Cuando éramos tú y yo.

Tamaño de fuente: - +

Capítulo VII

Los siguientes días Valeria trató de comunicarse con Brianda, pero ella, decepcionada, la evitó en todo momento.

Aquella mañana decidió no hacer deporte. No tenía ganas ni ánimo.

Bajó a desayunar y Shara estaba con una leve sonrisa terminando el desayuno.

-Buenos días, Shara —dijo Brianda al tiempo que se sentaba en la mesa.

-Buenos días niña, ¿Qué tal ha dormido? —respondió dulcemente Shara.

-Todo lo bien posible... Shara ¿Tú sabías que Milagros no es hija de Valeria, cierto?

-Yo no puedo decir nada niña, perdone, pero no debo meterme en las cosas de los patrones y sus amistades, no se moleste conmigo por eso.

Tras esta respuesta evadiente, Shara salió de la cocina y se dirigió a terminar el aseo de la casa. Pero Brianda dudaba aún más, no conseguía entender que le ocultasen las cosas de esta forma.

En la oficina todo fue muy bien, como de costumbre.

Brianda recibió la llamada de Roxana, que quería reunirse con ella en la cafetería esa tarde, así que decidió tomarse un respiro y darse la tarde libre en la oficina.

Caminaba por la calle, iba despacio, no estaba segura si quería o no ver a su amiga. Estaba tan dolida por tanta mentira que la rodeaba que ya no sabía si quería seguir oyendo mentiras o si estaba mejor así, lejos del mundo, encerrada en su despacho y en su casa.

Veinte minutos más tarde llegó a la cafetería dónde solía quedar con Roxana y Valeria.

Pudo ver desde la acera de enfrente como Roxana estaba ya sentada esperándola. Cruzó la calle por el paso de peatones y luego caminó hasta la mesa donde yacía esperándola Roxana.

Ésta se puso en pie y ambas se abrazaban. Luego Brianda y Roxana se sentaron.

-Bueno, ¿Qué tal te ha ido estos días? Has estado desconectada de las redes sociales, incluso te he llamado y no me has querido responder. —comentó preocupada Roxana.

-¿Sabes qué pasa? Qué sé que todos me estáis mintiendo... Valeria, Shara, tú... Y ya sabes que odio las mentiras y las medias verdades. —contestó Brianda molesta.

-¿Mintiendo? No sé por qué dices eso... —Roxana se puso ligeramente nerviosa y trató de disimular.

Pero Brianda sabía que algo la ocultaban.

-Si, mintiendo. ¿Por qué nadie me dijo nunca que Valeria no es la madre biológica de Milagros? Y no te molestes en negarlo, ella misma me ha admitido que es cierto, con una excusa que ni ella misma se cree.

-¡Ay, amiga! Es que no puedo contarte nada, es cierto que yo sé todo, pero no puedo hablar, el médico fue muy claro, tienes que recordarlo tú, nosotros no podemos hablar.

Ya estando enfadada, Brianda se puso en pie y sin decir una sola palabra más se fue de allí.

Roxana se quedó con dolor en el rostro reflejado, pero estaba atada de pies y manos, no podía hablar aunque realmente quería hacerlo.

Brianda por su parte corrió hasta la casa de Oliver. Llamó al timbre y Rosi le abrió. Para su suerte, Oliver estaba allí, que había ido a recoger unos papeles.
Al verle, Brianda corrió hacia él y éste la abrazó mientras ella lloraba al sentirse traicionada.

Un rato más tarde, cuando ya le hubo contado todo, Oliver frunció el ceño, sabía que algo había detrás de todo esto y se había propuesto averiguarlo, tenía serías sospechas sobre el misterio que rodeaban a Brianda.

Rosi les propuso que salieran a pasear por los jardines de la residencia Anderson, para que ella se despejase un poco. Ambos aceptaron.

-Yo creo que es bastante extraño todo esto, Brianda. Disculpa que te lo diga así, ya me contaste de tu accidente y pérdida de memoria, pero no es excusa para una mentira... Tengo mis serías sospechas. —dijo Oliver pensativo.

-Eso mismo pienso yo... Y por otro lado ¿Por qué no me dejan conocer a Milagros? No entiendo nada... —protestaba Brianda.

Ambos suspiraron, eran preguntas que quedaban en el aire.

Oliver la tomó de la mano y Brianda se sintió de nuevo con un millón de sensaciones golpeando su corazón, aunque no sabía qué eran o qué significaban. Pero se sentía muy atraída por él.

Cuando Oliver la había abrazado antes, ella se sintió en paz, segura... Cómo si los brazos de Oliver fueran su refugio, su hogar... Y era feliz, a su lado.

Poco después el teléfono de Oliver comenzó a sonar. Éste estuvo hablando durante un rato con el que le había llamado y decidió quedar con esa persona al día siguiente.

Brianda sintió ligeramente celos, pensando que se trataba de alguna mujer.

Pero no, quien llamaba no era una mujer. Aunque Oliver por la cara de Brianda, a la cual conocía cada gesto, sonrió y una vez hubo colgado se acercó a ella.

-Era mi abogado. Mañana tenemos cita con él. —comentaba Oliver.

-¿Abogado? —Brianda le miró sorprendida.

-Si pequeña, te prometí que iba a ayudarte a averiguar la verdad y eso hago —Oliver llevó su mano a la mejilla de Brianda.

Ésta se sonrojó y asintió. Luego se abrazó de nuevo a él.
Y es que así, entre sus brazos, se sentía segura, completa. Y sabía que esos sentimientos eran reales, no otra mentira de las muchas más que la rodeaban.

-Brianda, el abogado dice que Milagros fue adoptada en la misma fecha que tú me contaste que habías tenido el accidente... No sé a ti, pero a mí esto cada vez me parece más extraño.

Brianda se quedó mirando sorprendida a Oliver. No sabía que misterios serían los que relacionaban a Milagros con su accidente. Pero una cosa era segura: iba a averiguarlo todo, sin la ayuda de sus amigas.

 



Nana26

#12968 en Novela romántica
#4371 en Joven Adulto

En el texto hay: amor, amor tristeza, amor desamor

Editado: 03.02.2020

Añadir a la biblioteca


Reportar