Cuando te acuerdes de mí

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A TU LADO

Al siguiente día según el programa era él día de juegos en la piscina, juegos que rechacé rotundamente, en primera por que odiaba que la gente viera el cuerpo que a mí no me gustaba; si, estoy llena de complejos, y en segunda… por que no sé nadar. Así que en cuanto Geraldine se paró y comenzó a brinca a mi alrededor para que fuéramos yo tuve que inventar que sentía una inminente gripa, fue la única forma de hacer que dejara de insistirme. Además… ¿Quién podría sentirse mal estando en una cabaña de lujo? Sería perfecto… un buen libro, un café, yo y mi adorada soledad, justo como en los viejos tiempos.

Tranquila y me pongo lo más cómodo que encuentro y tomo mi libro favorito que traigo en caso de momentos aburridos, me asomo a la terraza con mi taza de café, abro mi libro y una voz me espanta.

— ¡Vaya! ¡Así que esta es la cabaña de lujo! —Grita Ulises mirando la cabaña sorprendido.

— ¡Si! ¡¿Quieres pasar?! —le grito y él sonríe.

— ¡¿Eso se puede?! ¿No está prohibido?

—Si... pero Marisol está cuidando que no se ahoguen los demás. — Sonreímos por mi estúpida broma y continúo. — Espera… ¡ya te abro!

Bajo las escaleras, cruzo el pasillo y le abro, él sigue asombrado por la belleza del lugar.

—Es una cabaña maravillosa, ustedes son unos suertudos, yo no podía ver nada en ese bosque como para ganar esto.

—Pensé que estarías en la piscina con los demás. —Le digo y pasa feliz.

—Odio las piscinas llenas de adultos que parecen más… adolescentes, así que decidí caminar por aquí y llegué aquí, ¿y tú?

—Odio tener que usar traje de baño, yo le mandé a decir a Marisol que comencé a resfriarme, ¿quieres café? — le pregunto sin poder saber cuándo me dejó de buscar él por Pancho. — Yo estaba a punto de tomarme uno en la terraza, ¿vamos?

— ¡Encantado!— ambos subimos y nos sentamos en las sillas que están listas para nosotros con platos llenos de fruta.

—Definitivamente esto es mucho mejor que estar en la piscina, por cierto Lina, ¿Por qué te fuiste de la Primaria? Dejaste mal a Pancho. — lo escucho y doy un trago amargo a mi café.

—No me fui, me llevaron— me rio y él asiente un poco serio.

—Ah, los padres y sus decisiones, a veces no nos gustan pero en el futuro nos benefician.

—Sí, recuerdo que me enojé mucho con ellos, yo amaba la escuela y estar con Pancho, pero bueno… las cosas no siguieron el curso que yo quería, ¿quieres que te confiese algo gracioso? — le pregunto para cambiar el tema y el asiente con una sonrisa pícara.

—Dímelo.

—Tú me gustabas cuando estábamos en la Primaria. — le digo sonriente y él no se lo puede creer.

— ¿Qué? ¡No es verdad! ¿En serio?

—Sí, he hecho odiaba a Geraldine por que parecía que tú la adorabas y bueno… yo ni siquiera pintaba para ti.

—Bueno… si la adoraba porque ella era y es mi mejor amiga, solo eso; pero es cierto que tú eras muy tímida, no hablabas con nadie que no fuera Pancho.

—Tú y Geraldine me parecían tan importantes para ser mis amigos que preferí solo mirarlos desde lejos.

—En fin, ¿y qué es lo gracioso de todo esto?

—Que yo siempre quise sentarme en la misma banca que tú, y recuerdo un día que la profesora nos cambió de lugar, y entonces… me sentó a tu lado, aun así no creo que recuerdes porque mientras yo disfrutaba tú comenzaste a vomitar a un lado y te sentiste tan mal que tus papás fueron por ti. — él comienza a reírse de mi tragedia infantil y me contagia pasando su mano por su cabello ondulado.

— ¡Lo siento mucho! Por eso no recuerdo que te sentaran a mi lado, porque yo tenía un dolor de estómago horrible y no podía concentrarme, te juro que no fue mi intención Lina. — me dice realmente apenado y pone su mano en la mía.

—No te preocupes, para serte sincera no sabía si habías vomitado porque me senté a tu lado o porque te cayó mal la comida de la escuela. —le digo y de nuevo se echa a reír si cero. — Aun que pensé eso por años, debo admitir que disfruté los diez segundos que estuve ahí sentada.

—En verdad lo siento, bueno puedes verlo por el lado amable… justo ahora estas sentada a mi lado. — me dice señalándonos.

— ¡Es cierto! ¡Ahora ya puedo morir en paz!— los dos volvernos a contagiarnos de risa y desayunamos.

— ¿Y entonces? Tú y Pancho están saliendo ¿no? — pregunta y casi me atraganto con la fruta.

— ¡¿Qué?! No, él no me recuerda, solo sabe que yo era su mejor amiga de la infancia, lo único que le importa es que yo sé lo que él no recuerda de sí mismo a los ocho años, además se casará en una semana, yo solo soy su amiga momentánea.



Ann Ramírez

Editado: 28.01.2019

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