Crown

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Capítulo 3

Es una mañana soleada, las aves cantan en sus nidos, algunas otras vuelan hacía el horizonte, los campesinos comienzan sus labores diarias, hay una alta actividad en el castillo de Artemia, la servidumbre decora el castillo con bellas flores de todos colores y con cortinas de seda en cada ventana y columna del castillo, los preparativos de la fiesta deben ser perfectos por órdenes de la reina.

Los reyes se reúnen en la sala de tronos con sus hijos, donde los ponen al tanto de sus planes.

- Sé que tienen muchas preguntas, voy a contestarlas, pero primero déjenme hablar. - Dice el Rey Gerard.

- Tienes nuestra atención. - Dice el príncipe Edward de brazos cruzados, él sabe que algo anda mal.

- Con la llegada de la princesa Elena vinieron noticias, una guerra se avecina, una guerra aún peor que la de hace 20 años, tenemos que tomar una postura, sin embargo, aún no decido cual, nuestras opciones son limitadas, de hecho solo tenemos dos, formar una alianza con el rey Clayton o con el rey Arthur.

- Los soldados de Clayford le hicieron eso a la princesa Elena ¿No es así?

- Sí, ellos atacaron su reino, según mis informantes sus intenciones eran asesinar al rey Rob y al rey Arthur, sin embargo fracasaron, intentaron retirarse, pero los soldados de Graceville los alcanzaron y acabaron con todos y cada uno de ellos, el rey Arthur demostró nuevamente ser un estratega como ninguno y un adversario digno, eso sin duda vale más que la manera impetuosa en la que ordena el rey Clayton a su ejercito, por un lado me inclino por la inteligencia y por el otro por la fuerza bruta.

- Todos conocen las historias del rey Clayton. - Interrumpe Edward. - Es despiadado, traicionero y déspota, no puedo creer que estés considerando una alianza con él, va a matarnos a todos cuando tenga la oportunidad, nos aliemos con él o no. - Dice exaltado. - No te apoyaré si eliges aliarte con Clayford.

- ¿Y tú Charlie? ¿Qué opinas?

- Bueno, yo... pienso que, emm... Edward podría tener razón.

- ¿Qué? - Dice Edward sorprendido. - Tú siempre estás de acuerdo con papá, nunca me das la razón ¿Te sientes bien hermanito?

- Cállate Edward, es solo que tienes razón, nadie aquí quiere ponerse a la merced de un despota. ¿Tú si? - Se dirige a su padre. - Pensé que el punto de desacerse de aquel rey hace 20 años era la paz y la libertad de todo el reino, ¿Recuerdas esa opresión de la que tanto nos hablas? El rey Clayton volverá a oprimir los reinos, no podemos permitirlo.

- Es lo más elocuente que has dicho jamás ¿Qué otras sorpresas nos esperan el día de hoy? - Dice Edward boquiabierto ante el discurso de su hermano.

- Me alegro que mis dos hijos hayan crecido para ser grandes hombres y pronto ambos serán grandes reyes.

- ¿De qué hablas? ¿Le conseguiste a Charlie una prometida heredera a un trono? - Dice Edward con una pequeña sonrisa en el rostro.

Es lo que Charlie estuvo esperando, una oportunidad para ser rey, siempre ha querido el trono de su hermano, pero Edward también quiere ser rey, ambos son justos y buenos, aunque Charlie es un poco tímido e indeciso.

- Bueno, no aún, pero lo haré, la princesa Elena quiere ayudar a su padre con esta alianza, estoy muy seguro de que no podrá rechazar la oferta, si ella accede a casarse con Charlie nosotros nos aliaremos con su padre.

- ¿Vas a obligarla a casarse con él? - Dice borrando la sonrisa de su rostro.

- Ella es libre de elegir lo que quiere.

- No es así. - Replica molesto. - Sabes bien que va a hacerlo, no puede negarse.

- Todos hacemos sacrificios en tiempos de guerra, como futura reina ella entiende a la perfección.

- Pero...

- No más peros Edward. - Interrumpe su madre. - Es suficiente, tu padre ha tomado una desición.

Edward sale molesto las puertas se cierran detrás de él, Charlie ve a su padre mientras este medita.

- Quiero que invites al baile a la princesa, conocela mejor, baila con ella, intenta enamorarla, va a ser tu esposa Charlie ¿Qué piensas de ella?

- Es muy... Inteligente, hermosa, pero es testaruda y a demás creo que aún me guarda rencor por querer enviarla al calabozo, no sabía quien era, yo no...

- Hazle un regalo, hazle saber que estas arrepentido por haberle faltado el respeto, luego te ganarás su corazón.

- ¿Qué regalo puedo hacerle? Ella lo tiene todo.

- Una exquisita pieza de joyería podría serte útil. - Dice su madre. - Escogeré alguna y la haré llegar a tu habitación, recoge a Elena en su habitación para llevarla al baile, yo le enviaré un vestido que combine con el collar, debes ponerselo antes de escoltarla al baile y pídele una sincera disculpa.

- Si madre, gracias por la ayuda. - El príncipe hace una reverencia y se retira.

En otra parte del castillo Edward camina molesto por los pasillos, se asoma por una de las ventanas, allí ve a la princesa Elena con la compañía de su doncella, ellas hablan animadamente mientras caminan por el jardín, la aprecia por unos minutos, ese fino y hermoso cabello castaño largo trenzado, adornado con bellas flores, sus gruesas cejas arqueadas, sus dulces ojos grandes color avellana, tan profundos, risueños y expresivos con pestaña rizadas a la perfección, sus labios delgados color rosado que albergan esos dientes que no son perfectos, pero lucen bien cuando ella sonríe, esas mejillas que se sonrojan cuando le hacen un cumplido, tienen el más perfecto tono de rosa y esa nariz, ancha, pero fina que le da un detalle distintivo a su bello rostro, sin duda ya no es la niña con la que compartió algunos años de su infancia, ella se ha transformado en una bellísima mujer, tanto física como emocionalmente, él siempre la consideró un buen prospecto de esposa para cuando ascendiera al trono, ya que antes era libre para casarse con cualquier hombre que ella quisiera, pensó en que podría ganarse su corazón y hacerla su esposa algún día, ahora ese sueño se queda en lo que es, un simple y triste anhelo.



Daniela Berkel

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En el texto hay: princesa, caballeros, guerra

Editado: 09.09.2018

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