Crowfield: Secretos Enterrados

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Capítulo 8 El Enemigo No Sólo Está En Casa

Era un lunes en la mañana, todo estaba igual que siempre. Calor. Un poco de brisa fresca. Un verano al igual que los que Alice había tenido siempre. Un día normal. 

En la casa de los Thompson todo estaba tranquilo, a excepción de un chico y dos chicas, unidos. No por un lazo de amistad sino por algo que va más fuerte, algo que se lleva en la sangre. Que corre por las venas, un lazo de hermanos. Pero estos chicos vivían en una guerra continúa uno contra el otro. El sr. Thompson no estaba en su casa, se encontraba fuera, quizá trabajando, debía mantener su puesto como alcalde de Crowfield. Su esposa había salido a comprar en el mercado, el hecho de que su marido llevara una vida en la policía no era asunto para que ella fuera una de esas mujeres casadas con tipos famosos en la política, que tenía que ser remilgada —ella lo era— pero no era su estilo. Le gustaba ser más común, ¿era malo ser así? 

En la familia Thompson si lo era. 

— ¿Qué quisiste decir, Alice? —gritó Casandra desde arriba de las escaleras. Alice parecía ignorarla completamente. — ¡Hey, perra te estoy hablando! 

Alice seguía sin hacerle caso, tomó una revista de la sala y empezó a ojearla. Si era la forma de quitarse a su maldita y fastidiosa hermana de encima lo haría. Casandra decidió bajar las escaleras. Esto no se quedaría así, su hermana le debía lo que le hizo. 

— ¿Así que ahora estas inventando cosas sobre mí? —Casandra estaba frente a su hermana. Alice cambiaba la página de la revista. 

—No son inventos Casandra, yo solo digo lo que vi —le dijo al fin Alice sin siquiera mirarla a la cara—. ¿Cómo sabría yo que eso haría que papá se molestara? 

—Eres una perra, Alice —gruñó Casandra—. Nunca debiste haberle dicho a Roger lo que viste. Él siempre está metiéndose donde no debe, le dijo a mamá y papá escuchó y es por tu culpa. —Le arrancó la revista que su hermana tenía en la mano y la tiró por los aires. 

Alice la miró fijamente. Se levantó y se cruzó de brazos. ¿Qué era lo que Casandra había hecho que se metió en problemas? —Yo no tengo la culpa de que te pases de copas y le metas la lengua en la garganta a cualquier chico que se te pase por el camino. 

La mirada de Alice era vacía. La boca de Casandra se abrió del asombro. —Gracias a Dios que nadie los vio además de mí. O serías conocida como la Thompson que se besó con todo los hombres. —añadió Alice. 

La cara de Casandra se puso roja como un tomate, apretó su mano y la levantó sobre su hermana, todo ocurrió tan rápido que ni Alice pudo haber esquivado lo que se venía frente a ella. ¿Casandra hizo lo que Alice vio que hizo? Alice sintió como si la piel de su mejilla se quemara, gotas comenzaron a salir de sus ojos ¿lágrimas? Si y su hermana hizo lo que había hecho Alice se lo merecía pero la furia de Casandra se sentía todavía en sus ojos. 

Ella la había abofeteado. ¿Que debía hacer Alice? ¿Devolverle la bofetada? ¿Decirles a sus padres? Posiblemente serían castigadas las dos. Pensándolo bien, Casandra se lo merecía por perra, Roger también se lo merecía por chismoso, y ella se lo merecía también por haberlo contado. 

— ¿Qué harás ahora? —Casandra se cruzó de brazos, Alice estaba a la defensiva, pero no podía hacerle eso a su hermana tampoco. Ella quería hacerlo, golpearla como lo hizo Casandra pero Alice era astuta así que empleó la mejor forma. 

No hacer nada. 

—Sabes que te mereces todo lo que papá te vaya a hacer. —El enojo de Alice le hervía la sangre. Casandra soltó una risa. 

—Sabía que no eres capaz de hacer nada. 

Lágrimas comenzaban a salir de los ojos de Alice.

— ¿Sabes una cosa, Casandra?  — se secaba las lágrimas, su hermana no podía verla derrotada. Y no lo haría. —No te golpearé, porque no me rebajaré con una estúpida y acabada mujer como tú, hermana. 

—Te estas pareciendo a Helena, ¡EH! —se burló Casandra. 

Alice dibujó una sonrisa en su rostro. Tomó las llaves y caminó hacia la puerta principal para toparse con su hermano Roger. Lo que faltaba. — ¡Perfecto! —exclamó. —Otra basura más. 

— ¿Ok? —fue lo que dijo Roger. Alice lo apartó y siguió caminando hasta salir al porche. Azotó la puerta fuertemente que hizo un ruido que los vecinos pudieron escuchar. 

—Me la van a pagar. —murmuró Alice. Y eso era lo que haría. 

Eso era un día normal en la casa de los Thompson. Toda esa pelea había comenzado la semana anterior, cuando fueron a la fiesta en Westwood, el sr. Thompson, su esposa y sus hijos estaban en el St. Germain —ahora llamado West Aven— un Centro Comercial, un la recepción fue asombrosa; muchas personas de Crowfield y de Westwood estaban ahí. Incluyendo a su es amigo Tom y a su ex amiga Cassidy. Alice se sintió incómoda pero no era como si ellos le fueran a dañar la noche, ella venia por una razón. Esa razón la emocionaba tanto que su corazón latía rápidamente. 



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En el texto hay: misterio, chicos, desaparición

Editado: 29.08.2019

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