Crowfield: Secretos Enterrados

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Capítulo 16 Ser Arrastrado En El Bosque No Cuenca Como Ejercicio

Un soleado martes por la tarde Tom se encontraba en el parque C. Fields haciendo su rutina de ejercicios que comenzó a hacer hace pocos días, sabía que las clases empezarían en un abrir y cerrar de ojos, y con ello, los juegos de fútbol americano que empezarían a mediados de otoño así que debía prepararse. Comenzó trotando desde su casa —la cual era una distancia lejana—, hasta el parque. Ya lo había hecho antes, no era difícil para él. Más tarde se dispuso a hacer flexiones podía hacer hasta 150 si quería pero siempre le gustaba superarse y llegar más allá de sus límites. Solo descansaba por mínimo 50 segundos y aun así le parecían demasiado. Dejó las flexiones y comenzó a hacer lagartijas tantas como podía hacer. Sus brazos y manos ardían como el infierno pero debía hacerlo. 

Él tenía que ser el mejor. Y no se rendiría por nada ni por nadie. 

Cuando culminó sus ejercicios se sentó en una banca que estaba cerca de unos niños que estaban jugando con un balón. 

—Trata de superarme hermano. —le propuso un niño de shorts rojos a su hermano que usaba también un short pero de color amarillo. 

El niño de short amarillo corrió rápidamente hasta superarlo, su hermano. Tom abrió los ojos como platos, está sorprendido. El niño era muy veloz, Tom podría decir que era igual de veloz. El chico de short amarillo le quitó de forma rápida el balón a su hermano de una sola patada. La pelota fue rebotando hasta donde estaba Tom sentado. — ¡Perfecto, chicos! —los felicitó Tom. Se agachó para recoger el balón y un relámpago de dolor atravesó sus piernas. Tom tragó saliva y como pudo se levantó dándoles la pelota a los chicos. 

—Oye, niño. —llamó el al pequeño de short amarillo y éste se dirigió a su dirección. 

— ¿qué desea? —le preguntó el niño. 

Tom sentía curiosidad por el pequeño, era como si le recordara algo, o más bien alguien. 

— ¿Cuál es tu nombre? 

—P-pedro —respondió el pequeño. 

Tom asintió. 

—Sabes, eres muy talentoso —reconoció—, esa velocidad con la que corriente y delante de tu hermano. Eres rápido, y esa patada fue poderosa. —Tom se sintió como un entrenador adulando a Pedro, el cual, se sonrojó. 

—Gracias. —le dijo el niño. 

Tom colocó la mano sobre el hombro de Pedro. —Si quieres ser el mejor, lucha por ello. Entrena y superarás a quien se te atraviese. 

Pedro le agradeció y luego se despidió de Tom. Ese niño, le recordaba a él mismo de pequeño. Algo brillaba en él y Tom lo sabía, por eso le dio el consejo que su padre le dio cuando era pequeño. Si Pedro quería ser el mejor debía trabajar duro. De eso consistía. 

Pero al pasar de los años Tom entendió algo; esforzarse no sería todo lo que tenía que hacer, debía ganar en todo lo que se propusiera porque perder no le llevaría nada. Por eso, cuando entró a séptimo grado comenzó a entrenar para poder estar en el equipo de fútbol americano, y aunque al principio no lo logró se sintió un perdedor y en octavo grado entrenó aún más hasta que logró entrar. A partir de ese día el mismo creó su propio lema. 

Ser Débil Es Para Perdedores. 

Y no estaba dispuesto a ser un perdedor nunca más. 

Cuando Helena estaba en Crowfield siempre le decía cosas como: —Ya que estas en el equipo y eres popular, nuestro índice subirá más. Y Trata de no meter la pata o volverás a ser un perdedor. —Se tomaba esas palabras de Helena muy enserio. Ella se las decía a mal, pero para el eran un consejo, si cometía un error sería menos que nadie y volvería al sucio olvido. 

Pero cuando Helena desapareció, no sentía ese apoyo de nadie. La quería, era su amiga y aunque a veces ella hacia cosas injustas ella era un buena persona. Para él. Decidió que si ya no tenía a Helena como apoyo y lo haría solo, y cuando se separó su grupo le fue restando importancia porque el ya no los necesitaba. 

*** 

Media hora más tarde Tom seguía entrenando, sólo que ya no llevaba el mismo ritmo que tenía pocos minutos después. Sus piernas se sentían tensas, sus brazos estaban acalambrados, su cuerpo estaba cansado pero no quería darse por vencido. 

—Ser débil es para perdedores, Tom. —se repetía una y otra vez para darse ánimo. Él sentía como su cuerpo poco a poco le estaba fallando y sin darse cuenta se precipitó sobre el suelo. Su respiración era acelerada y a la vez le era dificultoso, sus pulmones ardían y su corazón galopaba. Están ahí en el suelo sin nadie cerca. 

Unos pasos se escucharon alrededor. 

— ¿¡Hola!? —llamó Tom. No hubo respuesta. Una rama crujió detrás de unos arbustos. — ¿¡Quién está ahí!? 



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En el texto hay: misterio, chicos, desaparición

Editado: 29.08.2019

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