Cuarentena

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Día: 27

He estado llorando sin parar desde hace unas dos horas; Dustin regresó al gimnasio a buscarme pero Amy lo detuvo cuando vió cómo regresé de nuestra charla. Escuché cómo él le rogaba que lo dejara pasar, pero ella no lo permitió. En mí cabeza solo podía gritar "por favor, has que se vaya; no me dejes escuchar su voz de nuevo. No quiero sentirme vulnerable con sus palabras otra vez". 
Eso fue en la madrugada, ya es la mañana y me siento un poco mejor. No puedo creer lo que le dije... Lo único que debía hacer era no demostrar sentimiento alguno, e hice todo lo contrario. Ahora sabe que me gusta. Entierro mí rostro entre mis manos al recordar el instante en el que confesé todo lo que sentía a Dustin, todo por la rabia que me inundaba en ese momento. Debí contenerme, le he dado a reconocer que con sus actos tiene más poder sobre mí del que creía.
Amy ha estado intentando que comiera algo, incluso accedió a darme su almuerzo, pero me negué. Tiene miedo de que me enferme, ¿Quién lo diría? Amy Todd preocupándose por mí. No lo hubiera imaginado jamás.

Una de las finalistas del concurso de karaoke, al cual no asistí ya que fui drogada por mí hermano y mí crush, se encuentra en el centro del gimnasio   con una guitarra tocando y cantando canciones a pedido del público. Le insistí a Amy para acercarnos, lo cual fue sorprendentemente complicado, ella cree que es una situación muy cursi y cliché, pero la convencí diciéndole que eso me haría sentir mejor. 
De pronto una mano se levanta de entre los estudiantes, la cantante la señala y le pide que se acerque a ella. La mano alzada le pertenecía a una adolescente rubia, tal vez un año mayor que yo, bastante baja a comparación de mí altura; le susurra algo al oído, a lo que la otra asiente. La rubia vuelve a su lugar y se acurruca en los brazos de un integrante del equipo de básquet, compañero de mí hermano. Comienza a sonar la guitarra, y... esto no puede ser verdad. Está cantando Million Reasons. Desvío la vista al sentir una lágrima caer mientras recordaba cómo bailamos Dustin y yo aquella noche. Como si eso no fuera suficiente, inconscientemente comencé a buscarlo entre el público, esperando que él también estuviera sintiendo la misma sensación nostálgica que yo, pero no fue así, estaba riéndose con sus amigos. Dudo que siquiera haya notado que era nuestra canción la que estaba sonando. Fue decepcionante y doloroso verlo tan feliz; su actitud me dio a entender que nada de lo que dijo que sentía por mí era cierto. Amy me sujetó del brazo e insistió en que la mejor opción era alejarnos lo suficiente para ya no escucharla y sobretodo evitar verlo. Mientras caminábamos lejos de allí, me giré una última vez para mirarlo, estaba viéndome. A pesar de que no tenía un espejo frente a mí para ver la expresión que tenía en ese momento, dudo que haya sido muy diferente a la que él tenía cuando me observaba. Al parecer sí notó la canción que estaba sonando pero no quería verse vulnerable frente a sus amigos, o eso quiero creer, sería algo reconfortante.

Era casi medianoche y, aunque no he dormido desde ayer, no lograba dormirme aún. Revisé que todos estuvieran dormidos, aparentemente sí. 
Efectivamente, volveré a escaparme a la biblioteca, debo recuperar la confianza de mí lugar seguro. Caminé en puntillas hasta las escaleras, y a partir del primer descanso corrí sin parar a la biblioteca. Llevé conmigo la linterna que Amy había "tomado prestada", así que por primera vez no estaba completamente a oscuras allí dentro. ¡Ven ahora, Gillespie! Es increíble, cuando por fin tengo manera de ver su rostro y conocerlo, no aparece.
Estaba allí sentada desde hace unos veinte minutos, ya he armado dos parejas de mis libros; analicé seis teorías conspirativas sobre el fin del universo; consideré mí vida como zombie de The Walking Dead, y ya me quedé sin ideas. Estaba poniéndome en pié para irme cuando escuché un golpe en la entrada. Encendí la linterna y comencé a caminar en dirección a donde previamente había escuchado el ruido. Habían cosas caídas; del otro lado de las estanterías se escuchaban quejidos, me armé de valor, tomé un libro con intención de golpear al que se encontrara allí, causándole todo el dolor que me permite causar un libro de unas doscientas páginas. Mala idea, ya lo sé, pero era tarde para echarme atrás. Apagué la linterna cuando divisé la silueta del sujeto y comencé a gritar mientras lo golpeaba con el libro, a su vez el también gritaba y me rogaba que pare. Creí reconocer su voz entre los golpes y gritos, por lo cual encendí la linterna.
— ¿Dustin? ¡¿Qué haces aquí?! ¡No me asustes así!
— Si sabía que ibas a golpearme, no te hubiera seguido.
— ¿"Seguido"? ¿Por qué estás siguiéndome? — intentó ponerse de pie pero aparentemente se lastimó el tobillo porque se quejó y se dejó caer sentado en el suelo.
— Quería corroborar que estuvieras bien. Ya sabes... La canción... — agacho la cabeza con timidez por si yo no había sentido lo mismo.
— Sí, sé de qué hablas. También lo sentí. — Volvió a alzar la cabeza con los ojos achinados por el brillo de la luz, no me dí cuenta que estaba apuntándole justo a los ojos. — Oh, lo siento. 
— No te preocupes. — me dí la media vuelta para irme, pero me detuve, no soy un monstruo.
— Mmmm... — me rasco detrás de la cabeza — ¿Necesitas ayuda para levantarte?
— Me vendría bien, gracias. — extiendo mí mano para ayudarlo a ponerse en pié, la sujeta, pero en lugar de yo tirar de él, fue él quien tiró de mí provocando que cayera encima suyo. Nos quedamos unos segundos paralizados mirándonos a los ojos; Dustin estaba acercándose demasiado, ¡Intentaba besarme! 
— ¡¿Qué es lo que haces?! — lo empujo.
— L-lo siento, Jeany lo...
— ¿Lo hiciste sin pensar? Eso es lo que siempre dices. — Me pongo en pie. — Deberías ir con un médico al salir de aquí, parece que últimamente tu cerebro no participa de tus acciones. Lo cual es científicamente imposible. — lo dejé allí tirado en el suelo, probablemente con las palabras en la punta de la lengua.



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En el texto hay: amor, misterio, drama

Editado: 15.04.2019

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