Crowfield: Secretos Enterrados

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Capítulo 24 Lo Que Se Cocina En El Casillero De Amy Roberts

Ese mismo día en Crowfield High, Amy salía el aula 9-E después de una floja mañana viendo Matemáticas con la Srita. Moore, la cual, era una de las clases más largas y aburridas que podía tener. El timbre rugió en toda la secundaria haciendo que el mar de estudiantes saliera de las aulas, inundado los pasillos.

 

— ¡Oye Amy! —llamó alguien detrás de ella. Era Kenneth.

 

Amy comenzó a apresurar el paso. Ella estaba tratando de evitar a Kenneth pero este parecía no rendirse, el día anterior la siguió casi de camino a casa; algo estaba perturbando de gravedad a Kenneth para que hiciera eso, lo cual era muy extraño en él.

 

— ¡Ya basta Kenneth! —le dijo Amy sin siquiera detenerse. De pronto su amigo la tomó por el brazo haciendo que ésta dejara caer torpemente los libros al suelo. Kenneth la liberó del amarre y se arrodilló para ayudarle a recoger sus cosas.

 

—Cuanto lo siento Amy, toma. —les dijo apenado Kenneth entregándole los libros pero su amiga se los arrancó de las manos.

 

Amy sólo le asintió, luego añadió: —Kenneth, sé que lo que nos está pasando es algo de lo que debemos hablar pero, no sé, no me siento preparada para hablarlo. Por eso te pido que dejes de presionarme, por favor.

 

—Pero Amy... —la voz de Kenneth se fue apagando, luego se levantó dándole un pedazo de papel a Amy— Está bien. No te voy a perseguir ni presionarte, sólo pensé que como ese día me hablaste y recibimos aquel mensaje... Y sé que Alice, Tom y a los demás les llegó el mismo texto, porque algo en mí está seguro de eso, creí que estarías de acuerdo conmigo en hablar con ellos.

 

—Toma, éste es mi número de teléfono por si quieres hablar conmigo de eso... Y de estar segura de hablar con los otros. Yo no puedo solo. —le entregó el papel y se retiró por el pasillo.

 

Amy se sintió terrible después de eso. Su amigo Kenneth quería arreglar las cosas y ella sólo lo rechazó, como lo haría Helena. Observó a su antiguo amigo Kenneth desaparecer por el mar de gente; caminó hacia su casillero y desbloqueó el candado usando la combinación que se sabía desde hace muchos años y luego lo abrió.

 

— ¡Oh, mi Dios! —exclamó Amy. Quiso gritar pero no podía, el miedo la había paralizado por completo dejando caer de nuevo sus libros al suelo. Miró a su alrededor pero ya nadie estaba en el pasillo.

 

Un ruido se escuchó a una distancia cerca de ella, Amy se giró y vio una figura vestida de negro que se alejaba corriendo hasta desaparecer en la lejanía. ¿Qué diablos era esa cosa? De pronto ella recordó aquella noche; en la que corría por salvarse de alguien que la perseguía, todo a su alrededor comenzó a dar vueltas y sin pensarlo dos veces ella cayó arrodillada al suelo y se arrastró hasta el muro pegando su espalda con él y respirando profundamente para evitar vomitar.

 

Con sus manos temblorosas; tomó el pedazo de papel y en su teléfono marcó el número de Kenneth. —H-hola Kenneth. —la voz de Amy se quebró, todavía sentía su boca temblando del miedo.

 

—Hola Amy, ¿Qué sucede? —Kenneth notó la voz que algo le sucedía a su amiga.

 

— ¿podrías venir un momento?

 

—Si Amy, ¿dónde estás? —preguntó asustado Kenneth. Su amiga estaba algo ida, no había escuchado cuando su amigo le preguntó. Ella no apartaba la vista de aquello que la sorprendió, su corazón latía muy rápido, Amy no podía creer lo que estaba pasando. — ¿Amy? ¿Dónde estás? —le repitió Kenneth.

 

—En el pasillo, frente a mi casillero. —dijo ella en el momento que reaccionó.

 

—Vale, ya voy para allá. —le dijo Kenneth y luego colgó la llamada.

 

Al estar en ese momento ella sola y asustada, Amy no pudo contener las lágrimas y comenzó a llorar.

 

***

 

— ¿¡Qué demonios!? —Kenneth miró estupefacto el interior del casillero de Amy, había lo que parecía ser una rata quemada y una nota con letras escritas con algo que parece ser sangre.

 

¡Pobre rata! Tuvo una muerte horrible... No se lo merecía para nada. Pero tengo a 7 chicos que si quiero rostizar. Ojo por ojo, Amy.

 

— ¿Ves por qué no quiero hablar? —le dijo Amy asustada, sus manos aún seguían temblando—. No sé quién sea, pero nos vigila y si ha hecho esto ¿qué crees que haga si abrimos la boca?

 

—Amy, nos está amenazando. No podemos quedarnos con los brazos cruzados, -insistió su amigo. No te digo que hablemos con la policía, sino que les digamos a los demás. Algo se nos debe ocurrir.



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En el texto hay: misterio, chicos, desaparición

Editado: 29.08.2019

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