Crowfield: Secretos Enterrados

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Capítulo 38 Lo Que Un Joven Ebrio Puede Recordar

El camino que llevaba al claro del bosque parecía ser interminable, algunas de las bombillas estaban apagadas mientras que otras parpadeaban dejando ver por momentos en camino, sin embargo la luz de la luna parecía ayudarles a ver rocas y ramas en el suelo para que los chicos no se cayeran. 

Un mareado Tom se movía torpemente por el terreno, estaba viendo doble, se sentía desconcertado y cansado de tanto correr pero debía aparentar que estaba bien, giró su cabeza y observó a sus amigos que venían detrás de él, lucían agotados ¿Acaso estaban corriendo en círculos? No parecían llegar a ninguna parte. 

— ¡Vamos! Se nos hace tarde. —indicó Tom jadeando. 

—Deberíamos descansar un poco —se quejó Kenneth—, me duelen las piernas. 

— ¡No! Erick… o el Cuervo o como quiera llamarse no esperará a que descansemos. ¡Mueve ese culo! 

—Aprende a Stephen, que está callado y ni siquiera se ha quejado. 

Kenneth miró a donde estaba Stephen y luego se burló. 

—Éste debió haber dejado el cuerpo y el alma salió porque parece más muerto que vivo. 

El chico de cabello negro azulado lo fulminó con la mirada. 

—Mejor cállate, Kenneth —fue lo que le dijo Stephen—. Gastas menos aire en palabras estúpidas. 

— ¡Disculpa, señor Alien si lo ofendí! 

Tom iba a ordenarles que se callaran pero tropezó con una piedra, de manera afortunada se pudo sostener en un árbol para no caerse. Correr hacia la nada no les iba a resultar ¿se le había olvidado el camino? ¿Cómo podía ser eso posible? Si más allá del bosque se encontraba la cabaña de su familia, y más lejos el parque C. Fields, solía estar casi todo el tiempo ahí, no era posible. Debía ser que la oscuridad de la noche los hizo tomar el camino equivocado ¿pero dónde estaban entonces? 

A lo lejos pudo ver un gran árbol que separaban dos caminos, detuvieron ahí para descansar un poco. Tom vomitó en el suelo y luego se recostó al árbol. 

— ¡Tom! ¡Qué asco! Casi me vomitas los zapatos. 

— ¿Te encuentras bien, Tom? —le preguntó Stephen, Tom asintió. Luego el chico de joven alien (como le llamaban) se volvió a Kenneth—. ¡Compórtate! ¿Qué no ves que está mal? Debimos traer a las chicas para que nos ayudaran. 

El chico iba a decir algo pero se vino en vomito otra vez, Kenneth se volvió a quejar. Su cabeza daba vueltas, se sentía mareado tenía más ganas de vomitar pero no era tiempo para eso, debían buscar a Ian. Se levantó y se limpió la boca, si no atrapaban a Erick la próxima vez que verían a su antiguo amigo seria dentro de un ataúd. 

—Aquí es donde nos separamos —le dijo—. Kenneth, ve por el camino de la derecha. Stephen y yo iremos por el de la izquierda. 

— ¡¿YO SOLO?! ¡Ni de broma! 

—Cállate Kenneth —susurró Stephen— ¿no recuerdas a lo que venimos? 

—Si pero ¿por qué debo ir yo solo? 

—Bueno que vaya Tom contigo entonces y yo voy solo. 

Kenneth hizo silencio y apartó la mirada. 

—Mejor voy solo. ¿Por la derecha me dijeron? ¿Qué pasa si me encuentro a Ian o a Erick? 

Tom volvió a aguantar las ganas de vomitar, luego le dijo a Kenneth que en esos caso de encontrar a alguno de los dos les avisara para ir a lo consigan. Los chicos se separaron como acordaron y Stephen siguió el camino con el joven ebrio. El Alien le sugirió ir caminando para que Tom no se cayera por el camino, sentía como si el suelo se estuviera moviendo y en ese momento le  cruzó por la cabeza que tal vez hubiese sido mejor que las chicas estuvieran con ellos pero ya era muy tarde. 

—Oye, Tom ¿Por qué me dijiste a mí que te acompañara en el camino? 

—Porque eres menos fastidioso que Kenneth –balbuceó-. No sé cómo aguanté eso antes. 

—Bueno ustedes eran muy buenos amigos. 

— ¿Cómo Ian y tú? ¿Qué pasó ahí para que ya no se trataran como antes? —Tom siempre se había preguntado eso pero no le había dado importancia para preguntarlo como lo era ahora. Tal vez era el efecto del alcohol en su cuerpo. 

—Una pelea nada más —fue lo que le dijo el chico—. ¿Y a ti con Kenneth? 

Tom se había distanciado de todos por lo que le había pasado a Helena, había pasado por unos días en los que la depresión rondaba en su cuerpo. Lo único que tenía como apoyo era su amigo Kenneth, pero incluso en los días en los que no podía i consigo mismo y en un arrebato de rabia, pagó los platos rotos con su antiguo mejor amigo. 

—Una pelea nada más —le repitió Tom, ¿Qué más se supone que le diría? El y Stephen no eran muy amigos la verdad—. ¿Te preocupa que no encontremos a Ian? 



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En el texto hay: misterio, chicos, desaparición

Editado: 21.11.2019

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