Crowfield: Secretos Enterrados

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Capítulo 17 Rojo Y Corte

El miércoles en la noche Amy estaba frente el espejo de su baño, su reflejo en el espejo se veía diferente. Ella lo estaba. Tenía ojeras bajo sus ojos, parecía estar agotada; no había dormido muy bien últimamente, aquel ataque que tuvo en aquella calle, y sobretodo aquel mensaje que daba vueltas en su cabeza: 

... si le dices a la policía de nuestro juego del Gato y el Ratón, yo le cuento lo que tú y tus amigos hicieron. 

Cada sola palabra separada la una de la otra hacía que se le pusiera la piel de gallina. Tú decides. Taladraba en sus oídos, después que llegó a su casa toda sucia y con rasguños, y con su rodilla sangrando su madre la miró preocupada. 

— ¿Amy? ¿Qué te sucedió? —le preguntaba la Sra. Roberts mientras le quitaba la mugre de la cara a su hija. 

—M-mamá yo... -tartamudeaba Amy. —salí corriendo por unos arbustos. 

Amy se le salieron las lágrimas, su madre le dio un abrazo. Amy hizo una mueca de dolor cuando apoyó su pie. — ¿Qué tienes cariño? 

—Mi rodilla. Me la lastimé. 

Su madre notó como había sangre saliendo por alguna parte de la rodilla. — ¿cómo pasó esto? 

Alguien me estaba persiguiendo. Quiso decir Amy pero el mensaje que le habían enviado rondaba en su mente. Amy abría la boca pero no pronunciaba alguna palabra. 

Tú decides. 

—Caminaba por un vecindario donde un perro me persiguió. —Mintió Amy. Ella no podía decir ni una sola palabra a su madre o a alguien, porque contarían lo que ella y sus amigos hicieron. 

Luego, su madre la ayudó a limpiarse la herida y Amy procuró dormir todo lo que pudiera pero era imposible. Cada vez que cerraba sus ojos se podía imaginar el desastre que había hecho, ¿cómo pudieron hacer algo tan horrible? ¿Podían vivir con ese remordimiento? 

Helena era la respuesta. 

Ella los metió en ese feo lío pero también estuvo involucrada, fue muy comprensiva cuando todos se sentían algo destruidos, pero luego ella se fue. No supieron nada más sobre ella. Amy pensó que ella se había ido a vivir a una isla paradisíaca como lo solía pensar. 

Ella se fue y dejó a sus amigos pasar por todo. 

—Debe ser Helena. —se decía a ella misma mirando el techo de su cuarto. Casi una semana sin dormir pensando en todo eso. Su secreto, Helena, El mensaje, Amy corriendo a través de la noche. 

Corriendo por su vida. 

Su teléfono emitió un sonido haciendo que Amy saliera de su recuerdo. Por miedo ella no quiso ver que decía el mensaje. Con seguridad puede ser esa persona —si así se le puede llamar— que la seguía. Amy presentía que se trataba de una broma pesada que le estaba haciendo alguien. Helena más que nada. 

Todo calzaba perfectamente: el secreto soló se lo sabía Helena, y sus antiguos amigos. Pero ninguno de los chicos le hablaba. Sólo quedaba Helena. Pero, ¿por qué ella quería atacar a su amiga? Eso era algo que no tenía sentido. Amy se preguntaba si a sus antiguos amigos les estaba pasando lo mismo. 

Ella no lo sabría a menos que se lo preguntara ella misma en persona. 

Pero no sería capaz de eso. Ella no lo haría. Y de todos modos, ¿cómo se supone que les preguntaría? —Hola chicos, ¿alguno de ustedes ha recibido mensajes de alguien anónimo diciendo que va a contar nuestro secreto o han sido atacados por alguien? Eso sería ridículo. Probablemente la mirarían como si estuviese loca y la ignorarían... Algunos de ellos. 

Amy no podía pensar con claridad, de hecho, nada ahora parecía tener sentido. Pasó su mano sobre el lavamanos; se aproximó a tomar una tijera que estaba justo ahí, frente a ella. 

—Calma Amy —se dijo. Su mano derecha temblaba mientras sostenía la tijera—, lo has hecho muchas veces. 

Con la mano izquierda tomó un mechón de su cabello y empezó a cortarlo. Observó como aquel cabello caía al suelo y aún más segura de ella misma se propuso a cortar los demás mechones. Cada cabello que caía al suelo y al lavamanos, era su liberación. 

Luego unas imágenes se cruzaron en su cabeza: cuando Helena la reclutó en su grupo, cada cosa mala que ella enviaba a Amy a ejecutar, las personas que hirió, ella llorando por cada insulto de Helena, el secreto que guardaba con sus amigos, las noches sin dormir se revolvían en su cabeza, entonces comenzó a recordar esa noche que Helena desapareció, la pelea de sus amigos y su separación, el sentirse con miedo, el mensaje que recibió, el correr para salvarse, la sangre, su herida, el decirle mentiras a su madre. Todos querían que ella se fuera temerosa pero todo este tiempo fue valiente, fue ella, no era una cobarde. Amy no haría lo que los demás le dijeran; ni como ser o como vestirse. Era libre al fin. 

Media hora después y mucho cabello en todo el suelo Amy había terminado. Quería sorprenderse, cerró sus ojos y nerviosa abrió uno para dar una ojeada, luego abrió el otro. —No puede ser. —dijo finalmente. Se veía hermosa, su largo cabello ahora se encontraba a la medida de su cuello, a excepción de los dos principales mechones que colgaban hasta la base de sus hombros. Había quedado muy bien para haber sido cortado por ella misma. Era un corte que siempre había querido hacerse pero Helena se negó: 



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En el texto hay: misterio, chicos, desaparición

Editado: 29.08.2019

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