Crowfield: Secretos Enterrados

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Capítulo 1 Debes Ser Buena


Era un perfecto lunes 12 de agosto, todo alrededor estaba tranquilo y pacífico. El tibio aire de verano corría todo el pueblo de Crowfield; que con cierta razón este año se encontraba en una calma absoluta. Alice Thompson se encontraba trotando en el Parque C. Fields, era parte de su rutina diaria que consistía en despertar temprano cada día y hacer ejercicios durante una hora, luego ducharse, descansar un poco, comer algunas frutas y por último leer algunos libros desde matemáticas hasta historia y geografía, entre otras. Es algo extraño ―un adolescente― pudiera estar estudiando en medio de las vacaciones, pero Alice era diferente, más bien su familia lo era. 

— ¡Hey, Alice! —llamó un chico rubio detrás de ella. 

Alice volvió la vista hacia atrás. 

— ¡H-hola Franklin! —dijo agotada. 

—Es extraño verte a esta hora. ¿Llevas mucho rato? 

—Me tomé el tiempo para tratar más esta vez. —observó el reloj en su muñeca. Ya eran las 9.35 a.m. pero había tanto calor que parecía que era mediodía. — Me tengo que ir. 

El chico se despidió de Alice, y ella siguió trotando. Había pasado por la heladería pero no pretendía detenerse para comprar un helado de vainilla con fresa que era su favorito, sino que continuó trotando, pasando luego por la calle de los cuervos (como era llamado por la mayoría de los que allí vivían) para entrar a su vecindario, un lugar tranquilo de casas grandes y hermosas calles, dobló en una esquina hasta que vio su hogar acercándose cada vez más. En ese momento algo le llamó la atención, un cartel de Se Vende colgado en el patio de la casa que estaba frente a la suya, una casa que ella conocía perfectamente, estaba ahí parada mirando fijamente. La antigua casa de su amiga Helena. 

Alice recordaba muy bien aquella casa, pues pasó casi todo su tiempo ahí. Pero el hecho en el que estuviera en venta la hizo pensar en todos esos recuerdos que tenía, en las veces que vio a su amiga sentada en el porche, y ya eso no era lo mismo, Helena desapareció hace diez meses y los policías no encontraban pistas de su paradero, ¿acaso el Sr. y la Sra. Crabbs se dieron por vencidos? Era lo que se pensaba, pero no  podía preguntar porque  ya no veía a los padres de Helena. 

— ¡¿Alice, eres tú?! —preguntó una voz familiar al otro lado de la acera que la despertó de sus pensamientos. Era su hermana mayor, Casandra. 

—Sí, me imaginé que eras tú. Mamá está esperando por ti. —añadió Casandra. 

Alice cruzó la acera. — ¿me está esperando? ¿Para qué? 

—Ella te dará los detalles. Nos vemos más tarde, hermanita. 

Casandra abrió la puerta de su auto y se sentó en el asiento del piloto. —Al salón de belleza —. Le dijo sin siquiera volver la vista atrás, luego arrancó el carro y se despidió por la ventana. 

No era usual que su madre estuviera en casa a eta hora, ella era más una mujer de trabajo que de estar en su casa un día lunes por la mañana. Alice caminó por las escaleras del porche de su casa con una sensación de ser observada así que giró su cabeza pero la calle estaba vacía y dirigió su mirada a la casa de Helena, ese cartel la tenía preocupada. —Debe ser mi imaginación. —se dijo ella misma, luego abrió la puerta principal y fue hasta la sala. Todo estaba quieto, como si no hubiese nadie. 

— ¡¿Alice, llegaste?! —preguntó su mamá desde la cocina. 

— ¡Yo misma! —le respondió Alice de vuelta. Arrojó sus llaves en un pequeño tazón de plástico y se fue desplazando cansada a la cocina—. Me ha dicho Casandra que me esperabas, ¿a qué se debe ese honor, madre? —preguntó con curiosidad. 

— ¿Acaso no puedo esperar a mi propia hija? —bromeó la Sra. Thompson mientras se llevaba la mano al pecho. 

—No, solo se hace raro que mi… —se interrumpió Alice, de pronto observó que su madre estaba usando un delantal con dibujos de frutas, y en sus manos eran cubiertas por guantes de cocina que hacían juego. Un dulce aroma rondaba casi toda la casa—. ¿Soy yo o…? ¿Estás haciendo galletas de avena y miel? 

Era algo que la Sra. Thompson hacía habitualmente cuando iba a dar una “maravillosa noticia”. Una vez, cuando Alice era pequeña, en su décimo cumpleaños su madre le había regalado entradas para una especie de Circo cuando fueron a Miami. Aunque, por otra parte, cuando iba a dar “malas noticias” era un hábito de ella cruzar sus dedos, algo que Alice describía como sumamente raro. 

—Bueno —dijo la Sra. Thompson—, son por una buena razón. Mira el periódico en la mesa. 

Alice le hizo caso a su madre y abrió el periódico local de Crowfield donde una cara conocida llamó su atención; un hombre con ojos cafés y cabello castaño, al cual se le empezaban a notar algunas canas estaba sobre un podio detrás del parque C. Fields con una pancarta a un lado de él que decía: 



BlueCerberus

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En el texto hay: misterio, chicos, desaparición

Editado: 29.08.2019

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