¿cuál es la realidad?

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Capítulo 39

Lo miré y ese tonto que me derribó era lindo, no tenía esa belleza impactante que se ven en las películas, era un chico real, con un cuerpo imperfecto, pero real. Su cabello era rizado, tenía hermosos rizos que caían por su frente y a los costados de su cara. Sus ojos claros se posaron en los míos y allí se sintieron cómodos al igual que los míos. Sus labios carnosos y su piel morena se vía muy suave como seda.

—Ven, ¿Qué necesitas que haga por ti? —Lo escuché decir.

Miré hacia a los lados y veo a mi madre quien me buscaba entre las personas.

—Sácame de aquí —desesperada me pongo de pie.

Él se asusta y se pone de pie de improviso.

Diablos, sí que era alto ese chico, mi cabeza llegaba hasta la mitad de su pecho. Los dos corrimos, él me indicó adonde había dejado su auto y no, no era el deportivo que esperaba. Me subí al asiento trasero y él en cambio tomó el volante.

— ¿Por qué corremos? —Me pregunta asustado.

—Vienen por mí —contesto exaltada.

— ¿Quién eres? ¿Por qué te siguen? —Pregunta mientras enciende el auto. 8creo que empezaba a arrepentirse de haberme ofrecido su ayuda)

—Deja de preguntar por favor—. Arranca—. Corre, corre, corre —grito desesperada al darme cuenta de que ella se está acercando, pero no se había dado cuenta de que estaba en el auto.

— ¿Quién diablos eres? ¿Y quién es esa que te está siguiendo? —Pregunta él mientras conduce.

—Mi nombre es Tamara, ella era mi madre…

— ¿Por qué escapabas? —Me mira por el retrovisor.

—Tiene miedo de que visite a mi hermana a una clínica psiquiátrica y me tenía prácticamente encerrada en casa —contesté mientras veía los edificios que pasábamos.

—Y bien, ¿A dónde vamos? —Preguntó él mientras miraba al frente.

—No sé, vamos a donde sea, ella se cansará de buscarme. El problema será cuando vuelva, pero no me importa. Ya sé a dónde quiero ir, pero sé que es un poco arriesgado porque me puede encontrar, pero quiero ver a mi hermana, quizás no vuelva a tener esta oportunidad.

—Bien, ¿En dónde está?

—En la única clínica psiquiátrica de aquí.

Él condujo hasta el lugar, se detuvo frente a la acera, yo abrí la puerta y salí.

—Gracias por traerme —digo dándome media vuelta.

— ¿Qué? —Sale del auto—. No te dejaré ir sola, tu madre puede que esté aquí, iré contigo.

Lo miré y no estaba muy segura de la idea, pero accedí.

—Pues ven, vamos.

Los dos entramos al lugar, había una joven del otro lado del mostrador y yo simplemente me arrojé a ella sin ninguna precaución.

—Disculpe —digo.

—Sí, ¿En qué puedo ayudarle? —Me pregunta amistosamente.

—Quiero ver a mi hermana, su-su nombre es Stheisy Coleman.

—Sí claro, por favor permítame su identificación —dice mientras mira la computadora.

— ¿Qué? —Pregunto sorprendida—. No tengo, soy menor de edad. Es mi hermana quien está ahí —empiezo a incomodarme.

Me doy vuelta y lo miro, él se acerca a mí.

— ¿Qué ocurre? —Pregunta.

—No me dejará verla porque soy menor de edad. Dime que tu si lo eres por favor— él me mira y sonríe.

—No, tristemente no tengo aun mi tarjeta de identificación, lo siento.

—Señorita, ¿Está usted bien? —Pregunta viendo mis golpes.

—No, no estoy bien —le contesto furiosa—. Vámonos de aquí.

Abrí esa puerta de cristal y salí de ese lugar como si me hubieran dado la peor noticia de mi vida, aunque en estos momentos y viendo como están las cosas si era la peor noticia. Solo podía ir con mi madre allí, esto es una tontería.

Salí furiosa de allí, era inaudito lo que estaba ocurriendo, increíble que no pueda ir a ver a mi hermana.

—Ven, sube al auto, salgamos de aquí —dice él como si estuviera al tanto de todo.



Kathy Ttejada

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En el texto hay: mentiras, psiquiatra, enfermedad mental

Editado: 02.02.2019

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