Cuentos cortos para No dormir

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El Dedo

Autor: Desconocido

María era una jóven mujer, llena de riquezas, por esto mismo, era seguida por montones de hombres interesa-
dos, pero María escogió a un hombre que creía, la amaba por la mujer que era y no por sus pertenencias.

Rápidamente contrajeron matrimonio, cuando eso pasó, el hombre reveló sus verdaderas intenciones: gastaba dinero en cosas innecesarias, perdía miles de dólares en apuestas y malgastaba el dinero.

Una mañana, la mujer despertó, buscó y buscó, pero no encontró a su marido por ninguna parte de la mansión, y nunca se supo más del señor. La mujer cayó en una grave depresión, se amargó rápidamente, sus asistentes comenzaron a renunciar, y sólo una jóven se quedó con ella, Elizabeth, hasta que la mujer murió. Lo único que escribió en su testamen-
to fue lo siguiente:

"Dejo todas mis pertenencias a Elizabeth, absolutamente todas, sólo si cumple con una condición: deberá sepultarme con mi anillo de matrimonio" 
 


Elizabeth cumplió con el requisito y automáticamente se volvió rica, peor hubo un pequeño problema, todas las deudas que había dejado el marido de María, pasaron a ser preocupación de Elizabeth, para pagarlos, se le ocurrió una peligrosa idea: usar el anillo de matrimonio que yacía junto al cadáver de María. Una noche se dispuso a ir al cementerio donde se encontraba María, escavó durante unos minutos y de repente 'clock', era el ataud de madera, abrió la tapa y se encontró con el cuerpo desgastado y con una gran cantidad de gusanos, con cuidado tomó el anillo y lo jaló, pero estaba demasiado ajustado, volvió a tirar y nada, hasta que con un fuerte tirón el anillo se libró, pero llevó consigo el huesudo dedo, Elizabeth hizo caso omiso y simplemente sacó el anillo y tiró el dedo. Cuando decidió caminar, caminó hacia la salida, pero un sonido la seguía, eran pasos, Elizabeth azeleró el paso, pero en sonido también se aceleró, la mujer tocó la puerta de la casa más cercana y una mujer mayor abrió.

-¿Qué necesita?- preguntó la señora lentamente
-Ayuda!, me están siguiendo, llame por favor a la policía. 
-Pasa, adelante, preparaba té, ¿Quieres que te sirva?, también tengo pan. 
-No gracias, sólo quiero que le llame a la policia. 
-Ahora la llamo. Insisto, come un bolillo para el susto.
-Bueno, está bien.

La jóven se sentó en una mesa redonda y la señora sirvió una tasa de té, en este momento, Elizabeth se dió cuenta de que la señora, no tenía el dedo anular.

-¿Oiga, ¿Cómo perdió su dedo?- preguntó Elizabeth ya un poco más calmada. 
-No te puedo decir.
-Por favor... 

 

-¡¡¡PORQUE TÚ ME LO QUTASTE!!! 
 


 



Raúl Murguía

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En el texto hay: antologia, terror, suspeso

Editado: 23.07.2019

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