¿cuál es la realidad?

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Capítulo 16

Así andaban las cosas por mi casa, así eran. Mamá se había enterado de lo que hacía pasado y era lamentable porque ya mi familia empezaba a sufrir por culpa de este chico y eso era justamente lo que yo no quería que pasara. Pero descuiden, aquel sufrimiento sería cortado de raíz, ya tenía casi todo lo que necesitaba para poder llevar el plan a cabo, solo me faltaban algunas cositas y ya.

Estoy allí, caminando de un lado para otro, donde solo podía escuchar unos murmullos. El viejo piso de madera rechinaba cuando pasaba por encima de algunas tablas, a veces hasta me asustaba al escuchar su llanto al ser aplastadas por mis pies. Miro mi ventana, no era muy grande, pero era linda y estaba al nivel de mi cintura: carecía de barrotes, tenía un marco blanco, liso y aburrido, toda una ventana ordinaria, sin ninguna historia, sin chiste y sin gracia, solo eso era, era una ventana. Podía sentarme a la orilla de esta y ver las ramas del árbol y sus hojas moverse, además de toparte con la carretera. Algunas tardes me siento allí solo para sentir la fresca brisa que acariciaba mi pálida piel. Les miento si le digo que allí me siento para pensar, porque hago exactamente todo lo contrario a eso. Me quedo viendo un punto fijo, pero es como si no lo mirara. Me miran y creen que estoy muy centrada en un pensamiento, pero en realidad no estoy pensando en nada. Es extraño, cuando las personas me preguntan en qué pienso yo les contesto que: en nada, pero ellos rara vez me creen y luego tengo que explicarle que realmente no estoy pensando en algo. Les digo que mando a mi cerebro a descansar por unos segundos porque tengo la mente en blanco y que solo veo lo que está frente a mí, pero no logro memorizar las cosas que pasan en ese momento. Muchos creen que estoy loca por hacer eso, pero creo que no lo dicen con aquel sentido de la palabra, ese que tú y yo conocemos.

Miro a mi alrededor y es como si no pasara nada, solo escucho el cantar de algunas aves, ero todo lo demás permanece en puro silencio. Que hermoso se escucha, esa tranquilidad que me brinda la naturaleza es realmente… Hermoso. Después de tener unos cuantos minutos allí, bajo a la cocina, ya me sonaba el estómago y la noche empezaba a caer.

Mi hermana ya no estaba en la cocina, mi madre estaba en la sala viendo uno de sus programas preferidos mientras que usaba su celular. Yo me dirijo hasta el refrigerador a ver qué podía encontrar allí. Al fondo veo un poco de helado que habían traído hace unos días atrás. Lo saco y echo en una fuente lo que me voy a comer. Busco un poco de mermelada y se la hecho por encima. Mi boca empieza a hacerse agua ya no resisto el deseo de comerlo. Me dirijo a la sala donde mi madre estaba y me siento junto a ella.

—Stheisy, ahora dime ¿De verdad no sabías que Tamara andaba en esas? —Ella me mira fijamente.

Me tomó por sorpresa su pregunta. Entro una cucharada de helado a mí boca, tanta que casi me atraganto.

—Bueno, ma´ —intento hablar con la boca llena—. Ella taba´ así con él…

—Espera, espera, así no te entiendo nada, primo termina de comer tu helado y luego contéstame.

«Era imposible, no había escapatoria, no había forma de yo decirle que no porque ella se daría cuenta y lo peor era que no iba a dejar que me moviera, aunque… Si no digo toda la verdad no contará como mentira, solo le estoy diciendo algunas cosas, pero sí pasaron. Buen plan Stheisy, ere genial». Solo pienso.

Ya terminé de comerme todo mi postre y mi madre vio cada cucharada que me llevé a mi boca.

—Ahora contéstame —me exige ella.

—Vine mamá, cuando llegué a casa ya ellos estaban aquí, subí hasta su habitación y toqué la puerta varias veces, Tamara me abrió y él estaba allí con ella. Sabes cómo es Tamara y no me quería meter en sus lío, me armó todo un lío allí y mejor preferí irme a mi habitación y en ese momento fue que me quedé dormida. Eso fue lo que yo vi, eso fue lo que pasó.

— ¿Estás segura de que solo fue eso? —Me mira a los ojos.

—Lo que pude notar sí —contesté.

Me puse de pie y llevé la fuente hasta el fregadero.

—Bueno mamá, me iré tengo tarea que terminar —digo mientras voy subiendo las escaleras.

—Está bien —contesta ella sin siquiera mirarme.

Subo los escalones y paso por la puerta entreabierta de la habitación de mi hermana y puedo escuchar unos sollozos que provenían de adentro.

—Tamara —digo mientras ingreso de manera cautelosa a la habitación.

Allí la veo, arrojada sobre su cama con la cara y la almohada empapada de sus penas. Mi corazón se estruja al verla así, tenía mucho tiempo que no veía a Tamara llorar. Esto me hacía entender que la hora estaba llegando, ya casi era momento de acabar con su sufrimiento. Cada cosa que pasaba me convencía más y más de que esto era lo que tenía que pasar. Aun escucho sollozar y no puedo evitar acercarme a ella.



Kathy Ttejada

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En el texto hay: mentiras, psiquiatra, enfermedad mental

Editado: 02.02.2019

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