Cuando una sirena se enamora

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Capítulo 0 : Dicen

La pequeña sirena de cabellos negros nadaba con rapidez en el gran océano, una pícara sonrisa se asomaba en sus labios. Ella sabía que era una travesura lo que estaba a punto de hacer y que tal vez las consecuencias que traería salir a la superficie fueran muy grandes si alguien de su familia se enteraba, pero su curiosidad era mucho más fuerte que cualquier otra cosa, ya se preocuparía después de escapar de su futuro castigo.

La traviesa sirenita sacó su cabeza a la superficie. No tenía palabras para lo que contemplaba, no se parecía en nada con cualquier cosa que hubiera visto antes. Frente a ella se encontraba un barco gigantesco, varios seres que la asombrada identificó como humanos iban de un lado para el otro, unos cantaban, otros reían , algunos bebían un líquido extraño que parecía espumoso y los demás lanzaban extrañas redes con las que recogían pequeños pescados.

La curiosidad de la pelinegra crecía más y más, ella quería estar cerca y averiguar más cosas. Así que se acercó, sin darse cuenta de que ahora se exponía a que cualquiera la viera.

Un niño de unos 12 años se percató de una extraña cola color azul que sobresalía en el mar. Así que guiado por conocer que era eso tan raro asomo su cabellera castaña y quedó maravillado por lo que vió.

Una hermosa niña algo menor que él miraba todo como si hubiera descubierto un gran tesoro, pero había algo raro en la niña, tenía sus brazos llenos de escamas como si fuera un pez, sus ojos eran de un color morado y ni hablar de la gran cola que tenía en lugar de dos piernas.

El pequeño sintió de un momento a otro gran alegría, esa bella criatura era igual que las sirenas sobre las que su padre le contaba historias desde que era un bebé.

Por un instante la mirada de los dos pequeños de diferentes mundos se cruzaron, morado contra azul claro. Los dos se quedaron un minuto observándose, analizándose mientras una cálida sonrisa crecía en sus rostros.

Los ojos azules se apartaron por un momento y guiado por la emoción que sentía corrió en busca de su padre para mostrarle lo que había descubierto.

- ¡Papá! ¡papá! Tienes que venir conmigo - Alaba las manos del robusto hombre de 35 años tratando de levantarlo de la silla en la que se encontraba sentado.

- ¿Qué ocurre Marco? Ahora estoy un poco ocupado pequeño - Se dirigió a él con una mirada de cariño.

- Papá hay una sirena, justo como en las historias que me cuentas - Al oír las palabras de Marco, sus ojos azules iguales a los de su hijo tomaron una tonalidad más oscura.

- Marco, hijo te he dicho mil veces que las mentiras son malas y más cuando las decimos a la familia.

- Papá tienes que creerme, ven conmigo te la voy a mostrar.

El padre dudo un momento pero logró ver la sinceridad en el rostro su hijo. Así que se dejó guiar para descubrir que era lo realmente alteraba tanto al pequeño, no perdía nada y si en verdad era una sirena, entonces sin duda su más preciado deseo se haría realidad.

No era secreto para nadie a su alrededor de la obsesión enfermiza que tenía con las sirenas. Al ser estas seres muy raros y difíciles de encontrar ya muchos dudaban de si todavía existían. Pero el padre de Marco había tenido una suerte que pocos habían tenido, cuando el apenas tenía 15 años vió una sirena y quedó tan maravillado con su belleza que se prometió capturar alguna y no dejarla ir jamás.

El niño inocente, sin saber las oscuras intenciones que ocultaba su progenitor lo guío hasta donde permanecía, ajena a lo que pronto sucedería, la sirenita.

Una voz grave hizo que los dos pequeños dieran un pequeño salto.

- ¡Rápido saquen las redes! ¡Es una sirena! ¡Por fin lo hemos conseguido!

El barco se volvió un caos de un segundo a otro. Los ojos morados se llenaron de miedo al ver como esas redes que antes recogían a los peces ahora se enredaban en su cuerpo impidiéndole moverse.

Marco al ver lo que ocurría trato de parar a su padre y los demás pescadores, pero fue alejado de un fuerte manotazo.

- ¡Elina! - Una voz imponente como ninguna otra se escuchó.

La sirenita se llenó de alivio al reconocer a quien gritaba su nombre.

- Hermano, hermano ayúdame - Lo llamó Elina con voz asustada.

Del profundo mar emergieron varias sirenas y tritones, todos con una mirada furiosa y decidida, listos para luchar en cualquier momento.

Uno de los tritones, el hermano de Elina se mantuvo al frente y habló con firmeza.

- ¡Sueltenla humanos! ¡Déjenla ir!

- Eso jamás sucio pescado. Ella ahora me pertenece - Se burló Tomás, el padre de Marco y con precisión apuntó su preciada pistola que nunca soltaba y terminó disparándole a Raphael, el hermano de la prisionera y también el futuro gobernante de los mares.

Al instante se desató una guerra entre los habitantes del mar y los del barco.

Las sirenas lanzaban burbujas de agua que al tocar a los pescadores los quemaban, mientras que los tritones se defendían con lanzas. Los pescadores no se quedaron atrás y les lanzaban bombas y incluso algunos bajaron en pequeños barcos y comenzaron una lucha con espadas y sus pistolas.



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En el texto hay: sirenas, amor, cazador

Editado: 29.11.2019

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