibernética de todo un país. Sin embargo en la actualidad no eran diferentes a ser tratadas como simples ruinas. Su abandono se evidenciaba en la tierra y el oxido que se mesclaban sobre las superficies metálicas, en cables que aun se sostenían a sus conexiones y en alguno que otro insecto que corría a ocultarse de la nueva presencia que había encendido las luces y ahora se movía entre las viejas instalaciones de trabajo.

Su silueta alta y su paso firme se vieron momentáneamente iluminados antes que las luces comenzaran a titilar y se apagaran sumiendo el lugar en sombras otra vez. Pero al visitante no le importaba. Las había encendido por mera curiosidad. Solo continúo dejando sus huellas en el polvo del suelo antes de detenerse frente a un viejo computador al fondo del lugar. Estiro su mano solo para tantear el teclado y el mouse, así como por la pantalla dejando tres cortas líneas sobre el polvo. Su toque era suave, si alguien pudiera observarle podría pensar que era temeroso o confundido. Pero no: era nostálgico. Con todo no tenía tiempo para pensar en el pasado. Rebusco entre su mochila hasta sacar un par de destornilladores, algunos aparatos y de inmediato se puso a trabajar. El proceso fue algo largo, pero finalmente el viejo monitor se encendió  iluminando el rostro del técnico:

-Cargando...-Leyó en la pantalla, su vos ahogada por un pañuelo y sus ojos cubiertos por gruesos visores del tipo que se solían usar para esquiar. Cuando finalmente el ordenador termino de procesar el archivo que buscaba este disparo un video.

-Hola...-La fecha marcaba veinte años atrás y mostraba a un muchacho, entre los dieciocho y los veinticinco años tal vez. Lucia agitado, ojeroso y mentalmente extenuado. Sin embargo parecía obligarse a hablar frente a la cámara-Ey, mi nombre es Adlay. Solía tener un apellido antes-Dijo mientras presionaba el puente de su nariz con los dedos al tiempo que cerraba los ojos-Tal vez estés confundido. Perdón yo... Esa maldita cosa sigue en mi sistema-Frente al monitor el espectador apretó sus puños-Provengo del año 2021. Mas exactamente del quince de agosto a las dieciocho con treinta. Sé que parece difícil de creer y mas porque debes estar diciendo algo como “Ey pero eso fue hace como chorros cientos mil años”-Agrego haciendo una sonrisa forzada de aspecto un poco demente-Tienes razón pero, seas quien seas, si estás viendo esto...-La imagen se congelo y el sonido se distorsiono unos segundos-... me robaron eso también. Por suerte logre ponerlo todo en un archivo. Léelo. Si estás viendo esto es porque-La transmisión cada vez se interrumpía con más frecuencia-Y por favor recuerda...

Cuando la transmisión se vio cortada de golpe y un corto circuito apago la única fuente de luz en toda la estancia el extraño visitante dio su visita por concluida. Extrajo el disco duro del viejo CPU y lo guardo en su mochila. Y aunque la fuente de poder estaba muerta así como la memoria del computador, de alguna manera el monitor aun seguía encendido mostrando una y otra vez, en caligrafía oriental, occidental e incluso cuneiforme, en diferentes idiomas un único mensaje:

 

NO CONFÍES EN LOS GAMERS.



T. C. Penwolf

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En el texto hay: gamer, aventura epica, realidad virtual

Editado: 24.06.2019

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