Cuentos para Dormir: La casa del cementerio

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Prólogo

3:00am, no he podido conciliar el sueño aun, la nueva casa aun se encuentra muy vacía, mi nuevo cuarto no tiene luz, el ático huele algo raro, y la casa en general huele a incienso. Me encuentro durmiendo en una cama con una sola cobija y una sola almohada muy incómoda, la casa es muy grande y de dos pisos además del ático; no había entrado a mi habitación sino muy entrada la noche, y realmente no la había examinado con detalle, a un lado mío se encontraba una muy aterradora e incómoda pintura de un rostro sin alma y muy vacio, con ojos negros que desnudaban el alma y una esbelta figura que la desgarraba, con un bosque oscuro, desolado y faltante de espíritu en el fondo. Mi perro se encuentra despierto, el tampoco ha podido conciliar el sueño, desde que llegamos a la nueva casa no ha dejado de correr de un lado a otro y ladrarle a cosas sin sentido como a un enorme árbol al que da la gran ventana de la sala, a la fría entrada del ático, a las puertas de las habitaciones, al armario de la habitación de mi hermano y al baño de la habitación de mis padres, en este momento se encuentra arrinconado en la esquina contraria a la de mi armario mientras le gruñe ha este. De repente siento un peso en los ojos, el sueño  se comienza a apoderar de mí y siento un aire frio proveniente de la cabecera de mi cama y me quedo dormida.

Me he despertado tarde son alrededor de las diez u once de la mañana, mis padres y mi hermano ya se han despertado, parece que llevan poco tiempo de haberse despertado, pues si fuera de otra manera se hubieran dirigido a mi habitación a despertarme, Hunter, mi perro, parece estar ladrando de nuevo al árbol, giro mi cabeza, me sobresalte, la pintura era en realidad una ventana.



Charlie Lachryme

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En el texto hay: fantasmas, cementerios, casa

Editado: 20.10.2019

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