Crowfield: Secretos Enterrados

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Capítulo 27 Cartas Qué debieron Ser Quemadas

Kenneth se encontraba en el sofá de su casa, había pasado mucho tiempo que llegó de la escuela y se sentía muy cansado; después de una aburrida clase de inglés, y una confusa matemática lo hacía querer dormir durante varian horas. Sin embargo, esa tarde tenía cosas más importantes por las qué pensar: la reunión con algunos de sus antiguos amigos, la invitación a la reunión de Greg -lo cual es una forma más tranquila de referirse a una fiesta- y el mensaje de esa persona que los acosaba.

¡Una fiesta! ¡Nos vamos a divertir mucho, malditos! Espero que vayan a ir... ojalá y no pase lo de la última vez, ya no tienen a Helena que les cubra la espalda.

No dejaba de ver su teléfono con el mensaje, preguntas se formaban en la cabeza de Kenneth. ¿Cómo sabía esa persona eso secreto que guardaban? ¿Acaso él o ella estaba allí? Y si es así, ¿porqué esperar tanto tiempo? No sabía cómo encajar todas esas preguntas con una respuesta que pudiera tener sentido.

Su teléfono comenzó a sonar. Ian Scott decía la pantalla.

-¿Aló?

-Hola, Kenneth ¿eres tú? -le contestó Ian.

-No, soy Howard Johnson... claro Ian, ¿quién más podría ser?

-¡Qué gracioso Kenneth! -se burló su amigo. -En fin, te llamo para preguntarte si no has recibido más mensajes de... bueno, tu sabes quién.

Kenneth no le respondió.

-¿Te han llegado o no? -le preguntó de nuevo.

-No eh... no me ha llegado nada después de que nos vimos. Y déjame decirte, ese encuentro fue un asco.

-Lo sé, no resultó bien.

Kenneth se burló. -¿Bien? Yo diría que de la escala de incomodidad del 1 al 10 yo le doy un 15.

-Estas molesto porque te mandaban a cerrar la boca varias veces, ¡eh!

Kenneth no le respondió, él sabía que en el fondo su amigo tenía razón. -¡Kenneth! ¿sigues ahí? -le preguntó Ian haciendo que Kenneth saliera de sus pensamientos.

-¡huh! Eh... si, sigo aquí.

-Bueno, ese encuentro de los 7 debe ocurrir. Tenemos que hablar todos. ¿No te has contactado con Tom?

-¡¿QUÉ?! No, ¿cómo dices eso? Ni siquiera le hablo.

-Cierto. Pero es algo que debes evitar. Que esta persona nos esté acosando no es un motivo para estar separados. -le sugirió Ian.

-Ni tampoco para estar unidos. -le respondió su amigo. -Además, yo creo que...

Un sonido de algo cayéndose en el piso de arriba interrumpió a Kenneth.

-Oye Ian, debo colgar. Hablamos luego.

Kenneth colgó.

Otro ruido se escuchó, pero esta vez era algo más pesado. Kenneth decidió subir para averiguar que ocurría; que tenga entendido su madre se encontraba trabajando y se encontraba solo. Subía lentamente las escaleras para no hacer ruido. -Que no sea un ladrón o un asesino. -pensó él. Esa idea le aterraba.

En una esquina del baño tomó un bate de béisbol agradeciendo no haberle hecho caso a su madre cuando le regaño esa mañana por dejarlo tirado allí. Inspeccionó el cuarto de su mamá pero no había nada, luego el cuarto de invitados y también estaba vacío, sólo restaba su habitación.

Paso a paso fue caminando hasta su cuarto, la puerta estaba entreabierta, respiró profundamente antes de hacer lo que te tenía pensado. -¡¿acaso estas demente, Ken?! ¿no has visto en las películas de terror que así es como asesinan a alguien? De la manera más tonta. -Se regañaba a sí mismo, eso le pareció gracioso por un segundo ya que ese tipo de cosas era lo que Stephen hacía. Sin más que pensar abrió la puerta de un golpe haciéndola rechinar y luego chocó contra la pared. Kenneth observó a su alrededor no había nada más que algunos libros en el suelo y la ventana abierta.

-¡Maldición! Casi muero del susto. -Se dijo. Se agachó a recoger los libros, la idea de sentirse observado pasaba por su mente. Giró su cabeza hacia atrás pero no encontró nada.

Su teléfono emitió un sonido. Kenneth lo sacó de su bolsillo y luego presionó LEER. 

Era una imagen de una carta, la letra estaba escrita con tinta azul pero la imagen se veía distorsionada a excepción de unas palabras que Kenneth recordaba muy bien:

"... lamento el daño que te hemos causado, desde aquel accidente no he podido dormir durante varios días. No te culpo si quieres hablar con la policía sobre lo sucedido."

-Kenneth Sullivan.

-¡¿QUE DEMONIOS?! -Dejó escapar de su boca al ver la imagen. Se incorporó rápidamente del suelo. Su mandíbula temblaba al igual que sus dedos, pero eso no le impidió escribir un mensaje.

¿QUÉ MIERDA QUIERES DE MÍ? ¿Ah?

Luego apretó Enviar.

segundos después había llegado un mensaje del número privado:

¡Ay Kent! 

¿te asustó la carta? Pues te harás en los pantalones cuando te enteres que tengo más de esas esas cartas en mi poder... Ops, lo dije.



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En el texto hay: misterio, chicos, desaparición

Editado: 29.08.2019

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