Cuentos y sueños de la Luna llena

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Cuento uno: Los encerrados

Mis ojos estaban muy abiertos en aquel salón, parecía ser un auditorio con las sillas cubiertas de tela en diferentes niveles, la fila de las últimas sillas estaban altísimas. Lo único que diferenciaba ésto de un auditorio es que las puertas que estaban a los costados del escenario estaban abiertas, eran grandes y allí se encontraba la salida. Las paredes de color amarillo y el piso verde manchado.

Poca gente se encontraba en aquel lugar, parecía ser una reunión religiosa. Detrás de las ultimas sillas habían cuatro puertas, grandes, que llevaban a un patio llano y plano, con tierra marrón. Estaba vacío, era gigantesco y circular.

Las personas que se encontraban allí hablaban en voz baja y una señora se ofreció a hacer comida. En un abrir y cerrar de ojos, al darme vuelta ella se encontraba con varios hombres más cortando el cuerpo de un caballo de más de cuatro metros de largo y tres de ancho en el espacio que había entre la fila de las últimas sillas y las puertas que guiaban al patio.

El caballo sólo se encontraba sin cabeza, con pelos y sus patas. Había un hombre cargando la sangre que de ésta brotaba en cubetas amarillas y mis padres me dijeron que les ayudara. Yo observaba la escena desde el centro del lugar, me pareció repugnante pero no tenía de otra. Entonces fui a cargar la sangre.

Llegaron policías y nos multaron por haber matado un caballo ilegalmente. Un hombre se alteró y quiso salir corriendo hacia el patio para escapar, pero al llegar allí unos hombres le estaban esperando y le dispararon en todas partes del cuerpo.

Nos quedamos estupefactos, especialmente yo, que era la única adolescente del lugar. Nadie tenía dinero para pagar la multa, entonces nuestro castigo fue asqueroso.

Nos sacaron y obligaron que nos pusiéramos unos trajes amarillos, nos llevaron a un lugar en ruinas y obligaron que cargaramos las piedras, el sol nos maltrataban y no nos daban nada para tomar. Algunos niños se desmayaron, otros de los adultos sufrían ataques de pánico y si parábamos nos castigaban con latigazos, estuvimos toda la tarde haciendo eso.

Hasta que nos hicieron volver al auditorio y nos encerraron allí, con los cuerpos de los niños y con el caballo en estado de putrefacción.

Estuvimos dos días allí, no respirabamos nada más que aquel aroma de muerto y los vómitos que echaba la gente por la despreciable escena. No soporté más y me armé de valor para huir, había un agujero en el techo que no sabía que estaba ahí hasta ese momento. Comencé a escalar por unos tubos que colgaban en el infinito techo negro hasta que pude salir por el agujero del techo.

Respiré el aire puro después de tantos días que sentí como si el aire fuera azúcar a mis pulmones. No me importaba que no hubiera comido, o que aún llevara la sangre de caballo, sólo estaba respirando.

Había un trapo en el techó, el cual tomé para lanzarme hacia el suelo. Caí del otro lado, entre un muro y sábanas blancas, estaba tan sucia que éstas se mancharon inmediatamente. Me puse de pie y me di cuenta que había detenido una boda.

Por mi extraña llegada y por la ropa que llevaba se dieron cuenta que era fugitiva, por lo tanto se escucharon gritos y estruendos inmediatamente, me quedé perpleja y no hice movimiento alguno, entonces llegó la policía.

 

 

Nota de autora:

Éste sueño llevaba tiempo atormentándome
algo me decía que lo escribierapor eso lo elegí como el primero.

Me gustaría saber qué piensan ustedes y cómo interpretarían toda la situación.

Por favorvoten y comentencuento con su apoyo.

 



Andry L. Rodríguez

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En el texto hay: romance, cuentos de terror, ficciongeneral

Editado: 28.02.2019

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