Crónicas del G.A.M.E.R.

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Capítulo 1

Capítulo 1:

“Julio 17 2020-¿Conferencia?”

 

La alarma en el despertador seguía sonando mientras que un muchacho rebuscaba apresurado en el cajón por un par de calcetines limpios mientras, además del molesto ruido de la alarma también escuchaba la vos de alguien más llamarlo a gritos desde el pasillo:

- ¡Ya voy!-Bramo mientras se colocaba los calcetines, de paso sea dicho dispares.

Al igual que todas las mañanas Adlay debía vestirse raídamente y desayunar el doble de rápidas, o envolver la comida en una servilleta y llevársela. Eso si era que quería alcanzar a su madre en la vieja camioneta de la familia para que lo llevara hasta la ciudad. Si no, era una hora la que debía esperar en una parada de autobús atestada de gente ruidosa, algunos cargados de costales mal olientes o incluso con animales, como gallinas o gansos. Corrió desde la cocina a la entrada, por las tablas del viejo pórtico de la casa hasta lograr subirse a la parte trasera de la camioneta, aun con una tostada en la boca y su chaqueta puesta al revés. Su madre solo negó con la cabeza a la vez que arrancaba el motor, viéndolo a través del espejo retrovisor desde el asiento del piloto. Puso el auto en marcha y comenzaron su camino hasta la ciudad. El viaje solía llevarles poco tiempo gracias al escaso tráfico de las mañanas. Pero eran al menos veinte minutos que debían pasar en un tenso silencio, los cuales Adlay invertía en mirar a través del vidrio un paisaje que ya conocía de memoria. Los campos de cultivo separados por cercas sencillas, algunas de madera y otras de simple alambrada; algunos jóvenes caminaban calzados en sus botas para lluvia, arreando el ganado o simplemente caminando a los campos donde trabajaban. Sabía que no debía mirar al frente, porque si lo hacía sin duda sus ojos se cruzarían con la mirada embargada de reproche que su madre le dedicaba solo a él. El siguiente paso en su rutina consistía en dejarlo frente a la oficina de asistencia de empleos:

-Buen día-Siempre se despedían con las mismas palabras, tanto que solo salían de sus bocas de forma mecánica. Sin importar si los deseaban realmente. Adentro debía hacer la fila, usualmente había unas treinta personas ya cuándo él llegaba. No le importaba tener que esperar, simplemente tomaba asiento y sacaba su viejo PSP. Las personas a su alrededor le miraban un momento, algunos se quedaban concentrados en verle jugar y otros perdían el interés casi de inmediato. Mientras se concentraba en conducir esquivando los zombis, la mujer del recibidor los iba llamando uno a uno para pasar con un agente distinto. Cuando finalmente logro pasar de nivel fue su turno de pasar. Mientras caminaba al cubículo 16-B guardo su partida y confirmo la hora. Las 9:18 de la mañana marcaba el reloj de su consola.

-Buen día Adlay-Había ido ya tantas veces que la mayoría de los empleados le conocían.

-Hola Helen-Se trataba de una mujer ya entrada en sus cuarenta, con un estilo de ropa en el que predominaba el rosa. Era bastante agradable-¿Tienes algo para mí?

-Los mismos de ayer-Respondió en sarcasmo la mujer.

-El lado positivo es que podes tomar mi turno como un pequeño descanso…

En un pequeño resumen, después de haberse graduado de la universidad su madre había estado presionándole para que consiguiera trabajo. Cosa que no le sorprendió en realidad. Desde un principio su elección de carrera no había sido apoyada por sus progenitores. Especialmente por su madre. Después del incidente con su hermana mayor ella había pensado que él seguiría los pasos de su familia y terminaría cultivando repollos el resto de su vida. Ahora, con un título como ingeniero programador y diseñador digital, la única esperanza que quedaba de los sueños de la familia granjera de sus padres recaía en su pequeño hermano menor.

Casi sentía pena por el pobre bastardo.

Tras su visita diaria a la oficina de empleos, se dirigió al único trabajo que había logrado conseguir por el momento: ser mesero en un café del centro. Su turno comenzaba a las diez de la mañana, justo antes de la hora de mayor movimiento del día. Tras cambiarse la ropa por su uniforme estándar de mesero salió y comenzó con su faena. Detestaba lo rutinario que siempre había sido cada aspecto de su vida. Sin importar en donde estuviera siempre debía seguir una odiosa secuencia. En su casa era siempre el mismo silencio tenso mientras hacia sus tareas y luego a su habitación; en su trabajo, ya fuera una cosa primero o después, debía atender a los clientes, traer las órdenes, limpiar los pisos y regresar a casa.

El simple concepto de rutina le provocaba urticaria. Por eso todos sus diseños, los juegos que había creado, incluso sus gifs más simples, todos rompían con la cotidianidad y el sentido básico de lógica en cualquier ser humano socialmente bien adaptado. Por desagracia su grupo familiar, y el resto de personas en general, no apreciaban su estilo y hasta en algunas situaciones, como cuando colocaba su nombre a su trabajo, ya era suficiente como para ser despreciado. Lo cual se convertía en un problema a la hora de empezar relaciones de trabajo con alguien más. Razón por la cual había adoptado un seudónimo con el cual firmaba. Aunque su canal de internet gozaba de una buena popularidad, su vida fuera de la pantalla apenas si contaba con un puñado de conocidos.



T. C. Penwolf

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En el texto hay: gamer, aventura epica, realidad virtual

Editado: 24.06.2019

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