Cuentos para dormir

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Promesas a un ángel

Cantando en los pasillos del palacio, una mujer de belleza sobrenatural y poseedora de una voz angelical, pasea con el corazón en la mano y los sueños hechos pedazos.

Un guardia ha escuchado su mágico cantar, por lo que comienza a buscarla con desesperación.

En el centro del castillo, la tiene frente a él. Una punzada en el corazón le indica que un recuerdo doloroso sigue incrustado en su pecho.

Pero era tan buen hombre, lleno de amor y deseos puros ¿por qué le arrebataron todo sin piedad? ¿Por qué se encargaron de llenar de desgracia una vida que él con esfuerzo había intentado construir? Él sólo estaba peleando por sus sueños, él peleaba por amor.

Sus cristalinos ojos verdes se inundan de lágrimas al ver a la mujer frente a él.

"Yo te prometí que algún día viviríamos juntos. Tendríamos esa casa que siempre habías soñado; yo te trataría como la reina que eres ¿que más podría hacer? Si no estoy ni cerca de ser el príncipe que mereces" y es que era hijo de un humilde campesino que si bien, no tenían un palacio por hogar ni las mejores ropas, tampoco se podían dar lujos, pues apenas y tenían para vivir, sin embargo poseía la mas grande de las riquezas: un humilde corazón, dedicación y el deseo infinito de hacer el bien. Ésa fue la mejor herencia que el viejo campesino le dejó a su único hijo.
"Tú me respondiste que yo era al único que necesitabas, fuese o no un príncipe."

La mujer lo escucha con atención. 
Se lleva una mano al pecho y parece ser que una lágrima se resbala por su mejilla rosada. El cabello dorado y largo hasta sus caderas, se mueve con el viento que se cuela a través de las ventanas.

Ella recuerda todo perfectamente.

Ella lo sabe todo, pues desde su partida su única misión fue cuidarle desde donde sea que ella esté.

¡Que triste es la eternidad sin él!

"También te dije que te traería para que le cantaras a la reina una de tus hermosas canciones, y tu voz de ángel sería aplaudida por el pueblo entero. Yo quería cumplir todos tus sueños..."

La mujer sonríe con lágrimas en los ojos. Sus desplegadas alas, blancas y enormes como su amor, se dibujan en el aire.

Él fue su mejor y único sueño en vida.

"La vida se ha vuelto una batalla cada día. Te necesito a mi lado otra vez.
Por no haber cumplido mis promesas, ¡lo siento! " su disculpa se escapa de su garganta como un grito ahogado, y las lágrimas no cesan. 
Se cubre el rostro con ambas manos y es que a él nunca le gusto que lo vieran llorar. A pesar de que sus lágrimas siempre salían desde su corazón.

El ángel lo mira con compasión, con dolor... Ella se une al llanto de su amado.

Descansa su delicada mano sobre su hombro; él la mira con ternura.

"Aún me duele recordar el día que te arrebataron de mí lado. Por culpa de ese hermoso rostro fue que te llamaron bruja, gracias a tu hermosura te codició más de uno.
¿Quien lo diría? En el mundo no hay espacio para una mujer tan pura como tú, es por eso que te enviaron de vuelta al cielo".

El ángel llora.
De sus desconsolados ojos caen lágrimas con fuerza, intentando llevarse lejos el dolor.

"Prometí que te protegería de todo el que quisiera dañarte, pero ese día..."

El guardia rompe en llanto de la misma manera que lo hace todos los días desde hace seis años.

"Yo también hice una promesa."  susurra el ángel "Prometí que tu felicidad sería lo más importante. Hacerte feliz sería mi prioridad siempre, cada día, hasta el final de los tiempos. Pero a través de todos estos años, he sido yo la causante de todos tus males, de todo tu dolor, de la ausencia tan grande que tienes de felicidad".

El guardia la mira con sorpresa. Una promesa de la que nunca se enteró ha sido confesada por el amor de su vida, de su existencia.

Y cuanto se amaban, ojalá se pudiera saber, ojalá se pudiera describir.
Pero las cosas más maravillosas nunca pueden ser descritas, describir es limitar y su amor no poseía un final.

"Dudo mucho que ésto se llame vida. Soy un alma en pena sin nada por lo cual vivir, así que, por favor, a donde sea que vayas, llevame contigo ".

El ángel siente como su corazón da un vuelco de felicidad.
El guardia le sonríe y la mira, la mira como si estuviese viendo a quien enciende el sol todas las mañanas, a quien llena los mares con sus saladas lágrimas, a quien lo es todo, el centro de su mundo.

El ángel besa su frente y acto seguido, alzan el vuelo sus blancas alas, pero no va sola.

Y el cuerpo de un guardia yace sin vida en el castillo.



P. Mazzlo

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En el texto hay: angeles, homosexualidad, esquizofrenia

Editado: 14.06.2019

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