¿cuál es la realidad?

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Capítulo 41

Me quedé sola allí, en aquél gran espacio que era solo para mí. Quise tomar una siesta y olvidarme un poco de todos los problemas, lentamente me iba sintiendo mejor cada día que pasaba. No estaba tan mal como creí, si ya estoy teniendo avances en mi tratamiento. Mañana me iba a tocar a mí tener la cita con el doctor Igor y estaba emocionada de contarle lo que estaba experimentando.

Mientras estaba sumergida en estos pensamientos sin darme cuenta caí en un profundo sueño, la discusión con Darling había agotado mis energías y me sentía exhausta.

Mi cerebro quedó en completo en estado de serenidad, ese increíble momento cuando no piensas en nada, ni sueñas nada, simplemente todo es oscuro y descansas. En medio del sueño me empiezo a sentir acalorada, me falta un poco el aire. Abro mi boca y no puedo tomar siquiera un suspiro, empiezo a moverme al despertar y darme cuenta de que alguien intentaba asfixiarme. Lucho con todas mis fuerzas para quitarme a quien fuera que estuviera ahí y retirar aquel cojín de mi cara. Siento una presión terrible en mi cabeza, es una presión muy fuerte debido a la asfixia. Mis pulmones empiezan a desinflarse y a sentirse adoloridos: no aguanto mi cabeza. «Por Dios, voy a morir, voy a morir» no paro de pensar. Mis manos y pies están tensos mientras trato de salvar mi vida. Sin poder dar mis últimos suspiros de aliento mis manos y pies quedan completamente débiles cayendo fuera del asiento.

Cuando estos a pocos segundos de quedar sin nada más con que luchar, arrancan el cojín de mi cara. Tomo una bocanada de aire, me arrojé al suelo y me senté sobre mis rodillas. Miré al suelo mientras mi mano estaba sobre mi pecho. Alzo la mirada y veo a Darling dirigirse a la puerta.

— ¿Estás loca? —Le grito mientras me da la espalda.

—Qué bueno que lo sepas —me responde sarcásticamente sin detenerse.

— ¡Ahhh…! —Grité de rabia.

—Me puse de pie y rápidamente tomé la bandeja de plástico donde nos habían traído el desayuno y se la arrojé —casi me matas, idiota.

Vi como esta se hizo añicos cuando chocó contra la pared. Darling se dio vuelta y me miró

—Uhh… Tendrás graves problemas por eso—. Suelta una risa falsa y se va.

Cuando salgo al corredor veo a una enfermera y a un enfermero que vienen hacia a mí.  Me sostienen.

—Esto solo te va a calmar pequeña, estarás bien —ella me agarra por un brazo mientras traía una jeringa en su otra mano.

Me arrojé al suelo y vi como Darling se dio vuelta para verme.

—No fui yo, fue su culpa —empiezo a llorar de la impotencia.

El enfermero se colocó sobre mi abdomen y aplastó mi mano con su rodilla mientras ayudaba a la enfermera sujetando mi otra mano para que me inyectara.

— ¡No! ¡Noohhh…! —se pela mi garganta al gritar mientras mis mejillas son bañadas de lágrimas.

Mis gritos se escucharon por todo el pasillo, ellos me colocaron la inyección y muy rápido empecé a sentirme más relajada, aunque sin fuerzas. Ellos me ayudaron a ponerme de pie y me llevaron a la sala.

—No, no por favor, no quiero estar con ella —pedí, aunque no se me entendiera lo que decía muy bien.

—Shhhhh… Estará bien aquí —dice la enfermera.

—No entiende, no entiende, ella volverá pronto —trato de decir mientras lloraba.

Ellos me acomodaron en el asiento.

—No, no, ya nadie volverá por un rato. Cálmate, todo estará bien —Se aleja.

—Yo trato de sujetar su mano mientras ella intentaba irse—. No lo entiende, no quiero estar con Darling…

—Darling no está aquí, relájate.

Ellos se fueron y me dejaron allí tirada, me acomodé mirando hacia la puerta por si ella regresaba, no quería verla, supe desde el primer momento en que la vi de que ella era muy extraña, de que había algo mal con ella, pero creí que solo eran cosas mías y ya, pero, yo estaba en lo correcto. Si eso era Darling no me imagino Matt, quizás era que ella era bipolar que de ser así me asustaba porque a todos nos medicaban y si estaba teniendo esas reacciones era porque ella no se estaba tomando sus medicamentos.

La angustia y el terror se desataron en aquella sala de la clínica, ¿Por qué? Es que los manicomios les causan miedo a las personas, si los locos son seres indefensos, aunque pueden ser letales cuando no se atienden como debe de ser. Quizás a eso es a lo que ellos les temen a que se desate el caos.



Kathy Ttejada

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En el texto hay: mentiras, psiquiatra, enfermedad mental

Editado: 02.02.2019

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