Cuando te acuerdes de mí

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HADAS MADRINAS

—Debes de ir a esa fiesta Lina. —Me ordenó Lisa Rockenford la madre de Lara mientras cenábamos pizza y ella aun usaba su traje de ejecutiva, era una mujer rubia perfecta, podría parecer malvada pero tenía un hermoso corazón.

—No puedo Señora Lisa, tengo que cuidar a Lara, prefiero eso a intentar llamar la atención de alguien que ya está comprometido.

—Ya te he dicho que no me digas señora, me haces sentir vieja, solo dime Lisa, además ya eres de esta pequeña familia, y por Lara no te preocupes, ya arreglé todo en la oficina y a partir de mañana la llevaré de viaje a ver sus abuelos, te llevaría con nosotras pero sé que tienes clases en la Universidad, así que usted señorita se quedará aquí y estudiará mucho.

—Me alegra mucho el que pasen tiempo juntas, ¿Cuánto tiempo se irán? —pregunté sorprendida, la casa Rockenford para mi sola… sonaba bien.

—Dos semanas, ya verás que se pasan volando, sé que no te gusta estar mucho tiempo sola Lina, ¿podrás soportarlo?

—No te preocupes Lisa, estaré tan ocupada por las tareas que apenas si podré respirar.

—Confió en ti, invita a tus amigas… sé que no te gustan las fiestas de Universitarios, pero puedes hacer una de pijamas o no lo sé, una tarde de estudio, solo diviértete ¿bien?—Me dice tierna y me da un abrazo, me hubiera gustado que la que me dijera todo eso fuera mi madre, aunque sé que ella me ama jamás me hubiera abrazado, no si no era un abrazo de cumpleaños.

—Gracias Lisa, por ahora solo tengo a una amiga así que ya veré que puedo hacer con ella.

—Eso me agrada, come otro pedazo de pizza, estas estudiando y necesitas energías así que no te limites, —Se separa de mí y mira a Lara, —Y usted señorita Lara tiene que subir conmigo ahora para hacer las maletas.

— ¿Puedo llevar más pizza para comer en mi habitación? Yo tambien necesito energía para el viaje de mañana. —Le pregunta a su madre y esta se ríe de sus ocurrencias, entonces Lara corre hacía mí y me da un beso en la mejilla.

—Y Lina, demuéstrale a Pancho que vales más que esa perra. —Me dice Lisa y me guiña un ojo tapando los oídos de Lara, después la suelta y corre feliz con ella. Cuando termino de comer lavo los trastes y subo a mi bella habitación para buscar un vestido, al final de cuentas sé que tendré que comprar uno por que mi ropa es muy aseñorada y jamás deslumbraría a nadie con eso.

Respiro tranquila sabiendo que tengo unos días libres y comienzo a buscar ropa sin sentido y termino haciendo una montaña en la cama, ¿lo más gracioso? No uso ni la cuarta parte de todo eso y no me atrevo a tirarla toda porque sé que en algún punto tal vez baje de peso y pueda usarla, lo sé… nunca pasara. Me dejo caer rendida en la silla de mi escritorio y suspiro, entonces escucho el carraspeo de alguien.

— ¿Buscabas esto?— pregunta Lisa a un lado de Lara y con un hermoso vestido color rosa palo, digno de una princesa.

—Yo… no entiendo. —respondo tímida.

— ¿quieres impactar a Pancho no? Este vestido lo usé una sola vez cuando tenía tu edad, en mi armario tengo todos los que usé en esa época, así que si no te gusta este…

—No terminaría de pagárselo nunca…

—Es que no quiero que me los pagues Lina, es un regalo de mi para ti, además esos vestidos ya no me quedarían ni de chiste, siéntete con la libertad de escoger los zapatos adecuados en mi armario hay unos cuentos que te quedarán.

— ¡Como me gustaría ver la cara que va a poner Pancho cuando te vea!— grita decepcionada Lara y Lisa sonríe.

—Muchas gracias, esto es demasiado… lo usaré encantada. —le digo abrazándola y ellas se van felices de nuevo tomadas de la mano.

A la mañana siguiente mientras prestamos atención a la clase del profesor Miller una bola de papel se impacta en mi cara, lo que me distrae enseguida. Confundida levanto la mirada buscando al gracioso que se atrevió y Pancho me sonríe, frunzo el ceño y con una mirada me pide que lo lea.

Intento no sonreír para que el profesor no se dé cuenta y le respondo en otro pedazo de hoja.

Le dejo caer el papel en la tarima de abajo y lo abre de inmediato soltando una risita.

— ¿Por qué tan divertido señor Francisco?— pregunta el maestro y yo actúo como si nada.

—Lo que pasa es que le pregunté a Lina en un papel si iría a mi fiesta esta tarde y me respondió que sí pero que solo iría si había comida rica. — responde relajado y me sorprendo por su honestidad, de repente todos en el salón se ríen de mí.



Ann Ramírez

Editado: 28.01.2019

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