Culpa a la adolescencia [#lgbt]

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Capitulo 1. ¿Novios?

 

Observe unos segundos a aquel chico, me miraba de reojo cada minuto que pasaba. Al principio creí que estaba molestó por el ruido que llevo haciendo hace rato con él sorbete, pero no me dice nada. Incluso, los otros empleados me han sacado a patadas —no literalmente —en algunas ocasiones, siempre con la excusa de que de seguro estoy cansado de estar de pie, o que hace menos sol del otro lado de la calle, con tal que me marche.

—¿Podrías decirme que me vaya de una vez y dejar de mirarme así? —le pregunté y entre la punta del sorbete en el vaso.

—Si te estoy mirando es porque quiero ver el momento en que dejes de hacer ese maldito ruido con él vaso, sin tener que llamarte la atención.

—¿Y por qué no lo haces? —sonreí —¿No te permiten hablarles mal a los clientes?

—Si me dejaran hacerlo, no estarías aquí...

—Pues anda, di lo que tengas que decir que no me importa, de igual forma no se lo diré a tu jefe.  

Seque mis manos lentamente con una servilleta y la arroje al zafacón que estaba del otro lado del carrito. En eso note cuando el chico giro su cabeza y me miró fijamente, soltó un paño húmedo que tenía en las manos sobre una pequeña mesa y se acercó más a donde yo estaba, luego se detuvo frente al mostrador mirándome.

—¿Ya acabaste? —pregunto, señalando mi vaso.

—Si —respondí.

Sujete el vaso antes que el en cuanto vi que iba a tomarlo, de seguro para arrojarlo, pero fui más rápido y lo jale más hacia mí. El quedo ligeramente inclinado hacia afuera, con el codo pegado a el mostrador, y su mano rozando los dedos de la mía, que aun sujetaba el vaso. Él iba a soltarlo, retroceder y actuar como que no intento hacer nada, pero yo estaba molesto y por su mirada, él también lo estaba, así que hicimos un poco de presión jalando el vaso hacia nosotros, y si tan solo uno lo hubiera tenido en mano no se hubiera roto, haciendo que todo el líquido se derramará y quedara empapado todo el mostrador. Yo solté el vaso rápidamente y me alejé unos pasos para no ensuciarme.

—Increíble. Muchas gracias...—susurro el, tomando el vaso roto y dándose la vuelta.

—Oye, lo siento, pero era mi jugo. No tenías que tomarlo.

El regreso con el paño que tenía anteriormente y comenzó a secar todo de mala gana.

—¿De verdad no hablaras con mi jefe? —pregunto —Porque si es así, te digo que te largues y dejes de molestar.

Podía irme. De todos modos, ya no estaba haciendo nada aquí, había comido algo y estaba lleno, y si salí en principio para acá fue para eso, y porque estaba aburrido de estar en casa.

—Bien, me voy.

El resoplo.

—Por fin.

Puse los ojos en blanco y me giré hacia la calle. El semáforo estaba en rojo, así que la crucé con tranquilidad, cuando llegué al otro lado, entre en mi auto y conduje en silencio.

Cuando llegué a casa y subí para ir a mi habitación, vi a una chica en el pasillo. Estaba parada afuera de la habitación de mi hermana, y extrañamente no la conocía, pero creí que tal vez era una nueva amiga, solo que no entraba, se quedaba ahí.

Ella giró su cabeza hacia mí y me mostró una sonrisa.

—Hola.

—Hola —la salude.

Está era la parte que la dejaba con lo que sea que estaba haciendo y entraba a mi habitación, pero no sentí que quería hacer eso. Tenía más que curiosidad por saber qué hacía.

—¿Quieres que la llame? —le pregunté, caminando en dirección a ella, quien seguía mirando la puerta.

—Inténtalo, ya lo hice, pero no me quiere abrir.

Asentí lentamente y me acerqué para tocar.

—¡Arlet! —la llame —Te buscan aquí afuera.

Pasaron varios segundos y ella no me respondió. Así que volví a insistirle, e insistirle hasta que por fin hablo:

—¡Vete!

—No me puedes echar del pasillo. Además, tienes una amiga buscándote.

—¡No sé de qué me hablas! Lárgate.

Fruncí el ceño y miré de reojo a la chica. Ella no...ella ya no estaba. ¿A dónde se había ido? Miré hacia atrás rápidamente la busqué con la mirada, pero no la vi.

—¿Hola?

Más tarde escuché la puerta cerrase, lo cual fue un verdadero alivio saber que si había alguien aquí. Luego hasta me dio curiosidad saber cómo había entrado a la casa si Arlet estaba en su habitación, y no sabía nada, sin embargo, ella decía que no le quería abrir la puerta.

Estaba tan cansado que al segundo dejo de importante y entre a mi habitación.

No tenía nada que hacer, estaba más qué aburrido. Así que encendí un cigarrillo y me acosté en la cama revisando mi teléfono, comencé a responder mensajes viejos. Ya ni me acordaba de que estábamos hablando o tan siquiera de donde nos conocíamos, sino hubiera sido por el sobre nombre que les tenía y su foto, ni me hubiera acordado.



Madelyn García Calderón

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En el texto hay: adolescencia, gay, discriminacion

Editado: 13.12.2019

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