Culpa a la adolescencia [#lgbt]

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Capítulo 7. Tu eres mi mejor amigo.

Baje a desayunar temprano y con una gran sonrisa, que hasta mamá se sorprendió por no tener que subir a levantarme. Amanecí de buen un humor y presentía que sería un gran día. Arlet bajó unos minutos después y apurada, entrando todo en la mochila y apenas dándole un mordisco a lo que había preparado mamá: panqueques. Dejó todo el plato igual así que aproveche, y me comí los de ella también.

Papá por primera vez y después de tanto tiempo, me dio los buenos días. Y se despidió de mi antes de irse.

Cuando llegue a la escuela, tome un examen a primera hora y lo llene en cinco minutos. Era de química, y no habia estudiado, es más ni siquiera sabía que habría un examen, pero como sabía mucho de eso, no hubo problemas. Creo que fue más el tiempo que dure escribiendo las respuestas, y pasarlas a la hoja, del que me tomo saberlas.

Todos me miraron cansados por mi inteligencia, y tuve que salir del salón y sentarme afuera a esperar que los demás terminen. El profesor imagino que le soplaria la respuesta a alguien mas, talvez a un compañero o amigo, y no se equivocaba, así que fue lo mejor.

Como todavía faltaba más de media hora para que acabara la clase, comencé a caminar por cada pasillo y rincón del colegio.

Más tarde cuando me canse de caminar fui a la biblioteca, y me senté en una de las sillas para releer mi cuento favorito. También aproveche para ver algunas palabras nuevas del diccionario. Al salir al patio, me entretuve un rato viendo a los niños de preescolar en educación física. Ya que estaba afuera, me detuve unos segundos en la cafetería y hasta compre un jugo, para masticar el sorbete luego y hacer ese ruido que a todos les parecía molesto con los dientes. Mientras lo hacía, me paseaba por la cancha viendo algunos chicos jugar al baloncesto. Los reconocí porque eran del último año. Tenían un partido como parte de la clase. Algunos se habian quitado el tshirt y usaban franelas, el punto es que se veían fuertes y atractivos.

Luego, fui al baño unos minutos e hice pis. Salí dejando el sorbete en la basura y me acomode el uniforme, para que no se viera arrugado. Sin darme cuenta ya había vuelto al pasillo donde estaba mi curso, y justo a tiempo para sentarme donde el profesor me había dejado y dicho que me quedara quieto. Porque, al toque de sentarme abrió la puerta y me miró de arriba a abajo.

—¿Ya acabaron el examen? —dije inocentemente mientras daba un largo bostezo. Como si de tanto esperar me hubiera dado sueño.

—Si, entra.

Las demás horas de clases fueron gratamentes productivas y preste atención como nunca antes. Todo mi buen ánimo se debía a Rocío, y a que gracias a ella, por fin iba a estar tranquilo. Tenía pensado hablar con Paul en el recreo y contarle todo, pero desgraciadamente no había asistido. Me preocupe, y cuando le pregunté a los chicos mediante una nota, dijeron que estaba enfermo. 

Me sorprendió eso, pues Paul no era de enfermarse y el viernes cuando hablamos él había estado más que bien. Si le hubiera pasado algo, me hubiera escrito o llamado en el fin de semana. Pero no lo hizo, entonces eso lo hacia más raro.

En el recreo me la pase con los chicos hablando. Nos sentamos en las gradas de la cancha. Ellos me decían que habían decidido reunirse saliendo del colegio para estudiar para los demás exámenes que venían, pues ya estábamos a finales de noviembre y los profesores estaban poniendo la calificaciones. Yo estaba más que listo para todo eso, y por eso no me invitaron, porque dijeron qué no me hacía falta.

Tenían razón, porque podía repasar solo, pero quería ayudarlos a estudiar.

Pero, cuando ofrecí darles tutoría, se negaron y me recodaron la poca paciencia que tenía para enseñar.

—Bien —les dije mirándolos confundido. —De todas formas, está misma tarde estaba ocupado.

Tenía que verme con Roció y con su novio saliendo del colegio. Ella ya le había comentado algo por teléfono, y le parecía bien todo eso, solo que quería conocerme y hablar conmigo sobre algunas cosas.

Es decir, si. Iba a conocer el novio de mi futura novia. Pero era necesario para que no haya problemas.

Los chicos me miraban asombrados, talvez pensando aún en lo que dije. Yo trate de ignorarlos, pero fue imposible con aquellas miradas sobre mi. Por más que intentaba mirar a otro lado, sentía el peso y la atención. Más tarde, los dos dijeron algo en voz baja. No pude escuchar que fue exactamente, solo puedo decir qué tras decirse lo que sea que se hayan dicho, comenzaron a reírse a carcajadas.

Era una risa fuerte, y parecían dos auténticos vilanos.

—¿Qué les pasa?

Segundos más tarde, se miraron y aquellas carcajadas pasaron de dar miedo, a ser ridículas: volvieron la risa más alta y chillona, parecían dos delfines riéndose. No se sabía cual de los se veía más retrasado.

Ian tenia la cara roja y los ojos ligeramente cerrados, con pequeñas lágrimas. Negaba con la cabeza, como si no pudiera creer algo o le pareciera muy tonto, y le golpeaba el hombro a nuestro amigo una y otra vez.



Madelyn García Calderón

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En el texto hay: adolescencia, gay, discriminacion

Editado: 13.12.2019

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