Culpa a la adolescencia [#lgbt]

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Capitulo 3. Algo normal.

—¿Porqué estaría molesto? —respondió papá una vez entramos a casa, luego me miró de arriba a abajo —Te buscaste un problema en el colegio, como todo adolescente.

Creí que lo usaría para discutir.

—Pero, no fue...—iba a decirle que no era para tanto, pero ni siquiera quise terminar la frase, cuando lo escuché decirme:

—Por lo menos, eso es algo normal.

Entonces lo entendí.

Verdaderamente pensé qué se pondría molestó, pero en realidad no le importó en absoluto. Lo que hizo fue hablarme durante todo el camino como si fuera de esos adolescentes problemáticos, para sentirme normal con algo, y eso además de incomodarme, porque sabía que lo hacía para recordarme qué era gay y que para él era una anormalidad grande, me sentí ofendido, porque ni siquiera había echo algo tan grave para tacharlo como "problema" y hacer una celebración. No quise dejarlo pensar un minuto más eso, y le expliqué:

—Pero yo no hice nada, más que ayudar a un compañero.

—Un compañero...—murmuró, deteniéndose en medio de la sala. —Ah, ese compañero es...

Yo lo detuve, antes de que comenzara a especular cosas sobre él.

—Es solo eso, un compañero —le dije, señalándolo con mi dedo. —Ni siquiera recuerdo su nombre.

En realidad es que era un poco extraño y se me hacía difícil pronunciarlo.

—Bueno, es qué tengo qué preguntar.

Suspiré profundamente.

Iba a subir las escaleras, cuando noté que él también lo iba a hacer, entonces fue un momento incomodo, porqué ambos estábamos parados con un pie en ella y mirándonos. Aunque solo fue por unos segundos, porque él subió, sentí como si hubiéramos estado sido por horas, en las que me decía lo mucho qué le molestaba muchas cosas en cuanto a mi.

(...)

Después de comer, subí nuevamente a mi habitación, en la cual me había pasado la mañana entera. No me expulsaban todos los días, así que no sabía que hacer y menos en horas de la mañana, más qué quedarme en casa. Papá salió nuevamente al hospital, pero antes me dijo que no teníamos porque decirle a mamá nada de la expulsión, porque solo era por hoy, y me haría preguntas, cuestionándome.

Me pareció muy extraño escucharlo decir eso, cuando él era él primero que lo hacía, y se la pasaba todo el tiempo gritándome por la mínima cosa, pero luego recordé su punto de vista respecto al asunto, y qué le parecía bien que me comportara como un "rebelde". Básicamente mamá sólo estropearía eso, y haría que me comportara como una "niña obediente", según lo que entendí de su discurso. Por más que intente explicarle que lo que hice no fue tan grave, el no me dejó hablar, y solo se enfocó en que me había metido en un problema. También mencionó que no debía preocuparme, porque a ella le diría que llamaron del colegio, porque me sentía mal del estómago.

Nunca me había mostrado apoyo con algo o era mi cómplice, guardando un secreto, si es que se le podía llamar así.

Es decir, nosotros nunca nos habíamos llevado bien, pero tampoco tan mal, como últimamente; siempre ha sido un padre estricto, desde mi infancia y no habíamos tenido una relación muy fraternal, entonces habló enserio cuando digo que nunca lo había hecho. Y quise sentirme feliz o emocionado, pero realmente no tenía porqué. Lo hizo pensando en que soy gay, y qué como parte de la adolescencia, por lo menos, lo que hice fue: "algo normal".

Arlet no tardó en llegar a casa, de hecho, fueron minutos después de que saliera papá. Todos teníamos llaves, pero yo me adelante, y le abrí la puerta con una sonrisa.

Quería tener una conversación con ella, y no podía esperar a que se encerrara en su habitación.

—¿Y tú qué haces aquí? ¿Desde cuando caminas tan rápido? —preguntó riendo, mientras avanzaba a la sala.

—Salí temprano —le dije mirándola fijamente. Ella asintió y dejó la mochila sobre la mesa, luego camino hacia la cocina para abrir él refrigerador.

—¿Quieres algo de tomar?

—No, gracias.

Yo miré hacía atrás rápidamente, buscando a la persona que dijo eso. La voz la reconocía, pero no sabía que estaba con nosotros, y menos que había venido con ella. El cerró la puerta y avanzó hacía la cocina, cruzándome por el lado. Ni siquiera me miró, o me saludó, cosa que es típica en él, sino que hizo como que yo no estaba. Lo confirme segundos después, cuando él solo se posicionó detrás de Arlet, y comenzó a besarle el cuello lentamente, mientras le acariciaba la cintura con sus dedos.

—Lo que quiero es no separarme de ti —le susurró con su voz seductora.

Ella se volteó rápidamente y creí que le diría algo, pero solo comenzaron a besarse.



Madelyn García Calderón

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En el texto hay: adolescencia, gay, discriminacion

Editado: 13.12.2019

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